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7 de abril de 2016

RÓMULO, MÁS PRESENTE Y NECESARIO QUE NUNCA, por: ANTONIO SÁNCHEZ GARCÍA, @sangarccs / pararescatarelporvenir.blogspot.com 7 de abril de 2016

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RÓMULO, MÁS PRESENTE Y NECESARIO QUE NUNCA

"Desde aquí veo el panorama nacional definitivamente favorable. El despotismo caerá en el curso de días – acaso haya caído cuando esta carta llega a manos de ustedes – o de semanas, o de meses. Pero caerá. La sentencia está escrita en el muro. Pero hay que darle, ahora sí, el empujón definitivo. Rómulo Betancourt, carta a la Dirección de AD en la clandestinidad, Nueva York, 14 de enero de 1958"
ANTONIO SÁNCHEZ GARCÍA 


No soy quién para defender a Rómulo Betancourt. Estadistas de su talla, que los ha habido y muy escasos en América Latina, se defienden solos. Con su obra y su palabra. Y hay venezolanos infinitamente más capacitados que yo para recuperar la vigencia de su palabra y extrapolar su obra en función de la grave crisis existencial que vivimos, ya a punto de aniquilar su máxima obra: la República Liberal Democrática, como la ha llamado uno de nuestros más destacados historiadores, Germán Carrera Damas. Autor por cierto de un estudio imprescindible dedicado a su obra y su figura: Rómulo Histórico, Editorial Alfa, Caracas, 2013.

De la detenida lectura de su obra, editada primorosamente por la Fundación Rómulo Betancourt a cargo de su hija Virginia Betancourt, especialmente su Antología Política en siete volúmenes, así como las obras con temáticas específicas: Venezuela, Política y Petróleo, por ejemplo, y de los distintos trabajados dedicados a su vida, su pensamiento y su acción – destaco el bello homenaje que le hiciera el historiador Manuel Caballero: Rómulo Betancourt, político de nación, Editorial Alfa, Caracas, 2004, tanto más valioso cuanto que fuera uno de sus antagonistas desde el Partido Comunista de Venezuela – se transparenta su genialidad intelectual, la cristalina verticalidad de su comportamiento político, un amor a prueba de cárcel, persecución, destierro y atentados contra su vida por su amada Patria, Venezuela, una moral más allá de toda sospecha y un respeto a sí mismo que le hubiera impedido cualquier atisbo de arbitrariedad, estalinismo o complicidad con un régimen dictatorial y de alcahuetería con los mercaderes de la política.

Conoció todos los ámbitos del pensamiento y la acción políticas a lo largo de su vida: desde las interioridades del leninismo revolucionario hasta las propuestas ideológicas del liberalismo. Sin traicionar jamás su voluntad: independencia de criterios, independencia política, venezolanismo como vocación moral. Y dos actitudes lo definen en la extraordinaria lealtad a la grandeza: finaliza su mandato orgulloso de haber demostrado que bajo su gobierno, al erario no se le había robado un solo centavo. Deja la presidencia y decide no volver nunca jamás a postularse, sabiendo que no sólo tenía todo el derecho, sino la aceptación de los suyos. ¿Más prueba de integridad? No conozco otra entre quienes se proclaman sus herederos.

Para desmentir cualquier intento de tergiversación que sirva, precisamente, a avalar lo que más le repugnara en vida – el tartufismo, el aventurerismo, la inescrupulosidad, la alcahuetería y la complicidad con dictaduras y tiranos – quisiera citar una carta en la que toma posición contra la dictadura de Marcos Pérez Jiménez en los términos más categóricos e intergiversables. La escribe el 21 de mayo de 1957 – a ocho meses del desenlace – y va dirigida a Carlos Andrés Pérez y Luis Augusto Dubuc. En sus partes más destacables afirma: “He tenido algún trabajo en estos años y rumiado mucho desagrado; sobre todo, ando con el reconcomio de haber sido víctima, o cómplice, de una serie de presiones, desde el interior del país, y desde el exterior, para haber dejado de cumplir con el deber de hacerle la revolución a esa gente. Lo que está haciendo Fidel Castro, y con mucho más éxito, debí hacerlo yo en 1950; y deberemos hacerlo en 1957, si no hay elecciones libres. La opción es entre eso – tirar la parada – o dedicarnos, como los dominicanos, a “piquetear” los consulados de Trujillo. Es más: si en el 57 o comienzos del 58 no hay solución al problema venezolano – evolutivo o a la brava – no nos quedaría otro camino sino el de ponernos un bozal, y no hablar más en el exilio de los atropellos, etc., de esa gente. Por propio respeto, tendríamos que callarnos definitivamente.” Rómulo Betancourt, Antología Política, volumen sexto, 1953-1958, Fundación Rómulo Betancourt, Caracas, 2004, pág. 619.

