2 de octubre de 2014

Federico Boccanegra: "LA REBICHA", 30 de septiembre de 2014

Este artículo, que me remitió un muy querido amigo, me ha solucionado un dilema que me venía atormentando. Que decir o no decir sobre la Constituyente -que hacer ya lo decidí hace tiempo- esgrimida con obsesión preocupante, por algunos amigos muy estimados como Luis Manuel Aguana ( aunque después precisó mejor el asunto) y Oswaldo Alvarez Paz, y ahora endosada en forma extraña por Voluntad Popular.
Inevitablemente uno no es inmune a la presión que supone el ser señalado de "divisionista" o de abstencionista, no soy ninguna de las dos cosas, mi último aparatoso voto -fui en silla de ruedas- fue malgastado, en esa reincidente estafa, denominada Henrique Capriles, en octubre, cuando compitió contra Chávez. Volver a votar, bajo este régimen, con CNE, REP, TSJ, FANB ad hoc no tiene sentido, y yo me respeto lo suficiente para no hacerlo.
El análisis de Boccanegra es claro y concluyente, la situación del país es deplorable, pero esperar una salida pacífica de la morralla gobernante es ilusorio. "La salida" no es sólo un justificado grito producto de la desesperación nacional, es un planteamiento realista. Aunque rime: sin presión no hay solución.
 Los tahúres no abandonan las mesas, por que solo juegan con barajas marcadas. Cambiar el Estatuto Político, Constitución o como se llame es indispensable, porque es necesario reinstitucionalizar el país y en paralelo replantear el Estado, ni se puede volver al esquema constitucional de la democracia civil -que al menos estaba redactado en castellano- ni menos mantener la insincera colcha de retazos, la "Constitución baldada" como la bautizara Angel Bernardo Viso, de 1999.
Apoyo y callo, de aquí en adelante, los razonamientos del muy "verdiano" Boccanegra. Salud conciudadanos...


ALFREDO CORONIL HARTMANN

ITACA 2 de octubre de 2014.



