26 de marzo de 2016

Discurso de Orden, del Dr. Luis José Oropeza en la Sesión Solemne del Concejo Municipal del Municipio El Hatillo, en el 108 aniversario del nacimiento del Ex Presidente Rómulo Betancourt.


Discurso de Orden, del Dr. Luis José Oropeza
 en la Sesión Solemne del Concejo Municipal del Municipio El Hatillo,
 en el 108 aniversario del nacimiento del Ex Presidente Rómulo Betancourt.



En un tiempo relativamente breve de poco más de tres décadas transcurridas desde  su partida definitiva, el nombre y la ejecutoria excepcional de Rómulo Betancourt ha consolidado- como ningún otro venezolano en todos los días republicanos- un resonante prestigio cada vez más consistente y cada vez mas vastamente compartido por sus conciudadanos de todas las tendencias. Podemos así  ya afirmar,  sin riesgo a equivoco alguno,  que estamos en presencia de un fenómeno colectivo en virtud del cual un espíritu esclarecido por los méritos incuestionables de su afanosa y larga  peregrinación por la causa de la libertad y la democracia, ha quedado ya gravado de manera   perdurable e imperecedera  en la memoria histórica de nuestro pueblo.

De una realidad fundamental debemos estar conscientes. En el ardor de una contienda incansable propiciada frente a sus enemigos más visibles, unos, los ya ancestrales reducidos a los extinguidos predios arqueológicos del caudillismo vernáculo y otros, los más obstinados e intransigentes que aún sobreviven   atrincherados por medio siglo en un decrépito totalitarismo sostenido en el caribe por la magia represiva que la KGB dejó adiestrada en las tres décadas de humillante ocupación soviética en suelo cubano. Este fue el adversario que desde la inauguración de su gobierno RB identificó con más enfática preocupación y los hechos vistos  desde tanta distancia confirman la sabiduría clarividente de sus presagios. Por esto, al régimen que padecemos  hoy  no es posible encontrarle parentesco alguno con los tradicionales despotismos de montonera que se implantaron en Venezuela después de la independencia. Lo identifica sí el perfil vergonzoso de una ocupación foránea consentida por una traición que no vaciló en pagar miles de barriles para comprar un poder infinito que aspira a imperar indefinidamente.
Ante este escenario palpitante no es difícil advertir cómo mientras ellos, los seculares adversarios de Betancourt más se hunden en el fango de todas las frustraciones de un socialismo cruel e inviable que arraza  con Cuba y al parecerle insuficiente  a su insaciable voracidad, decidió también devastar  a Venezuela, en complicidad mercenaria con los presuntos héroes de 1992. Es así cómo ahora en  su desesperada alternativa, a gritos el socialismo cubano implora al capitalismo imperial – el enemigo irreconciliable de todos los tiempos- que se sirva permitirle una rendija para desde ella poder respirar las ventajas de los capitalistas  intercambios del libre comercio.
Y mientras todo este drama nos perturba, más recia, alta y vertical se empina la cima del prestigio continental del gran líder venezolano aquí presente en la activa beligerancia de sus ideas por la democracia, que el 6 de diciembre ratificaron también su presencia mayoritaria, y que otra vez con la fuerza consciente  de aquellas creencias acendradas por él en el alma del pueblo venezolano, acudirán  decididas a derrotar a sus enemigos  ya vencidos y claudicantes ante la voz de una sociedad que en su lucha por la libertad, ni renuncia ni la renuncian.
I la vida y el testimonio impar de quien hoy nos congrega, reviste además, con el acento de sus peculiarísimos  contornos que cada día le imprimen a su faena vital de hace medio siglo, un inmenso valor y una  trascendencia histórica inestimable.  No es una quimera como generalmente aspiran sus adversarios de que el ejemplo de sus fatigas incansables por una democracia plural y contra la detestable hegemonía partidista de una sola voz,  acudan  otra vez a esta palestra venezolana a pelear como ayer por la democracia en esta estremecida contemporaneidad de este siglo XXI. Estamos confiadamente seguros que aquellas ideas que alentaron  sus remotas luchas y en él despertaron el sueño de sus desvelos por la libertad, hagan presencia en esta  nueva confrontación que en la turbulenta posteridad de esta hora dramática, permitirán a RB  infligir a sus enemigos históricos, llámense como se llamen y vengan de donde vengan, una nueva derrota que será esta vez, definitiva.

