15 de marzo de 2016

Mons Raúl Biord Castillo: “En medio de una verdadera emergencia sanitaria… acudimos al Cristo de la Salud”, / RCL/ pararescatrelporvenir.blogspot.com 15 de marzo de 2016

Mons Raúl Biord Castillo: “En medio de una verdadera emergencia sanitaria… acudimos al Cristo de la Salud”

Mons Raúl Biord Castillo: “En medio de una verdadera emergencia sanitaria… acudimos al Cristo de la Salud”
     
  Hoy venimos al Cristo de la Salud.
Pedimos por los médicos, que sean íntegros como el Dr. José María Vargas. Damos gracias a Dios por tantas enfermeras que dan lo mejor de sí para mostrar la ternura de Dios, aunque no tengan con qué trabajar.
  Hoy sufrimos en Venezuela una fuerte crisis de la salud. Varias personas han muerto por falta de insumos y por la tensión de no encontrarlas. Una familia con un enfermo, se enferma toda por la angustia de la falta de medicinas. Estamos ante una situación verdaderamente dramática.
Homilía de Mons. Raúl Biord Castillo.
Hoy celebramos la fiesta del Cristo de La Salud de La Guaira. Su imagen colonial se venera en nuestra ciudad desde el 1600. Hoy como ayer es honrada por tantos fieles que acuden a pedirle a Cristo Salvador el don preciado de la Salud.
Otras imágenes del Cristo de La Salud se veneran en Venezuela, siendo las principales la de Borburata, que también como la nuestra data del siglo XVII; la de Zaraza cuya procesión se celebra el 1 de enero de cada año desde 1857; y la de Petare que se celebra en septiembre desde 1868.
Jesús el Salvador
Jesús es nuestro Redentor. Los cuatro Evangelios nos presentan relatos de salvación. En Marcos, Jesús es el exorcista que expulsa los demonios con poder. Los demonios son fuerzas internas, complejos que se apoderan de los hombres, espíritus perturbadores que contaminan el pensamiento y llevan a la confusión interior. Con ellos no podemos ya pensar con claridad, pues nuestros pensamientos quedan empañados por la amargura, la decepción, el enojo, el pecado. Jesús es el médico poderoso que, con la fuerza de su palabra, libera a los hombres de estos poderes extraños. En la curación del ciego de Betsaida, Jesús con saliva e imposición de manos hace desaparecer la ceguera (Mc 8,22-26). Cura con una energía que se impone, una fuerza vigorosa, firme y determinante que es la gracia de Dios.
En Mateo, Jesús cura interpelando y actuando sobre las causas más profundas de la enfermedad. Pregunta: “A ver, ¿qué es más fácil, decir ‘se te perdonan tus pecados’ o decir ‘levántate y echa a andar’?” (Mt. 9,4-5). Al que no puede aceptarse a sí mismo, Jesús lo cura transmitiéndole que Dios lo acepta de manera plena e incondicional. De este modo, en los hombres que dudan de sí mismos, Jesús despierta una confianza nueva, una fe que les proporciona estabilidad, una misericordia que perdona los pecados y devuelve la salud interior.
Lucas, como médico, presenta a Jesús como el verdadero médico, que supera con creces a los otros médicos y curanderos. Jesús se preocupa por dejar a los hombres sanos y salvos. La enfermedad subyuga y postra al hombre por tierra. Jesús levanta a los enfermos y les devuelve su dignidad inviolable que se ve menoscabada con la enfermedad. Es lo que sucede con la mujer encorvada, que se siente atada y abrumada por la carga de su vida. Jesús la pone en pie, despertando en ella la conciencia de su dignidad divina (cf. Lc 13,10-17). Junto a Jesús, los enfermos dejan a un lado su resignación. Se sienten valorados y apreciados, tratados con delicadeza y aceptados, vuelven a encontrar su integridad. Cuando Jesús cura a los enfermos, tiene lugar la nueva creación. En la curación, Jesús hace patente que el hombre a los ojos de Dios es bueno, es un don que hay que cuidar, como si dijera: “Que bien que tú estés ahí y tú seas como eres. Tú eres una persona buena”.
Para Juan, la causa de la enfermedad es la desvinculación de Dios (Jn 15,5). El hombre está sano solamente cuando la vida divina le impregna por completo. Jesús cura al paralítico de Betesda (Jn 5,1-9) y al ciego de nacimiento (Jn,1-11) en una fuente. Con su palabra, él los hace entrar en contacto con la fuente interior, con la fuente de la vida divina que brota dentro de ellos. Quedará sano todo aquel que entre en contacto Dios, que renazca de nuevo por el bautismo (Jn 3,3). Recobrará la confianza para ponerse en pie y recorrer su camino. Recibirá fuerzas para abrir los ojos y para ver a Dios que está en todo.