Federico Boccanera: La Rebicha

septiembre 30, 2014 9:21 pmPublicado en: Opinión
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thumbnailfedericoboccaneraMarzo2014En estos días se puede observar, sobre todo en las redes sociales, y también escuchar en algunos medios de comunicación, una nueva campaña política que ha surgido para promocionar la asamblea constituyente. Algunos abogados y juristas de innegable prestigio, y preparación, la exponen casi como una salida ideal, casi como si aquí tuviésemos república, instituciones, democracia, incluso olvidando lo que fue nuestra última malhadada experiencia al respecto.
Un partido en particular, Voluntad Popular, la ha convertido en su propuesta principal, y ha activado en el país una campaña para promover el “Poder Constituyente”, como un “cambio urgente, profundo e incluyente, que promueva un nuevo pacto social y el reencuentro entre los venezolanos…”, bonitas palabras sin duda, que hacen pensar que para esta agrupación, la asamblea nacional constituyente es lo que se debe impulsar como la gran estrategia opositora.
De verdad lo lamento por Voluntad Popular, organización que cuando promovió “La Salida”, estaba impulsando con máximo acierto, la reactivación democrática de la ciudadanía mediante asambleas públicas, a lo largo del país, o sea, estaba promoviendo el renacimiento de la política desde la matriz donde siempre debería gestarse: la sociedad civil, y en el escenario ideal: la calle.
Lástima, porque “La Salida” parecía justamente, la salida del callejón exclusivamente electoral, del callejón mediático, mercadotécnico y demoscópico donde medra una clase política de proyectos personalistas, de comandos de campaña y búnkeres, secuestrada por cogollos sempiternos e intocables, servida por una corte tecnocrática de asesores de mercadeo, electorales, encuestólogos, y los ya infaltables “barriólogos” (politiqueros, candidatos, técnicos y cortesanos, todos inamovibles e insustituibles, un conjunto que es la definición viviente de la verdadera antipolítica, de los verdaderos laboratorios).
“La Salida” tuvo la virtud, de reconectar a la gente con cierto liderazgo político que parecía haber comprendido que, luego de la última decepción electoral, había que hacer algo en el plano del activismo político, más allá de la pobrísima estrategia de pedir paciencia y esperar el “tiempo perfecto de Dios”, hasta unas próximas elecciones, que llegarían luego de un período de casi dos años, prácticamente una travesía en el desierto, más aún en medio de un descontento creciente que ya comenzaba a prospectarse como indetenible y de preocupante pronóstico.
Pero por alguna razón, y a pesar de todo lo que estamos viviendo, y vivimos, especialmente a partir del mes de febrero, precisamente con acontecimientos en donde “La Salida” tuvo un rol sobresaliente en lograr esa ruptura de la inercia y de la anomia ciudadana, hete aquí que uno de sus principales adalides, vuelve sobre sus pasos y se reconecta con la vía electoral como eje central de su activismo, una maniobra a contrapelo de todo lo que se había logrado, el anticlímax para una ciudadanía que más bien pedía más participación y presencia en el espacio público, que después de tanto tiempo parecía poder ser recuperado.
Voluntad Popular al proponer la constituyente, además se reconecta con otro doloroso precedente de derrota máxima, casi humillante, como lo fue el proceso de 1999, una paliza política que también se gestó, a partir de una aplastante derrota electoral: ¡vaya modo de enfriar los ánimos!
Es como si a Obama se le volaran los tapones, y le propusiera a los gringos que hay que volver a Vietnam, e internarse de nuevo en la jungla, porque ahora la cosa ha cambiado, y sus estrategas le dicen que esta vez habrá menos Viet Cong, no estará Giap, y en la ruta Ho Chi Minh han visto letreros de Coca Cola…
Solo para refrescar lo que fue nuestro Vietnam constituyente del 99, habría que recordar que la asamblea que resultó elegida en la ocasión, fue tan democrática y representativa que, a pesar de que la oposición aportó el 77% de los candidatos, y por ellos votó un tercio del electorado, ésta sólo obtuvo el 5% de los puestos, o sea ¡6 representantes de 131!, lo que constituye una marca mundial, posiblemente histórica, de incongruencia representativa.
Por cierto, y en vista de esos resultados tan entusiasmantes, no estaría de más que en las promociones de esta nueva constituyente, nos explicarán de una vez, como evitar que con este CNE que nadie garantiza más imparcial que el de 1999 (¿alguien se atreve a afirmar eso?) vayamos a obtener un resultado muy distinto, y no vengan con eso de que lo resolveremos mediante la elección de un nuevo árbitro con la próxima asamblea nacional, cuando precisamente en los pasados comicios legislativos, nuestro excelso árbitro dio muestras de haber refinado su habilidad para lo equitativo, para lo justo, para lo ecuánime, al manipular la conformación de los circuitos electorales gracias a lo cual, a la oposición que obtuvo más del 50% de la votación, sólo le asignaron el 40% de los escaños.