Nadie entre quienes conformaron el entorno inmediato en sus  horas más tormentosas encontró  tantos adversarios ni tantos reproches y acusaciones temerarias de diversa índole y nadie fue aquella vez sometido entre tan vasto cúmulo de terribles instantes, al desafío de mayor suma de peligrosas conjuras contra sus quehaceres en defensa de  los valores superiores de la libertad y la democracia. Padeció emboscadas y asechanzas contra su vida envilecidas por la crueldad despótica de las bombas trujillistas armadas en connivencia con sus aliados nacionales para erradicar todo vestigio de libertad entre nosotros. Padeció intentonas amenazantes y sangrientas de invasores comprometidos en consenso con una brutal arremetida totalitaria. Sufrió  brotes de llamaradas incesantes contra las fuerzas del orden y la tranquilidad de los ciudadanos, enfrentó sin vacilaciones incontables golpes militares de desertores intranquilos que miraban y aún persisten asustados en reaccionar con expedientes facistoides  ante el riesgo inminente de la consolidación de una democracia definitiva y una sociedad libre, sólidamente sustentadas para Venezuela.
Por todo esto nadie más que él ha podido acrecer en la áspera adversidad de tantos sobresaltos de nuestra turbulenta historia,  mayor cúmulo de adhesiones una vez ocurrida su ausencia definitiva. Desde entonces los estratos más calificados de los rangos superiores de las fuerzas militares, el más vasto elenco de personalidades de la inteligencia y la academia que tradicionalmente desde los terrenos de la contienda interpartidista, de la opinión en la prensa o en la plaza pública, que por muchos años lo adversaran con apasionada vehemencia, hasta los ciudadanos más indiferentes a la conflictividad política, pasando por los sectores empresariales y la juventud emprendedora  se identifican hoy abiertamente con la excelencia de su eficaz conducción política.
Si Rómulo estuviese hoy con nosotros,  esto o aquello no hubiese sido posible, es ya una expresión rutinaria en nuestras calles ante las angustias  del venezolano de éste tiempo,  desde todos los horizontes   agobiado. No pocos se preguntan, ¿Cómo fue posible que aquel fornido Muro de Acero que tan estruendosamente se derrumba en el Este de Europa se levante entre nosotros airoso y petulante durante varios años, y algo más insólito aún, transportado desde el malecón de la Habana con fondos de nuestro petróleo, traído a la tierra misma donde la revolución cubana recibió su derrota mas estruendosa en la gesta memorable  de la década de los 60?. 

¿ Y donde encontramos la esencia conceptual de la contienda ideológica que hacen recordable como pocos el nombre egregio de Rómulo Betancourt? Tengo una convicción, emitida acá sin vocación dogmática como le gustaba a su infatigable indagación escrutadora,. He permanecido por mucho tiempo persuadido de que esa hora crucial  ocurrió cuando  aquel espíritu rebelde en la plenitud de su mocedad intelectual decide despojarse de las amarras de aquel marxismo campeador que fue capaz de devorar con implacable vocación guerrera a una legión invalorable de muchachos que en los tiempos mozos de algunos de nosotros,  desviaron su rumbo hacia el abismo. Sin el abandono del marxismo, como ocurrió con Tony Blair en el laborismo inglés o con  Felipe González en España,  Rómulo Betancourt, con muchas décadas de anticipación, no hubiese nunca podido abrazar y persistir con la vehemencia y el ímpetu diligente con que las emprendió, sus contiendas por la democracia en una sociedad libre para Venezuela.
Desde la significación de éstos y otros hechos es dable   preguntémonos algo más. ¿ Donde y en qué momento RB deserta ideológicamente del marxismo y le da la espalda a sus congéneres europeos, para entregarse a  su inquietud incansable de luchador genuino por la libertad y la democracia.? Pocas dudas se abrigan cuando se conjetura que aquella debió ser una temprana separación. De otra manera y sin la ocurrencia de esa crucial escisión ideológica,  el largo peregrinaje suyo hacia la conquista de una democracia estable y firme  que con la destreza de su conducción le va a permitir cumplir por vez primera en nuestra historia, un periodo constitucional ininterrumpido. En el simbolismo histórico de esa ocurrencia se abre una trocha a la culminación aunque fuese a veces  titubeante de las cuatro décadas  de ordenada convivencia democrática.

