15 de mayo de 2015

"EL DERECHO DE RESISTENCIA A LA OPRESIÓN" por Alfredo Coronil Hartmann, paraescatrelporvenirblogspot.com 15 de mayo de 2015

En el día de ayer, el GRUPO DE LOS 20, celebró en los espacios del diario El Nacional, un foro o conversatorio sobre "¿ Que está haciendo la sociedad civil ?". Allí, Enrique Aristigueta Gramcko, Werner Corrales, Jorge Pabón, Froilán Barrios, Perkins Rocha, Antonio Sánchez García y yo, miembros todos del Gurpo de los 20, presentados y moderados por el Dr. Gustavo Briceño Vivas, coordinador del mismo. Bajo la muy sentida ausencia de un miembro muy apreciado de ese grupo, mi amigo de infancia Miguel Henrique Otero, Director-Editor del dairio que fundara su abuelo, Don Henrique Otero Vizcarrondo y que dirigiera desde sus comienzos en 1943 el gran amigo y notable periodista Miguel Otero Silva.
Se me había adjudicado el tema de "La desobediencia civil como mecanismo no tradicional de defensa constitucional" como tengo el buen o mal hábito de hacer, en los días anteriores leí y releí varios textos sobre el tema, apegado al tiempo previsto de exposición regresé a mi "nido de águila" ahíto de conceptos y opiniones, es así que quienes me escucharon en el foro, encontraran aquí algo mas de lo allí dicho. Salud


ALFREDO CORONIL HARTMANN

Itaca 15 de mayo de 2015.







EL GRUPO DE LOS 20.
LA DESOBEDIENCIA CIVIL COMO MECANISMO NO TRADICIONAL DE DEFENSA CONSTITUCIONAL.

Alfredo Coronil Hartmann, Ph.D.

El “Grupo de los 20”, al organizar este encuentro, en los propicios espacios del diario El Nacional, me ha encomendado abordar brevemente el tema de lo que en doctrina jurídica se conoce como “resistencia a la opresión”, en este breve pie para el debate, debo comenzar diciendo que, es posiblemente el más tradicional, aunque poco frecuente, mecanismo de defensa constitucional.

“Estas no son de hoy, ni de ayer, sino de siempre
Fueron y son
Y de su aparecer primero
Nadie sabe
Y yo con transgredirlas
Por temor de algún hombre, no debía
entristecer a los dioses”

Son palabras de Sófocles, en boca de su inmortal Antígona, cuatrocientos años antes de Cristo, versos admirables sobre la opresión y la resistencia.
La prosapia milenaria y la belleza estética, no son derecho positivo, dirán los abogados fundidos a la pirámide de Hans Kelsen, los estudiosos del derecho somos, por razones prácticas, mayoritariamente ius-positivistas, la defensa de la seguridad jurídica nos obliga a ello. No obstante todos, abogados o no, escuchamos como un eco creciente las palabras de Antígona, cada vez que la opresión levanta sus cabezas de hidra y se cierran al pueblo los caminos formales y pacíficos de resistirse a ella. Es la fuerza intangible y paradójicamente avasallante del Derecho Natural, el “derecho de la justa razón” como lo definiera inmejorablemente Marco Tulio Cicerón.

No obstante, en el derecho positivo, los antecedentes tienen prosapia y pátina histórica, los barones ingleses, en la “Carta Magna” de 1215, arrancada a Juan “sin tierra”, lo expresan con inequívoca claridad: Hay leyes del Estado, derechos que pertenecen a la comunidad. El Rey debe respetarlas, si las viola, la lealtad cesa de ser un deber y los súbditos tienen el derecho a insubordinarse”. En La Bula Aurea” de Andrés II de Hungria en 1222, “El Privilegio de los Aragoneses” de Alfonso III en 1287, en ”Las VII Las Partidas” de Alfonso X de Castilla “el sabio” (1252-1284), en la “Declaración de Independencia de los Estados Unidos” de 1776, y en la “Declaración de los Derechos del Hombre” de la Revolución Francesa de 1789. Por ejemplo.