En realidad la explicación que deberían dar, si de verdad se quisiese obrar con la más prístina transparencia, estaría en responder a lo siguiente: ¿cómo es posible que en las actuales circunstancias de mengua absoluta del imperio de la ley, en donde leyes fundamentales, comenzando por la mismísima constitución, han sido violadas descarada y sistemáticamente, como es posible que sin separación de poderes y sin instituciones dignas de tal nombre, en otras palabras, en circunstancias de cese de facto de la república, el CNE sin embargo conserva, no se sabe por cual razón científica (¿o sobrenatural?), su aureola de organismo confiable, cuando el autoritarismo que nos oprime con un régimen que hace rato dejo de ser democrático, depende de él para prolongar su estadía en el poder, o sea, su impunidad?
Desde luego, esta oposición que funda todas sus esperanzas de conquista del poder, en la vía electoral ¿qué otra cosa puede decir? Si ella misma se metió en ese callejón: no puede desdecirse, pero no porque su debilidad extrema la confina, sino porque es oposición oficial de un estado rentista, oposición tanto o más populista que el régimen del que se considera alternativa, en otras palabras, es una oposición comensalista, dicho de otro modo, aspira al reparto. (Y a mantenerlo y prolongarlo, de llegar hipotéticamente a hacerse con el poder).
Bueno… las explicaciones ya no sé si uno debería insistir tanto en pedirlas, después de las no menos de tres, que dio nuestro “líder máximo” Henrique Capriles, primero para denunciar fraude el 14 de abril de 2013, luego para recular tres días después, y por último, en los días del diálogo inolvidable, y sin que se le cayera la máscara de turno, reconocer la legitimidad de Nicolás Maduro.
Mejor no expliquen nada.
Pero lo peor de lo que ocurrió en el 99, fue esa farsa de deliberación en una asamblea que, a pesar de la buena impresión inicial que hizo en tirios y troyanos, sus actos finales terminaron en tono fúnebre, al mostrarse inexorablemente controlada por una voluntad única, que astutamente dejó que hubiera discusión -incluso discusión plural- las primeras semanas, para luego arrasar con su aplanadora en las sesiones conclusivas.
Al final de esta triste historia, que uno de verdad no quisiera tener que recordar, tan importante documento sólo contó con la aprobación del 72% de una participación que no llegó a su vez al 45%, en otras palabras, nuestra “carta magna” no fue tan magnamente consagrada, al ser esmirriadamente aprobada por poco menos de un tercio de la población electoral.
De hecho, tras un parto tan poco halagüeño, a esa neonata de tan poco peso, alumbrada a los trompicones, en trabajo forzado por culpa de una tragedia natural espantosa, su padre muy acertadamente le puso: “la bicha”…
Volvamos al presente.
Si de verdad queremos volver al presente, y afrontarlo en el campo de la realidad, lo más importante de todo lo que se debe recalcar con respecto a este tema, es algo que debería resultar más que obvio: y es que una constitución debe hacerse y debe nacer, en libertad. No puede deliberarse bajo amenaza, no puede nacer bajo la opresión, menos aún en un país ominosamente dominado por intereses extranjeros. Porque es importante que su gestación se haga en un ambiente plural, su “ADN”, ha de ser el más variado, el producto de muchos aportes todos hechos sin miedo y sin coacción, sin el chantaje de un ambiente crispado por la polarización y la disolución recíproca de las esperanzas, sin poderes subterráneos, sin factores ocultos actuando en la sombra, pugnando con mayor o menor sigilo, por mantener sus prerrogativas, sus privilegios, la impunidad.
Es por esta razón que una asamblea constituyente, debería darse siempre dentro de un indispensable período de libre deliberación nacional, un período cívicamente estelar, llamado de libertad constituyente, en donde la sociedad civil, en rol verdaderamente protagónico, podría hacer sus planteamientos más sentidos, debatir, tomar decisiones, y promover sus aspiraciones (y aspirantes) sin interferencias electoralistas por parte de la clase política, y otros factores. Para decirlo de otra forma, durante el período de libertad constituyente se debería limitar hasta donde sea posible, la manipulación por parte de poderes formales y fácticos, para darle paso, siempre en la medida de lo posible, a la renovación de la misma sociedad política.
Además, durante este período y aprovechando el clima deliberativo, imperativamente se debería redactar y aprobar, mediante la más amplia consulta nacional, un estatuto electoral irreprochable, un estatuto ad hoc, que obligue a un nuevo registro electoral, que obligue a que el mismo se haga contra un nuevo registro civil, un registro real, profundamente revisado y depurado de las casi infinitas distorsiones a las que ha sido sometido, un estatuto con circunscripciones justas, con disposiciones que garanticen una representación ciudadana abierta, ni corporativa ni politizada, en fin, un estatuto electoral constituyente, que preanuncie una verdadera rectificación, y el renacer y la refundación de la república democrática, y no el horror ahíto de trampas incalificables, que hemos permitido que nos apliquen en cada elección.