 

Jesús es salvador porque es sanador.
Jesús es salvador porque es sanador. Recordemos la escena de la curación de un hombre en sábado (Mc 3,1-6). Hay un hombre con una mano seca. Se trata de un hombre que se ha quedado aislado, se ha acostumbrado a retirar la mano para no quemarse. Es incapaz de una comunicación auténtica. No entra en contacto con los demás. Se sienta en el rincón, solo y aislado, es la caricatura de un hombre. Jesús cura a este hombre ordenándole: “Levántate y ponte ahí en medio” (Mc 3,3). La enfermedad de este hombre consiste en mantenerse alejado de todo. Ahora tiene que dejar finalmente su papel de espectador y situarse en el centro, donde será visto por todos. Tiene que soportar las miradas y permanecer en pie. Jesús se dirige entonces a los fariseos, antes de seguir ocupándose de aquel hombre: “¿Qué está permitido en sábado: hacer el bien o hacer el mal, salvar una vida o destruirla?” (Mc 3,4). Jesús desafía a los fariseos. Sabe que le están observando con escrupulosidad por si cura en sábado. Estas prescripciones insignificantes son para Jesús mortales. Todo aquel que da más importancia a las normas que al hombre, hace el mal y destruye la vida. A Jesús  le importan las personas, no las obligaciones de la ley. Ante el silencio de los fariseos, Jesús “lanza sobre ellos una mirada de indignación y entristecido por la dureza de su corazón” (Mc 3,5). Jesús se encuentra solo frente al muro de hombres endurecidos, que se esconden tras su poder y sus normas. Los sentimientos de Jesús afloran con fuerza. Su indignación es enérgica, pero en lugar de estallar en un arrebato de ira, Jesús no les da ninguna autoridad y actúa con misericordia: ordena al hombre: “extiende tu mano”. Debe tener el valor de tomar en su mano las riendas de su vida, de extender su mano para dársela a otros y también de empuñar los problemas que se le presenten. En este relato de curación se muestra la fuerte humanidad de Jesús. Es un hombre que se mantiene firme, aunque todo el ambiente se ponga en su contra. Jesús lucha por el hombre que ha perdido su humanidad. Lucha por la vida.

Llegar a ser sanos para ayudar a sanar
Sólo Cristo es Salvador, pero nosotros podemos colaborar en el ministerio de la sanación, que es siempre un regalo de Dios, una gracia. Lo que nosotros podemos aprender de Jesús, el único salvador, es el don de la sanación y el modo de llegar a ella para compartirla con los demás. Para ayudar a sanar a otras personas, necesito estar sano y sanarme yo mismo. Debo aprender a cuidar de mí mismo, a perdonarme, a establecer orden en mi propia casa: en mi conciencia, en mi corazón, en mi familia. Nosotros podemos aprender de Jesús a descubrir nuestras fuerzas salvadoras. En el encuentro con Jesús desaparecerá lo inauténtico, las simples apa­riencias y el pecado que oscurece nuestro ser y nos enferma. Se trata, como decía San Agustín, de entrar en nosotros mismos: “no vayas fuera, vuelve a ti mismo, pues en el interior del hombre habita la verdad” y allí hallaremos a Dios que es “más interior que lo más íntimo mío y más elevado que lo más sumo mío». Si nos encontramos con Dios, entraremos en contacto con nuestro verdadero yo. Y sólo desde ese yo íntimo será posible ayudar a sanar a los demás.
 
Salud y falta de medicinas
Hoy sufrimos en Venezuela una fuerte crisis de la salud. La situación de los hospitales es precaria: por la infraestructura, la carencia de insumos, la deficiencia de los equipos, la falta de reactivos. Es un verdadero viacrucis recorrer más de 14 farmacias y no encontrar las medicinas que se requieren. Varias personas han muerto por falta de insumos y por la tensión de no encontrarlas. Una familia con un enfermo, se enferma toda por la angustia de la falta de medicinas. Nuestros hospitales públicos no funcionan adecuadamente y las clínicas privadas tienen un alto costo que impiden a la mayoría de nuestro pueblo el acceso a la salud. Estamos ante una situación verdaderamente dramática.
                Hoy venimos al Cristo de la Salud. Creemos que “no hay bajo el cielo otro nombre (que Jesús) dado a los  hombres por el que nosotros debamos salvarnos” (Hch 4,12). Le pedimos a Cristo que nos cuide la salud, la salud física, la salud psicológica y la salud espiritual. Pedimos por los médicos, que sean íntegros como el Dr. José María Vargas, nacido en este pueblo un 10 de marzo hace 230 años, padre de nuestra república, médico insigne que tanto contribuyó a la investigación y al progreso de la salud en Venezuela. Damos gracias a Dios por tantas enfermeras que dan lo mejor de sí para mostrar la ternura de Dios, aunque no tengan con qué trabajar. Pedimos al Gobierno Nacional y Regional que aprueben los recursos para que podamos contar con las medicinas y que mejoren los hospitales. Llamamos a todos que nos aboquemos a reconocer y solucionar la gravedad de esta situación, una verdadera emergencia sanitaria. Cristo de la Salud, patrono de la Guaira, danos tu bendición y la gracia de la salud. Amén.
     
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