Sin la experiencia histórica de aquella etapa de libertades,  la única que vivimos después de 200 años republicanos, ¿ cómo sería aún de más arduo y difícil superar  a este tenebroso proceso totalitario que padecemos hoy los venezolanos.? ¿Qué hubiese ocurrido en esta  Venezuela en la hipótesis de que aquel prolongado interregno democrático no hubiese precedido a la hecatombe de este lúgubre  siniestro que nos ha convertido en un país indigente, sin alimentos ni medicinas, situado ya en el trance de tener que requerir,  para aliviar las desesperaciones de nuestro pueblo, la solidaridad humanitaria de la comunidad internacional?. Un país  que hasta hace pocos meses fue opulento como pocos, regalón de montones de dólares entre la vecindad pobre del continente, resulta dramático  constatar cómo es posible que padezca  hoy la humillación de verse casi expuesto a la urgencia extrema de tener que acudir al  socorro de la Cruz Roja?  Padecemos ahora enfermedades legendarias, desaparecidas desde los años 40. El venezolano de hoy tiene sin demoras  que desempolvar el mosquitero de sus abuelos y los piojos de su cabeza. Esto parece todo como la patética vivencia de un relato kafkiano donde la estulticia de un líder delirante que ofreció a una sociedad esperanzada conducirla  hasta un paraíso terrenal, al cabo de poco tiempo, después de innumerables malabarismos de infame prestidigitador,  un pueblo sorprendido en su inocencia, se encuentra  súbitamente frente a la suerte abismal de ser lanzado a  los estertores de un infierno. 
Por esta patética experiencia es pertinente  aludir a los tantos  radicalismos que conmovieron al siglo XX en una diversidad de tentaciones  ideológicas no menos sugestivas que se van a derivar del tronco matriz del materialismo histórico y que tanta aquiescencia y frenética solidaridad encontró entre los partidos europeos y  entre no pocos de los intelectuales medulares de los tiempos que siguieron. De allí se aprecia cómo RB no sólo tuvo que abandonar las predicas del marxismo originario, debió también rechazar la petición de grupos autodenominados progresistas que debieron presionarlo con la magia de tantas fantasías, con la intención de incitar la desviación de la mentalidad democrática del gran líder.  Debió desde allí enfrentar las corrientes europeas no menos cautivadoras a la conciencia rebelde de la juventud de la época, surgidas de las cartas de Grancci desde las cárceles de la  Italia fascista, del existencialismo sartriano cuyo resonancia política se rindió al servicio de la rebeldía cubana, y finalmente hasta del eurocomunismo que ya en los estertores de sus últimos instantes  sólo vendrá a extinguirse para siempre cuando en Berlín la monumental cortina ya inerme y sin destino, se desploma. Siempre he deplorado en cómo a RB la suerte  le jugó una mala pasada cuando no pudo presenciar la caída estruendosa del Muro totalitario, erigido precisamente en la época inicial de su período presidencial.
Nadie parece dudar de que fue durante la contienda ideológica previa y posterior a la segunda guerra, cuando la evolución de los eventos políticos incidieron con mayor ímpetu para un sisma frontal de Betancourt en su decisión de abandonar todo vínculo o aproximación ideológica con la leyenda utópica del comunismo. Cuando la inteligencia europea regresaba de visitar los milagros presuntos de la Unión Soviética,  no pocos hombres muy notables de pensamiento encontraron una justificación para alentar un sentimental romance con los fabulados atractivos de aquellos fuegos fatuos. Una inteligencia tan perspicaz y acuciosa como Harold Lasky- un intelectual que Betancourt  admiró en un momento- en carta personal a Beatriz Webb la líder femenina de Fabianismo británico, aunque deploraba las atrocidades de Stalin, las justificaba plenamente cuando decía al final de su misiva, “el precio ha sido tremendo, las locuras y los crímenes, inmensos, pero aún confío que en 50 años se probará que toda esta represión valía la pena”.
Momentos de indignación perturbadora debieron conmoverlo cuando a la muerte de Stalin,  ocurrida en 1953 en pleno exilio suyo de otra satrapía venezolana, llegó a leer un verso del poeta republicano Rafael Alberti, que decía: “ que tu alma clara me ilumine en esta noche que te vas. Y no menos lacerante seguramente sería entonces para Betancourt, leer la Oda a Stalin de su amigo Neruda a quien había conocido en su exilio chileno y de quien se hizo enemigo personal desde entonces, por causa de estos versos lamentables, cuando decían:   Stalin es el mediodía/la madurez del hombre y de los pueblos/ Stalinianos. Llevemos este nombre con orgullo.” SSA STALIN ES EL MEDIODIA+_+ una los versos decde su amigo Neruda que habla satrapdura.vi. Los marca el perfil vergonzoso de una
A Betancourt y a su visión esclarecida de gran conductor nunca lo entusiasmó aquel seductor romance. La sangre derramada en aquel criminal sacrificio y el alma conmovida por la devastación moral de las torturas de Moscú, el vil asesinato de Trosky cuya obra había leído por admiración y no por adhesión ideológica en su exilio de Costa Rica y luego los millones de muertos sacrificados por Mao, le entregaron a su sensibilidad democrática los hechos y las razones para desprenderse sin reservas de aquella ignominiosa ideología, cuya vigencia la encontró irreconciliable e incompatible con el alma venezolana.