En realidad, en la Europa posterior a la desintegración del Imperio Romano, dos corrientes de pensamiento jurídico se enfrentan y entrelazan, la tradición imperial romana absolutista del bajo imperio, marca la dirección centralista y el culto al poder absoluto, aún más divinizado, de los “Césares”, que marcó la pauta para los titulares del Sacro Imperio Romano Germánico quienes, pese al redundante título que ostentaban, fracasaron en sus propósitos, neutralizados por el carácter electivo de sus emperadores y hondas raíces culturales germanas y sajonas y la Francia capética “La hija primogénita de la Iglesia”, que con enorme paciencia e innata sabiduría llegó a construir el absolutismo más sólido de Europa.

En efecto, para “los barbaros” en este caso los normandos, celtas y sajones. El poder siempre está sometido, en algunas materias o instancias, a la aprobación de los vasallos. En cambio, para la culta Francia, país de legistas, donde algunos monarcas, como Felipe IV “el hermoso” y su ilustre abuelo Luis IX “San Luis” fueron ellos mismos, hondos conocedores del derecho, la marcada y sostenida tendencia es a la centralización total y el absolutismo monárquico, ello se patentiza al extremo, cuando un hombre, de olímpico desprecio por el boato y las formas, que se vestía con una sencillez irritante y se rodeaba de gentes del común, como Luis XI, es –precisamente- el primer monarca que adopta el título de “Majestad”, hasta entonces reservado a los titulares del Sacro Imperio Romano Germánico, en lugar del tratamiento de “Alteza”, que utilizaron sus ancestros y los demás reyes de Europa y no contento con ello declara: “El Rey de Francia no reconoce superior sobre la tierra”.
No obstante ser un convicto y confeso francófilo, debo admitir que en esta materia simpatizo con los “barbari”.

La Constitución de Venezuela de 1961 en su artículo 250 lo consagra y el actual Estatuto Político lo reitera en el artículo 333 y lo amplía en el 350.
De tal manera que, tanto en la fuente inmutable del Derecho Natural, como en la transitoria del Derecho Positivo, el derecho de Resistencia a la Opresión tiene en nuestro país legalidad plena, indiscutible y justa. Desde luego siempre en el entendido que las vías ordinarias no sean practicables. Si hay libre juego democrático, separación de poderes, respeto a los derechos humanos, libertad de expresión plena, respeto a la propiedad privada, derecho a la salud, a la alimentación, a la educación, pluralidad, justicia confiable, seguridad jurídica y personal e inclusión, no hay opresión.

De allí que algunos déspotas inteligentes, traten de no dar pié al recurso de “resistencia a la opresión” que en el fondo no es otra cosa que la lucha por la justicia. Hasta nuestro dictador emblemático, el General Juan Vicente Gómez, quien no fue un hombre de grande frases, sino de expresiones cazurras y sabias lo sintetizó en su lacónico lenguaje: “Gobierno no busca pleito”.

Qué duda cabe, para cualquier régimen no cabalmente democrático y aún más para una dictadura, el mejor negocio es una sociedad civil alejada de las preocupaciones por los problemas colectivos, volcada a sus trabajos o a la administración de sus haberes, “hombres de trabajo” mientras menos se les irritara mejor.
 Pasada la transición incruenta de Carlos Delgado Chalbaud, la “dictablanda” como la llamaron algunos, las contenidas aguas de la tiranía se propagaron. El muy desmejorado “alumno” del Benemérito, que fue Marcos Pérez Jiménez, enfrentado a una colectividad más moderna, por algo habían pasado por las aguas lustrales del trienio democrático 1945-1948, encarceló y torturo mujeres y persiguió a los familiares de los resistentes, hechos impensables en los “27 años de paz” –del hombre de La Mulera- Marcos Evangelista violó flagrantemente el decálogo gomecista, practicó torpemente el fraude electoral y mantuvo una conducta personal nimbada por el escándalo de las orgias sexuales con vistosas artistas importadas, por sus ministros de alcoba, sus motonetas y extravíos, la Base Naval de La Orchila fue escenario de su exhibicionismo, ya la ostentación y el nuevo riquísmo impregnaron el estilo venezolano de despotismo. No obstante, al menos en público, en programas televisivos en apariciones oficiales, se respetaron las formas, la magistratura, la República. Nos avergonzábamos puertas adentro.