Obviamente: no se puso un bozal ni se calló definitivamente. Desde la distancia siguió con angustia los empeños de lo que quedaba de su partido por obedecer sus dictados y sobre todo comprender y responder a las exigencias del pueblo democrático: tumbar al tirano. Hasta tumbarlo. Con lo cual se respetó su palabra hasta en su más mínimo significado. Jamás llamó a postergar la lucha hasta reventar. Y cuando a una semana de ver cumplidos sus más profundos deseos en manos de la heroica juventud acciondemocratista que seguía su ejemplo, en carta escrita desde Nueva York el 14 de enero de 1958 pidió mesura, lo hizo convencido de que el régimen caía en días, quizá al momento de ser recibida su carta, como en efecto sucediera. Dijo: “Desde aquí veo el panorama nacional definitivamente favorable. El despotismo caerá en el curso de días – acaso haya caído cuando esta carta llega a manos de ustedes – o de semanas, o de meses. Pero caerá. La sentencia está escrita en el muro. Pero hay que darle, ahora sí, el empujón definitivo.”

Ciertamente: pedía no romper vidrieras y apostar a la vía pacífica, para no entorpecer la inevitable, la inexorable, la impostergable salida de la dictadura. Que estaba a horas de acontecer. No sabía que ya las campanas repicaban a la rebelión y el dictador preparaba su fuga. No para permitirle sobrevivir tanto como lo decidiera la tiranía cubana o el castrocomunismo, al que derrotó con coraje, lucidez y grandeza en todos los terrenos. Decir lo contrario por obediencia a espurios intereses personales es falsear a Rómulo y obrar según los principios de Tartufo: miente, miente, que algo queda.

@sangarccs



"LA GANGRENA DEL POPULISMO " por: Antonio Sánchez García, @sangarccs / pararescatarelporvenir.blogspot.com 7 de abril de 2016


"LA GANGRENA DEL POPULISMO "




Mientras el PSUV y la MUD escenifican este simulacro de combate por el campeonato mundial del populismo, el país se derrumba en sus brazos. Por populista. Que Dios nos pille confesados."


Antonio Sánchez García




En el trascendental escenario de la asamblea nacional se libra una pelea a dentelladas por obtener el Gran Premio al Primer Populista de la República. Es una competición en equipos donde se enfrentan dos bandos: el de los populistas viejos y resabiados y el de los populistas jóvenes, inexpertos y recién estrenados, que grosso modo podrían usar los distintivos del partido PSUV, unos, y el de la federación de partidos o MUD, otros. Si bien la similitud de colores y el diseño de sus uniformes exigirían una acuciosa observación para, a la distancia, distinguir con exactitud quién es quién. Visto desde las tribunas, la caracterización no permite equívocos. Ya desde fuera del recinto, las similitudes son inmensamente más notorias y significativas que las diferencias. 

No es, desde luego, la edad su característica principal. Si lo fuera, no se daría el caso de viejos populistas de la era democrática de la República – 1959-1999 – que colman las filas del primero de los bandos y ocupan prominentes espacios en el segundo. El atributo principal que los diferencia es su participación – o su marginación - del bloque populista que disfruta del Poder pleno del Estado, controla sus instituciones y viste sus uniformes.