Desde la significación de éstos y otros hechos es dable   preguntémonos algo más. ¿ Donde y en qué momento RB deserta ideológicamente del marxismo y le da la espalda a sus congéneres europeos, para entregarse a  su inquietud incansable de luchador genuino por la libertad y la democracia.? Pocas dudas se abrigan cuando se conjetura que aquella debió ser una temprana separación. De otra manera y sin la ocurrencia de esa crucial ruptura ideológica,  el largo peregrinaje suyo hacia la conquista de una democracia estable y firme  que con la destreza de su magistral conducción le va a permitir cumplir por vez primera en nuestra historia, un periodo constitucional ininterrumpido. En el simbolismo histórico de esa ocurrencia se abre una trocha a la culminación aunque fuese a veces  titubeante de las cuatro décadas  de ordenada convivencia democrática.
Nadie parece dudar de que fue durante la contienda ideológica previa y posterior a la segunda guerra, cuando la evolución de los eventos políticos incidieron con mayor ímpetu para un sisma frontal de Betancourt en su decisión de abandonar todo vínculo o aproximación ideológica con la leyenda utópica del comunismo. Cuando la inteligencia europea regresaba de visitar los milagros presuntos de la Unión Soviética,  no pocos hombres muy notables de pensamiento encontraron una justificación para alentar un sentimental romance con los fabulados atractivos de aquellos fuegos fatuos. Una inteligencia tan perspicaz y acuciosa como Harold Lasky- un intelectual que Betancourt  admiró en un momento- en carta personal a Beatriz Webb la líder femenina de Fabianismo británico, aunque deploraba las atrocidades de Stalin, las justificaba plenamente cuando decía al final de su misiva, “el precio ha sido tremendo, las locuras y los crímenes, inmensos, pero aún confío que en 50 años se probará que toda esta represión valía la pena”.
A Betancourt y a su visión esclarecida de gran conductor nunca lo entusiasmó aquel seductor romance. La sangre derramada en aquel criminal sacrificio y el alma conmovida por la devastación moral de las torturas de Moscú, el vil asesinato de Trosky cuya obra había leído por admiración y no por adhesión ideológica en su exilio de Costa Rica y luego los millones de muertos sacrificados por Mao, le entregaron a su sensibilidad democrática los hechos y las razones para desprenderse sin reservas de aquella ignominiosa ideología, cuya vigencia la encontró irreconciliable e incompatible con el alma venezolana.

