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26 de junio de 2015

EDITORIAL, del diario El Nacional, 26 de junio de 2015: "AFRODESCENDIENTE PRIMERO"


EL NACIONAL

EDITORIAL: afrodescendiente primERO

Empeñados en interpretar los hechos como hubiesen querido que ocurriesen, para así poder reescribir el pasado a su manera y sustentar con una epopeya de utilería su razón –o sin razón– de ser, el socialismo bolivariano y su enfermedad infantil, el nicochavismo, han improvisado homenajes a héroes más o menos legendarios o imaginarios mediante actos que, en cualquier país serio, serían considerados faltas de respeto a la memoria nacional.
El 8 de diciembre de 2001, Hugo Chávez presidió, en el Panteón Nacional, una ceremonia que pretendía solemne –con voluntarios semidesnudos fingiendo ser aborígenes– que terminó siendo una mamarrachada para trasladar “simbólicamente” los restos del cacique Guaicaipuro a ese recinto, un acto estrechamente ligado a manipulaciones electoreras para hacerse con cuatro diputaciones que no se oirían, pero que servirían al levantar la mano.

Siguiendo el ejemplo, a la cúpula gobernante le dio por trasladar a esa última morada de próceres los despojos simbólicos de Pedro Camejo, el Negro Primero, un supuesto teniente (¿oficial negro en un ejército de blancos del siglo XIX?, difícil de tragar esa píldora) del que se tuvo noticias gracias a Páez, quien además de talante guerrero tenía talento para la música y la escritura, de modo que tal vez el combatiente afrovenezolano haya sido una metáfora del León de Payara para ennoblecer la negritud que, hasta 1854, estuvo sujeta al régimen esclavista.
Luego, el epítome de la cursilería patriotera, Eduardo Blanco, se encargaría de adornar el pastel con aquello de “Mi general, vengo a decirle adiós porque estoy muerto”.
No faltaron tambores sanjuaneros en la peculiar y también simbólica inhumación de Camejo que eclipsó desfiles, paradas, ejercicios militares y exhibiciones pirotécnicas, y que fue el número estelar en la programación del Día del Ejército, día en el que se nos recuerda cómo las huestes libertadoras (con apoyo británico) derrotaron, en el campo de Carabobo, a las tropas realistas en una confrontación fugaz en la que hubo menos muertos y heridos de los que se contabilizan en nuestras carreteras durante una temporada vacacional.
Al menos es lo que se deduce de los partes de Bolívar “mesmo” y del ministro de Guerra y Marina de la República de Colombia, Pedro Briceño Méndez. Tampoco faltaron improperios e insultos de parte del políticamente incorrecto parlamentario mayor quien, en el salón elíptico, descalificó a la oposición por negarse a participar en actos que terminaron siendo excluyentes y racistas en sentido inverso: la designación de Aristóbulo Istúriz, como orador de orden, y la presencia de Danny Glover como moro de lujo corroboran nuestro aserto.
Esas manipulaciones populistas buscan fomentar un odio de clase con fundamentos raciales, ajeno a un país cuyo mestizaje le distingue como uno de los más igualitarios de la región. Aquí la marginalidad no ha sido producto de arraigados prejuicios étnicos, como en Cuba, Brasil o Perú, sino de ancestrales desequilibrios económicos.

22 de septiembre de 2014

Editorial, del diario El Nacional, 22 de septiembre de 2014

Panorámica necesaria
Tribulaciones del vecindario

Ante las crisis regionales y nacionales de inocultable repercusión mundial que se desarrollan en Europa del Este, el Medio Oriente y África, así como la que sufre nuestro país en su propia escala de gravedad, parece oportuno volver la mirada al vecindario cercano y a la naturaleza de sus tribulaciones.
No es el caso menospreciar los padecimientos de otros, tampoco se trata de relativizar los propios. Lo que luce útil y necesario es revisar el panorama latinoamericano para hurgar en las condiciones en las que se cierra un ciclo de grandes promesas, en buena medida incumplidas, de prosperidad, democracia y justicia social.
Si las protestas que rodearon el inicio del Mundial de Fútbol revelaron la falta de correspondencia entre las aspiraciones globales de Brasil y las urgencias y reclamos nacionales, en México las reformas impulsadas por Peña Nieto han sido opacadas por los datos sobre el pobre desempeño económico y el recrudecimiento de la violencia. En el extremo sur, el maquillaje de las estadísticas, la presión sobre los medios de comunicación críticos y la bandera del rechazo a los “fondos buitre” no impidieron que los argentinos acusaran el impacto de la inflación y la escasez, también los de la demagogia y la personalización del poder. Ciertamente que no todo es economía: la próspera Colombia, que tuvo su fuerte dosis de protestas el año pasado,  vive junto al avance de las negociaciones de paz una fuerte y desgastante polarización entre el gobierno de Juan Manuel Santos y la oposición uribista.
En Perú y Ecuador también se han multiplicado protestas y críticas frente a sus gobiernos, mientras que a Michelle Bachelet, con una amplia agenda social, política y educativa por delante, le está resultando mucho más difícil gobernar en este segundo mandato.
Con estas ilustraciones en mente se perfila una región en la que no se cultivaron debidamente las oportunidades que abrieron los incrementos en la demanda y los precios de las materias primas, el crecimiento económico y las ventajas relativas ante la crisis mundial, las posibilidades de diversificar negocios con otras regiones del mundo, el apoyo mayoritario de los electores a programas que prometieron renovación y, no menos importante, las posibilidades de una concertación cierta y fiable en la vecindad, para robustecer y hacer más seguras a las sociedades, incluso frente a sus propios gobernantes.
Ante lo que se perfila como final de un ciclo, no puede ni debe darse por sentado –vista la historia más y menos reciente– que la pérdida de margen de maniobra de los gobiernos y las manifestaciones sociales de inconformidad ante la inseguridad ciudadana, la ineficiencia de políticas públicas y la corrupción, conduzcan naturalmente a arreglos más democráticos y eficientes.
Por eso merecen atención las tribulaciones latinoamericanas, aunque comparadas con las de otros lugares del mundo y las propias sean menores.