Fue necesario que a los 15 ó 20 años de decadencia de la democracia civil, respondiera con apabullante superficialidad, esta sociedad inmadura y escandalosamente frívola como es la nuestra, eligiendo ampliamente como presidente a un personaje deplorable, inconmensurablemente ignorante, primitivo hasta la rusticidad, a un grado que pocas veces he visto en lo peones de mi tierra llanera.

¡Mentira! mil veces falso, que lo eligió una pobresía abandonada y sufrida, ignorada por los 40 años de la democracia civil, todos los estratos socio-económicos contribuyeron a ello. Recuerdo como encontrándome en el bar “El Pingüino” en la señorial (es lo único señorial que allí queda) sede del Caracas Country Club, con un grupo de amigos, entre ellos, que yo recuerde Valentina Azpurua de García Vallenilla, Carlos Morales Paul y Federico Uslar Braun, se nos acercaron un par de “burritos de oro” a felicitar a Federico, por el triunfo de Chávez que, según ellos, era la reivindicación de Isaías Medina Angarita (¿?) desde luego, mi muy querido Federico, ajeno por completo a las sutilezas, los despachó con cajas destempladas y nos quedamos hablando del analfabetismo de nuestras “altas clases”. Pues sí, desde esas altas clases, una gran porción de la clase media profesional y desde luego elementos de las denominadas clases populares se sumaron en un lamentable “voto castigo” contra las ya desvencijadas estructuras partidistas, capitaneadas por lo más mediocre de las dirigencias, otrora esclarecidas, de los partidos políticos.

Lo que hemos vivido, a partir de entonces, no tiene parangón histórico, ni en Venezuela ni en el mundo, Ecuador, es cierto, tuvo un Abdala Bucaram –lo liquidó rápido- y Bolivia su Mariano Melgarejo –pero al menos era valiente- hoy padece al medio-Evo grotesco y sedicente novelista-historiador que afirmara que los bolivianos “derrotaron a las legiones romanas” ¿cuántos centuriones y soldados perderían los conquistadores del mundo, en el aún no descubierto altiplano? ¿Quién sería el derrotado general: Pompeyo “El Grande”, Agripa, Julio César o Trajano? En todo caso es un digno alumno de Chávez y del incunable Maduro.

El actual régimen, la revolución bonita, ha removido uno tras otro los supuestos que inhiben el derecho de resistencia a la opresión: la libertad de expresión, de reunión, de culto, de protesta pacífica, las elecciones libres, universales y secretas (contra las cuales aplica un permanentemente renovado arsenal de fraudes), la propiedad privada de los medios de producción y comercialización, el derecho a la vida, a la salud, a una educación para la vida y para la hombría de bien, sustituida por una caricatura para-militar, el irrespeto reiterado a los símbolos patrios, la profanación de los restos de El Libertador, la falsificación reiterada y continuada de la Historia Nacional y Universal –ayer me encontré en plena Avenida Libertador, un retrato exaltando a José Stalin, repudiado hasta por el Partido Comunista Soviético- en pocas palabras a destruido el alma del país, sus valores, sus logros históricos.

¿Es posible la resistencia a la opresión en la Venezuela de hoy? Tristemente no lo sé, de lo que si estoy seguro, es que no serán los próceres de la MUD quienes propugnen su activación, son, en el mejor de los casos, unos bueyes cansados, el peso les queda, dentro de una espantosa desigualdad de medios, a los limpios hombros de la juventud venezolana, que Dios nos de vida y fuerza para ayudarlos.

paraescatrelporvenir.blogspot.com




1 comentario:

  1. Dr. Coronil, por favor no descalifique a la MUD. Es lo único que tenemos para tratar de ganar las próximas elecciones, y yo creo que usted desea que derrotemos a la dictadura. Ninguna expresión que estimule la abstención favorece los objetivos de la democracia y los demócratas, incluido usted.

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