Pero ciertamente en esta rápida indagación  en torno a  las hazañas del pensamiento betancouriano, muy pertinente resulta comprender el cómo un intelectual que no había tenido intimidad ni vecindad  espiritual alguna con el pensamiento económico de los liberales modernos como Hayek o Popper o Von Mises, por ejemplo, quienes magistralmente habían elaborado desde la década de los 40 muy acuciosos ensayos sobre el socialismo identificándole como el gran camino hacia la servidumbre y la imposibilidad absoluta del socialismo como sistema, Rómulo Betancourt por mera intuición política y sin duda por una vocación indoblegable en obsequio de una militancia democrática que no estaba jamás dispuesto a sacrificar a ningún precio, concurre con proverbial valentía y vitalidad a imponerse en este continente como la voz más recia y sonora contra el comunismo y en un servidor  incondicional y tenaz  por  la causa de una democracia libre para su país, secularmente agobiado por toda suerte de despotismos. 
Hace ya varios años que escribí en otra parte estas líneas sobre el mismo tema mirado desde la perspectiva del petróleo, dije entonces inago que esos presuntos tesoros inagotables a.ia que la cultura md de la rebeldciudadanosla guerra fria ia.rdo a la paciencia : “La abundancia petrolera sirvió también para que esos presuntos tesoros  inagotables se dispusieran para el provecho dispendioso de una diplomacia seductora y esplendida, desprendida y ostentosa, de modo de que nunca nos faltaran Castros, Evos, Ortegas y Marulandas, que, envilecidos y pervertidos en una derrota inevitable, encuentren aquí medra y socorro para asegurar la sobrevivencia de sus mandatos y aspiraciones. Con razón se le atribuye, agregué entonces, a ese Arquímedes del poder en el Caribe, a quien alguien le oyó alguna vez decir,  “Denme el petróleo de Venezuela y la revolución cubana se adueñará de América Latina” . Fue Rómulo Betancourt por cierto, el único que sin oírlo lo presumió y lo evitó a todo trance.” A nosotros, desde luego ya sin su compañía y aunque sea con un tanto de retardo, nos concierne esa  faena que no podemos aplazar más cuando el gran ausente no puede dirigirnos pero que en el afán decidido por acometerla, sólo nos queda acudir al auxilio de su legado imperecedero.
Debo ya terminar. En el sentido más cabal de estas palabras, hemos intentado vislumbrar  desde estos tiempos y desde sus vicisitudes  y ocurrencias más notables, una comprensión del contenido fundamental de lo más valioso del legado  de RB, cuya evocación ahora como nunca será indispensable para interpretar y guiarnos en  nuestra terrible coyuntura donde debemos otra vez desprendernos de la hegemonía  cubana de cuyos dominios él nos salvó en el pasado. Cuando Betancourt nos dejó, nuestra democracia no había sido consolidada, permanecía frágil y sus enemigos la querían así débil, enclenque y realenga para que fuera pasto fácil de las ambiciones que han intentado extinguirla para siempre. En sostenerla y hacerla vigorosa, consistió la ambición suprema de su periplo inolvidable. Muchas gracias.





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