 El atributo principal es el grado de privilegio de que disfrutan en ministerios, embajadas, cuarteles, empresas. O su absoluta orfandad ante los beneficios del estatismo. Pues el premio en disputa es, precisamente, el control y dominio del llamado Estado venezolano. Poco importa su densidad propiamente estatal. Incluso si dejó de existir y ya no es más que una pandilla de encaramados. Lo decisivo es el control del erario, el manejo de sus finanzas, la disposición de sus riquezas. Y un asunto de capital importancia: la administración de puestos, cargos, galones y empleos públicos.

Las diferencias no hacen ni a las ideas, las ideologías, los motivos ni los propósitos históricos. Ambos son esencial, ontológicamente populistas, ambos descreen de la iniciativa privada, el libre mercado y apuestan con denuedo al control del Estado. Ambos aborrecen del liberalismo Ambos son, en esencia, igualmente socialistas, izquierdistas, estatólatras y clientelares. La empresa a cuyo control aspiran es la misma: el Estado. Es ése en rigor el premio en disputa: hacerse con el dominio del Estado.

Que cumplir con mayor cabalidad el decálogo del populista era el centro de aspiraciones y objetivos en disputa por el Estado quedó más que evidenciado cuando durante la campaña presidencial de 2006  la máxima ocurrencia de su entonces máximo aspirante a la presidencia, el hoy encarcelado líder del partido socialdemócrata UNT Manuel Rosales, antepuso a la tarjeta CADIVI y otras enseñas del clientelismo populista del régimen  la tarjeta MI NEGRA. Sus inventores siguen en el mismo bando. Los clientes prefirieron seguir en conuco viejo. 

Pues en disputa entre el PSUV y la MUD no está un diseño alternativo de país que haga a sus rasgos esenciales: el papel del Estado en el control político, económico y social de la República, el rol a jugar por el petróleo y las condiciones específicas de su propiedad, la función de la empresa y la industria en la generación de nuestras riquezas, el alcance y papel a jugar por las fuerzas armadas en la ordenación del Poder político o su pura y simple desaparición, que no se han lucido por ganar ninguna guerra, la estatización o la privatización de los medios y fuerzas productivas, la independencia, autonomía y capacidad gerencial de sus universidades, etc., etc., etc.

 En disputa está el control del aparato estatal para recibir el privilegio de su disfrute gracias al tradicional intercambio de favores entre los ciudadanos – vulgo: el pueblo – y el bando que se ha adueñado del gobierno. Uno garantiza casas gratis, educación y salud gratis, becas, préstamos, empleos, jubilaciones, subvenciones y granjerías de toda suerte a cambio de votos. Tú me eliges y yo te mantengo. Punto.

De manera que el votante no escoge entre distintas propuestas de país que hacen a su esencia: escogen entre los mejores postores a los viejos dones de la mágica cornucopia del estado petrolero. Tal como ha quedado dramáticamente de manifiesto en ese exhibicionismo de medianía, incultura, mendacidad, pobreza espiritual, ignorancia, oportunismo e inescrupulosidad de los diputados de ambos bandos en la sesión de ayer: unos ya dieron las pocas casas, pero las quieren sujetas a compromisos electorales. 

Otros también quieren darlas – las mismas – pero libres de compromisos, de modo que sus beneficiados – sin una gota de sudor – puedan votar por ellos. Unos ofrecen miserables jubilaciones, otros ofertan jubilaciones mejores. Pero ambos mienten, pues se inundó la cueva de Alí Baba y ya no hay dinero con el que construir casas ni repartir jubilaciones.

Mientras el PSUV y la MUD escenifican este simulacro de combate por el campeonato mundial del populismo, el país se derrumba en sus brazos. Por populista. Los clientes pasan sus días en interminables colas, agonizan en los ambulatorios y los disponibles camastros de los arruinados hospitales o mueren en sus lechos mientras sus hijos desfallecen de hambre y de mengua. Venezuela, el monumento supremo al populismo latinoamericano, se pudre de populismo a ojos vistas. ¡Pero hay de aquel o de aquella que ose denunciar la causa de la gangrena y exija levantar alternativas reales para un país que opte por otro camino! Irá a la cárcel o le caerán a palos. Para eso están las fuerzas armad