(¿Se podría lograr algo así en las actuales circunstancias?)
Si de verdad se piensa utilizar el proceso constituyente como instrumento (legítimo) para acceder al poder, entonces debe mostrarse todo el diseño, el proyecto, y aunque nadie pudiese rebatir desde lo estrictamente constitucional, ese recorrido, algo así como el propio “espíritu de la constitución” debería poder objetar que su reemplazo por una nueva, no debería mediatizarse como eventual instrumento para acceder al poder (mediante una especie de “revolución institucional”, donde lo constituyente se convierte, en lo “destituyente”…).
Más que todo porque no habría en realidad nada de novedoso, en obrar de esta forma, comenzando por nuestra tradición histórica de constituciones hechas desde y para el poder, donde todo nos indica una vez más, que eso de que la constitución “sirve para todo”, ha sido lo usual, casi que la forma venezolanista, de “constituirnos y reconstituirnos”. De hecho, 26 constituciones en 203 años, nos hablan de que esos “libritos” más bien son “libretos”, libretos del poder… entonces de una vez, sinceremos el discurso: nuestras muy versátiles constituciones, sirven y seguirán sirviendo a toda causa justa, incluyendo golpes contra el poder establecido ¡garrotazos sí cómo no! pero limpiamente constitucionales.
Muestren el libreto completo, y de ser posible, los productores y los directores. (Y ojalá se llamara aunque sólo sea como subtítulo, “la destituyente”, todo estaría más claro…).
Por cierto, el libreto debería incluir un story-board sobre la secuencia seguramente épica, en donde se describirá cómo el actual poder, se dejará desalojar por un proceder exquisitamente institucional, que ha de ser heroicamente recorrido pasando por instituciones supinamente controladas, férreamente sometidas, profundamente desfiguradas, por ese mismo poder.
Igual este servidor seguirá pensando –admito que con incorregible ingenuidad- que así como idealmente las constituciones no deberían ser los libretos del poder, tampoco las constituciones que reemplazan a esos libretos deberían ser, las constituciones de los vencedores, en otras palabras, tampoco deben servir para encubrir, el relevo de una oligarquía por otra, y menos como producto de negociaciones bajo cuerda, como tantas que han venido sucediendo en este año de descontento, protestas, e inquietud en el poder.
Alguna vez, en algún momento del futuro, la sociedad de los ciudadanos deberá ser la que finalmente proponga y disponga, al menos quitándose la satisfacción de participar en la creación de una constitución, una para todos, donde el gobierno, el estado, las instituciones, se conciban para servir a la nación, y le puedan responder con eficacia, transparencia y responsabilidad, en todo momento.
En todo momento.
Es por eso que la propuesta de una constituyente realmente civil, enmarcada dentro de un indispensable período de libertad constituyente, es ideal para ser planteada e incorporada a un eventual diseño de transición, pero de transición no sólo para reestablecer república y democracia, sino una transición de transformación verdadera, sin vuelta atrás, hacia una nueva forma de estado, que reemplace este petroestado en decadencia, que nos ha regido, casi sin alteración en su devenir rentista, desde finales del gomecismo.
Desde luego esto implica, por su esencia revolucionaria, que la libertad constituyente y la asamblea y la constitución resultantes de tal período, sólo podrían celebrarse una vez que se haya podido sustituir al actual régimen, y se haya podido pacificar y estabilizar el país, y devuelto el mismo a una operatividad institucional mínima.
Transición revolucionaria que como proyecto y propuesta, también se podría procesar en forma constitucional e institucional, si acuerdos de verdadera alianza nacional y unidad superior, así lo llegasen a estipular. Pero más allá de esta fantasía prácticamente irrealizable, dada la desesperante y trágica pequeñez de nuestra clase política en su casi totalidad, la transición siempre se podrá invocar desde los derechos, desde los derechos más universales, aquellos que son tan sagrados, que preceden a cualquier constitución.
Mientras tanto, la promoción y activación a destiempo de una constituyente, con todo lo que esto podría implicar en términos de imperdonable distracción, de empantanarse en procesos interminables, de irregularidades “sobrevenidas”, de firmazos, reafirmazos y re-reafirmazos -con o sin biometría- en un torneo de dimes y diretes, de versados y leguleyos, de “Hernánes Escarrá de lado y lado”… con la escenografía dantesca de un país al borde del desahucio material y moral… para luego ser blindadamente derrotados, con viejas y nuevas artimañas, y así recaer en un nuevo ciclo de decepción y depresión, todo esto, todo este circo, circo de paquidermos comiéndose el poco pan que queda, debería verse ó como una colosal ingenuidad, o como colaboracionismo malamente encubierto. Como me gustaría creer lo primero…
¿Una REBICHA?
¡NO GRACIAS!
@FBoccanera
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1 de octubre de 2014

