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24 de febrero de 2015

"MARES DE INFELICIDAD" por Enrique Krauze, El Nacional 24 de febrero de 2015




Mares de infelicidad

La lógica de Hugo Chávez obedecía a una combinación de poder y delirio: quería ser el heredero histórico de Castro. Y quería demostrarle al mundo que el socialismo cubano, el original, el fidelista, sí podía funcionar



EDUARDO ESTRADA
Nunca dejará de sorprender el daño que el poder absoluto, concentrado en una persona, puede causar en la vida de los pueblos. Pero aún más misteriosa es la incapacidad de muchos pueblos para ver de frente el fenómeno, comprenderlo y evitarlo. Es el triste caso de un sector del pueblo venezolano, ciego al desmantelamiento de su propio país perpetrado por Hugo Chávez y su Gobierno en beneficio del régimen dictatorial más longevo del mundo actual: el de los hermanos Castro.
En su trato con Venezuela, la lógica de Fidel siempre fue económica y geopolítica. El petróleo venezolano estuvo en su mira desde el triunfo de la Revolución. El 24 de enero de 1959, en un ríspido encuentro en Caracas, Rómulo Betancourt se negó a regalárselo. Como respuesta, a mediados de los sesenta Venezuela recibió las primeras incursiones guerrilleras de América Latina: planeadas, instrumentadas y vigiladas personalmente por Castro. Tras el fracaso de esas expediciones, Castro tardó en rehacer sus relaciones diplomáticas con Venezuela. Y de pronto —tras el derrumbe de la URSS— la providencia le otorgó un anacrónico y fervoroso admirador: Hugo Chávez.
Durante su estancia en Cuba, Chávez quedó seducido por Castro: “Las generaciones se han acostumbrado a que Fidel lo hace todo —dijo en una entrevista—. Sin Fidel no pareciera que hubiese rumbo. Es como el todo”. Chávez también querría ser “como el todo”. Y para demostrarlo, cuando llegó al poder hizo realidad el sueño de Fidel: le regaló el petróleo venezolano, y mucho más.
La lógica de Chávez obedecía a una combinación de poder y delirio: quería ser el heredero histórico de Castro. A cualquier coste. Y quería demostrarle al mundo (aun al propio Fidel) que el socialismo cubano, el original, el fidelista, sí podía funcionar. “Fidel es para mí un padre, un compañero, un maestro de la estrategia perfecta”, declaró Chávez. Pero necesitaba más, necesitaba que Castro lo ungiera como sucesor. Quizá iba en camino de serlo, pero se le atravesó la muerte.
En términos simbólicos, el pacto se selló en una conferencia en la Universidad de La Habana en 1999 cuando Hugo Chávez fustigó a quienes venían “a pedirle a Cuba el camino de la falsa democracia” y profetizó: “Venezuela va hacia el mismo mar hacia donde va el pueblo cubano, mar de felicidad, de verdadera justicia social, de paz”. Quince años después, puede afirmarse que la emulación ha sido exitosa: Venezuela se parece cada vez más a Cuba.

