26 de marzo de 2016

El Instante de la máxima oscuridad, por: PABLO BRITO-ALTAMIRA. Reporte Católico Laico / pararescatarelporvenir.blogspot.com 26 de marzo de 2016

El Instante de la máxima oscuridad

El Instante de la máxima oscuridad
     
RCL les invita a leer a Pablo Brito Altamira.- La verdad que mucha gente nunca comprenderá hasta que sea demasiado
tarde es que mientras más trates de evitar el sufrimiento, más sufrirás.
                        -Thomas Merton
 1.-
Amigos y seguidores están reunidos esperando la noticia. Todos sospechan lo peor pero nadie se atreve a confesarlo. Uno de los más cercanos ha negado públicamente su relación con el Maestro. Los que antes lo acompañaban de pueblo en pueblo para escuchar sus enseñanzas y presenciar sus milagros ahora se esconden y son presa del miedo y de la confusión ¿Qué queda de todo aquello? ¿Qué pasó con la promesa del Reino? ¿Qué será del rebaño sin su Pastor? ¿Cómo descifrar el acontecimiento terrible? ¿Pudo más el poder terreno que la fe? ¿Si Dios es todopoderoso, por qué permitió que le hicieran esto a su Hijo?
Lo llevaban a la cruz y no hicimos nada, piensan con remordimiento y vergüenza.
Mataron a quien menos lo merecía, a quien sólo daba amor y hablaba de amor.
Pero ¿Podían ellos hacer algo contra el poder de Roma y del Sanedrín?
Y ahora ¿Correrán con la misma suerte que Él? ¿Tiene sentido seguir sus enseñanzas? Y, pensándolo bien… ¿No tendrían razón los fariseos? ¿Era un profeta o un iluso? ¿Vencerá alguna vez el Bien sobre el Mal?
Son demasiadas preguntas y los ánimos están maltrechos y moribundos; todos han muerto un poco con Jesús.
Y sólo se tienen unos a otros para consolarse y para esperar. ¿Esperar qué?
Este es el drama de la fe en el momento de la máxima oscuridad. Es una realidad y a una vivencia de la que nadie escapa en algún momento de su vida, cuando se enfrenta con la fatalidad, el dolor y la muerte. ¿Hay esperanza?
2.-
Pasamos casi siempre por alto el recuerdo del momento en que la angustia cesa y la calma se recupera. El dolor del parto se olvida y queda en la memoria el primer llanto del recién nacido. Cuando volvemos a experimentar el sufrimiento, parece que fuera la primera vez y parece que no terminará nunca, que es ‘el fin del mundo’.
La Fe es esa capacidad que recibimos como don y que necesitamos ejercitar cada día para mantenernos alerta, velando para no perdernos el milagro del amanecer después de cada noche oscura.

Y el miedo es el gran enemigo a vencer. El miedo nos paraliza o nos impulsa a refugiarnos en la desconfianza, el cinismo y la misantropía, creyendo que apartarnos del problema es la manera de resolverlo. El miedo nos lleva a no pensar en otra cosa que en huir y ciega nuestra mente, como le pasó a Saulo en el camino a Damasco, haciéndonos olvidar que no tiene sentido ‘dar coces contra el aguijón’ para intentar escapar de algo que está dentro de nosotros.
Porque es allí donde el miedo reside y donde se halla también – detrás de la piedra que cierra el sepulcro- la Verdad de que no hay que ‘buscar entre los muertos al que está vivo’ (Lucas 24), de que nunca hubo nada que temer cuando creemos –sabemos- que en nosotros vive la Esperanza que nunca cesa, el Amor que hace latir nuestros corazones, incluso a pesar de nosotros mismos.
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Pablo Brito-Altamira
@Hermeticum
     
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