"REIVINDICAR A RÓMULO" POR LUIS DANIEL ALVAREZ V. , eL REPÚBLICANO LIBERAL, 29 de septiembre de 2014




lunes, 29 de septiembre de 2014


LUIS DANIEL ÁLVAREZ V., REIVINDICAR A RÓMULO

No cabe duda de que su legado tiene plena vigencia.

Impulsar reformas constitucionales con el propósito de facilitar la reelección y aumentar el presidencialismo o absurdas medidas que transfieren el gobierno, como si de una dinastía se tratara, a cónyuges, hermanos o hijos, se ha hecho elemento recurrente en la región.

Es normal que la ciudadanía recuerde a Rómulo Betancourt por sus innegables aportes a la democracia de Venezuela. Sin embargo, al cumplirse hoy 28 de septiembre 33 años de su desaparición física, deben estudiarse algunos fenómenos que por las características que tuvieron, merecerían, más aún en este momento, analizarse de manera exhaustiva.

El primer elemento se refiere a la alternancia en el poder, manifestado en dos hechos muy concretos. El decreto número 9 de la Junta Revolucionaria de Gobierno, publicado en la Gaceta Oficial del 23 de octubre de 1945, establecía que los miembros del cuerpo colegiado quedaban inhabilitados para postularse en las próximas elecciones presidenciales. No sólo haber escrito el punto, sino haberlo acatado, demuestra respeto institucional por parte de los integrantes del Ejecutivo. El otro momento significativo se suscitó en 1972 cuando Betancourt no aceptó una nueva candidatura a la primera magistratura.

Un nuevo elemento a resaltar fue llevar a cabo un gobierno de Unidad Nacional sustentado en acuerdos alcanzados con Unión Republicana Democrática y Copei, sabiendo que por encima de las diferencias, estaba el interés nacional, por lo cual había que trabajar conjuntamente.

Pueden criticarse algunas acciones de Betancourt. Sin embargo, en fechas en que se enarbolan la lucha contra el continuismo y el diseño de una política unitaria como alternativa democrática al gobierno, no cabe duda de que su legado tiene plena vigencia.

Luis D. Alvarez V 
luisdalvarezva@hotmail.com
@luisdalvarezva

EDUARDO FERNANDEZ RENUNCIÓ A COPEI,El Nacional WEB, 1º de Octubre de 2014.

El Nacional de hoy, trae la insólita información de la renuncia de Eduardo Fernandez a su militancia en Copei, reiterando no obstante su condición ideológica de demócrata cristiano.
Conozco bien a Eduardo, además de sentir por él genuino afecto, es uno de los más trabajadores de los líderes políticos que he conocido, tenaz, de buena formación doctrinaria y personal, afable y criollamente "entrador" no obstante, la -a mi juicio- totalmente injusta fama de solapado e insincero que, con lamentable éxito, sus adversarios le han creado.
Entiendo, sin conocer los detalles de las circunstancias ocurridas, que para un hombre de la formación y la trayectoria de Eduardo tiene que ser muy difícil transitar por la encharcada escena de la política de hoy, mejor dicho del "activismo político" de hoy, porque POLITICA no se está haciendo en Venezuela en la oposición, mucho menos entre quienes detentan el poder, que en sentido estricto no podemos llamar "gobierno".
Pienso que Eduardo ha sido consecuente con lo que cree y siente y ello merece todo el respeto y la consideración de la Venezuela democrática. Salud amigo


ALFREDO CORONIL HARTMANN

ITACA 1º DE OCTUBRE DE 2014.