El Gobierno insiste en que se trata de una “guerra económica de la derecha”
Emular a Cuba políticamente fue una decisión imperdonable, que Chávez instrumentó cuidadosamente. Para apartar a Venezuela de la “falsa democracia” supeditó, de manera personal y patrimonial, a todos los poderes formales: legislativo, judicial, fiscal, electoral. Paralelamente, confiscó buena parte de la televisión, la radio y la prensa. El Gobierno de Maduro siguió la pauta con mayor crudeza: confiscó el resto de la televisión, bloqueó la venta de papel a los pocos diarios independientes que quedaban, reprimió manifestaciones de oposición, acosó y apresó a líderes y mató estudiantes. Hace unas semanas, habilitó al Ejército a disparar contra manifestantes. Y en estos días, en un acto abiertamente dictatorial, ha arrestado al valeroso alcalde de Caracas, Antonio Ledezma.
La emulación social de Cuba partió de un consejo de Fidel a su obediente pupilo: a partir de 2003 Chávez instituyó las misiones de atención médica, educativa, alimentación, vivienda, que por un tiempo, con personal cubano, aportaron una mejora social en la vida de muchos venezolanos. Para Cuba el acuerdo fue casi milagroso: anualmente Venezuela le ha aportado el doble que la URSS en tiempos de la Guerra Fría (arriba de 10.000 millones de dólares). Pero para Venezuela el costo político y económico ha sido inadmisible, absolutamente irracional.
El acuerdo ha constado de tres partes, todas beneficiosas para el régimen de Cuba. La primera es la exportación de servicios (40.000 personas, médicos sobre todo, también maestros, instructores deportivos y otras profesiones). Del monto anual recibido de 5.600 millones de dólares, el Estado se queda con más del 95% y canaliza el resto al personal “exportado”. El segundo componente (que en 2010 llegó a 2.700 millones de dólares) es la exportación subsidiada de petróleo: más de 100.000 barriles diarios a precios y condiciones preferenciales (gracias a las cuales Cuba refina parte del petróleo y hasta lo reexporta). El tercer elemento ha sido la inversión directa de Venezuela en 76 proyectos, alrededor de 1.300 millones de dólares.
El arreglo con Cuba ha sido solo un renglón de los muchos que constituyen el dispendio del régimen chavista, quizá el mayor de la historia petrolera del mundo. Pero en 2008, con el precio del barril a 145 dólares (y expectativas de alcanzar los 250), el apoyo a Cuba parecía una gota en el mar de la felicidad. En esos mismos años, en un acto de machismo revolucionario y mediático, Chávez aceleró su política de expropiaciones y estatizaciones. Curiosamente, nunca lo perturbó el hecho de que Raúl Castro comenzara a introducir reformas económicas inversas al modelo que Chávez imponía a su país. Y nunca vio que los caprichos de su política económica (y la corrupción asociada a ella) minarían directamente la justicia social que se proponía instituir.
El petróleo no llegó a 250 dólares el barril sino que bajó de 50. Ahora abastecerse de alimentos es la principal angustia del venezolano. La escasez de comida, medicinas y equipo médico es alarmante. Las colas en los supermercados son largas y tortuosas. El Ejército apresa a quien se atreve a sustraer un pollo. El Gobierno insiste en que se trata de una “guerra económica de la derecha”, por tanto mantiene firme su política de control cambiario que propicia el mercado negro, donde una nueva casta de vendedores ambulantes (con información privilegiada) compran productos regulados a precios insignificantes y los revenden a capricho.

Tras su gira continental en busca de apoyos, Nicolás Maduro declaró: “Dios proveerá”
Por su “verdadera democracia”, por la crisis económica de sus servicios sociales, por la estatización de su economía y su mercado negro, Venezuela se parece cada vez más a Cuba. Con una diferencia mayor: Nicolás Maduro no tiene una Venezuela alternativa a quien pedir un subsidio.
Hace unas semanas, tras su gira continental en busca de apoyos económicos, Maduro declaró: “Dios proveerá”. A lo cual “Dios” (por la pluma del genial humorista Laureano Márquez) en una carta pública dirigida a Mi pequeña y hermosa criatura, respondió diciéndole: “Yo ya proveí’: tierras fértiles, llanos ganaderos, selvas para cultivar cacao y café, ríos caudalosos y navegables, playas turísticas y mucho más:
En el subsuelo les puse las reservas petroleras más grandes del planeta. Tienen también, oro, aluminio, bauxita, diamantes. Como si lo anterior fuese poco, les acabo de enviar 15 años de la bonanza petrolera más grande que ha conocido la historia de la humanidad. Multiplica, bebé: dos millones y medio de barriles diarios x 100 dólares x 30 días x 12 meses x 15 años”.
Al propio “Dios” omnisciente le parecía incomprensible que los chavistas hubiesen convertido a Venezuela en una ruina. Por eso rubricó su carta de modo terminante: “Lo siento, hijo, tengo que decirte que tu petición a las finanzas celestiales también ha fracasado”.
“El mar de la felicidad”, aquella imagen lírica de Chávez, suena más cruel confrontada con el atropello a los derechos humanos, el encarcelamiento bárbaro de Leopoldo López, el arbitrario arresto de Ledezma, el acoso a María Corina Machado, la polarización ideológica y la pesadumbre general de la vida en Venezuela. Pero están a la vista las elecciones parlamentarias. Ojalá la mayoría del bravo pueblo venezolano vea de frente el daño que el poder personal absoluto de Hugo Chávez y su obediente séquito ha hecho a su país. Ojalá comprenda el costo exorbitante del acuerdo con Cuba. Ojalá vote con tal claridad que el cambio comience a ser irreversible.
Pero la protesta ante los atropellos no puede esperar. Mario Vargas Llosa ha señalado la dolorosa condición histórica de Venezuela: el país que liberó a buena parte de la América hispana sufre ahora el abandono de sus “países hermanos”. Tiene razón. Mientras Maduro ahoga la libertad, la OEA duerme la siesta. Si no despierta ahora, no despertará jamás.
Enrique Krauze es escritor y director de Letras Libres.
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"CUANDO 2019 NOS ALCANCE" por Thays Peñalver, El Nacional 24 de febrero de 2015



Cuando 2019 nos alcance

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24 DE FEBRERO 2015 - 00:01
El escenario es como el de una Guerra Civil, cientos de miles de familias desarraigadas. Un millón de chamos, 90% profesionales que se han marchado. Un millón de abuelos no verán crecer a sus nietos y a un millón de padres nos ha desgarrado esa despedida en un aeropuerto. En las plazas de los rectorados la alegría del abrazo se funde con la del desconsuelo de las despedidas porque a la mitad, cuando poco, no los espera una fiesta por su logro, sino un avión para iniciar su vida en otro país. El problema no son solo los que se fueron, sino los que se van. Se estima que el 60% de los jóvenes venezolanos especializados se marche antes de 2019. Ellos ya no estarán.
Es la misma cara de mis colegas profesores, que aún resisten, porque al menos un tercio abandonó ya la práctica como titulares y cada vez son más las jubilaciones. El gremio médico que fue el primero en oponerse a la estupidez revolucionaria ya afirma, luego del último censo, que se han marchado 14.700 médicos del país. Una cifra escandalosa cuando la Cepal en 2008 contabilizaba apenas unos 35.000. Se ha marchado pues 41% de nuestros médicos, se estima en 20.000 el número de especialistas que se marcharán antes de 2019. Frente a semejante drama social, los estudiantes de medicina, es decir los llamados a reemplazar a los que se marchan para curar a los futuros enfermos de cáncer, “no se registraron para la especialidad de cardiología, medicina oncológica, medicina nuclear, radioterapia, cirugía pediátrica y anestesiología” es decir que 40% del presente se ha marchado y 40% de los cupos y especialidades del futuro se encuentran sin estudiantes. Ellos tampoco estarán en 2019.
El ticket de la fritanga revolucionaria lo tienen también la mayoría de las clínicas privadas que ya no pueden esperar a 2019. Mientras eso pasa, 269 doctores en Ciencias se han marchado en apenas un par de años, en un país donde, como bien explica el honorable rector de la Universidad Metropolitana Benjamín Scharifker, tiene la menor producción de doctores en ciencias en Latinoamérica. Al éxodo de científicos venezolanos se suman cerca de mil doctores e investigadores universitarios, que para el final de 2015, se habrán marchado. ¡Carrizo! se han marchado más de la mitad de nuestros doctores en Ciencias, son otros mil docentes especializados mas en la UCV y en el Zulia ya hay 1.300 vacantes para profesores especializados. Se marchan porque el gobierno, como Nerón les explica que serán sustituidos por “científicos del barrio”. Para 2019, retumbarán en toda Venezuela las palabras del sabio José María Vargas hace cien años: ¿De qué servirán las medras intelectuales de un corto número, en medio de una masa ineducada?”
De los 48 bancos e instituciones financieras privadas que había en 2005, solo quedan diecisiete. El resto simplemente está en manos de la revolución junto a 33% de las sucursales bancarias y las captaciones de la banca pública supera nada menos que las de catorce bancos medianos y pequeños sumados, mientras el sector bursátil ha sido diezmado, perseguido y encarcelado. La Bolsa simplemente ha desaparecido y se dedica a vender dólares y se estima que para 2019 la revolución ostente 70% del sector. Los que tienen el ticket y viven aterrados por encontrar a su carcelero en la puerta del edificio o casa, no pueden esperar a 2019.
El maravilloso discurso de Lorenzo Mendoza -detrás de las harinas de la competencia- sugiere una segunda lectura: la frase “Polar solo produce” demuestra que ya ha sido expropiada 60% de la arepa, 80% del arroz y absolutamente toda la cadena de distribución agroalimentaria nos confirma que ya es socialista. Toda la cadena de producción local de las transnacionales fue reducida en su mínima expresión y sustituidas por el modelo importador mientras que los exportadores fueron eliminados en 90%. Si mañana no existiera el petróleo en nuestras vidas, el sector exportador privado ha sido prácticamente aniquilado, exportará lo mismo que el de Ruanda. Lo que queda, tampoco puede esperar a 2019.
Fedecámaras hasta 2014 nos explicó hasta el cansancio que habían cerrado 200.000 empleadores y según los gremios de comercio, en 2014 quebraron 77.939 empresas mientras que se asume una cifra similar antes de mayo de este año cuando deban, en medio de la peor crisis económica de Venezuela, asumir el costo de los tercerizados. Si eso ocurrió en 2014 con una inflación de 68%, con una de tres dígitos y la ley de precios justos, quebrarán el doble. Mientras tanto la cadena de distribución al detal no está siendo expropiada, simplemente la están ocupando a la fuerza de manera “temporal” y sus dueños están siendo encarcelados, con esta amenaza se estima que para 2019 no quedarán distribuidores medios con capacidad para organizar más de dos tiendas. Ninguno de ellos puede esperar a 2019.
Bajo el eufemismo revolucionario de que “la empresa privada tiene 949 medios de comunicación” se esconde la realidad de que en menos de dos docenas la oposición es invitada. De las 341 radios libres que había en Venezuela para 1998 a 240 se les revocó licencia, y hoy apenas quedan un par de decenas que se atreven a hablar de la oposición. De las 45 televisoras que había en 2009, solo quedan 27 y solo 3 han escapado de la expropiación, compra por simpatizantes o transformación a “canal familiar o cultural”. Solo tres aún se atreven a pasar alguna noticia de la oposición. Se estima que en 2015 una de estas será comprada finalmente por simpatizantes y quedarán otras dos amenazadas diariamente por el gobierno y acosadas por multas impagables. De los más de diez grandes medios impresos quedan apenas tres reducidos a un tiraje famélico y al gueto de Internet, en un país en el que solo 30% tiene Internet en su casa (Censo) y se estima que para 2019 ya no quede absolutamente ninguno en manos de la prensa libre. Los pocos que tienen su ticket, ya no pueden esperar siquiera al fin de este año.
Es evidente, que los únicos que pueden esperar en Venezuela a 2019 son algunos políticos que se niegan a revisar los mecanismos constitucionales que existen para proponerlos, exponerlos, estudiarlos o analizarlos. La pregunta es si quedará alguno de ellos libre para gobernar en Venezuela.