Eduardo “El Tigre” Fernández renunció a Copei

Eduardo Fernández / Foto Cortesía Correo del Orinoco
Eduardo Fernández / Foto Cortesía Correo del Orinoco
En una misiva manifestó su desacuerdo con el presidente del partido, Roberto Enriquez Lavaud. “Hasta que Dios me conceda vista trabajaré por los ideales del Humanismo Cristiano”, agregó 
Eduardo Fernández anunció en una carta su renuncia al partido Copei.
“En una reciente entrevista concedida a Noticias 24 en fecha 18 de septiembre el compañero Roberto Enriquez Lavaud, presidente Nacional del partido, formuló un requerimiento que me ha llevado a la conclusión de que debo dar por cancelada mi condición de militante del  partido. En efecto, a partir de esta fecha dejo de ser militante de Copei”, se lee en la misiva con fecha del 28 de septiembre, dirigida al presidente del partido y demás miembros.
“Por supuesto, sigo siendo militante de esa causa de fe que para mí representa la Democracia Cristiana. Hasta que Dios me conceda vista trabajaré por los ideales del Humanismo Cristiano. Aprovecho para expresarles que, como siempre, estoy a la orden de ustedes y de todos los amigos y compañeros en toda la extensión de la geografía nacional para cualquier cosa en la que puede serles útil”, agrega en la carta.

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22 de septiembre de 2014

Editorial, del diario El Nacional, 22 de septiembre de 2014

Panorámica necesaria
Tribulaciones del vecindario

Ante las crisis regionales y nacionales de inocultable repercusión mundial que se desarrollan en Europa del Este, el Medio Oriente y África, así como la que sufre nuestro país en su propia escala de gravedad, parece oportuno volver la mirada al vecindario cercano y a la naturaleza de sus tribulaciones.
No es el caso menospreciar los padecimientos de otros, tampoco se trata de relativizar los propios. Lo que luce útil y necesario es revisar el panorama latinoamericano para hurgar en las condiciones en las que se cierra un ciclo de grandes promesas, en buena medida incumplidas, de prosperidad, democracia y justicia social.
Si las protestas que rodearon el inicio del Mundial de Fútbol revelaron la falta de correspondencia entre las aspiraciones globales de Brasil y las urgencias y reclamos nacionales, en México las reformas impulsadas por Peña Nieto han sido opacadas por los datos sobre el pobre desempeño económico y el recrudecimiento de la violencia. En el extremo sur, el maquillaje de las estadísticas, la presión sobre los medios de comunicación críticos y la bandera del rechazo a los “fondos buitre” no impidieron que los argentinos acusaran el impacto de la inflación y la escasez, también los de la demagogia y la personalización del poder. Ciertamente que no todo es economía: la próspera Colombia, que tuvo su fuerte dosis de protestas el año pasado,  vive junto al avance de las negociaciones de paz una fuerte y desgastante polarización entre el gobierno de Juan Manuel Santos y la oposición uribista.
En Perú y Ecuador también se han multiplicado protestas y críticas frente a sus gobiernos, mientras que a Michelle Bachelet, con una amplia agenda social, política y educativa por delante, le está resultando mucho más difícil gobernar en este segundo mandato.
Con estas ilustraciones en mente se perfila una región en la que no se cultivaron debidamente las oportunidades que abrieron los incrementos en la demanda y los precios de las materias primas, el crecimiento económico y las ventajas relativas ante la crisis mundial, las posibilidades de diversificar negocios con otras regiones del mundo, el apoyo mayoritario de los electores a programas que prometieron renovación y, no menos importante, las posibilidades de una concertación cierta y fiable en la vecindad, para robustecer y hacer más seguras a las sociedades, incluso frente a sus propios gobernantes.
Ante lo que se perfila como final de un ciclo, no puede ni debe darse por sentado –vista la historia más y menos reciente– que la pérdida de margen de maniobra de los gobiernos y las manifestaciones sociales de inconformidad ante la inseguridad ciudadana, la ineficiencia de políticas públicas y la corrupción, conduzcan naturalmente a arreglos más democráticos y eficientes.
Por eso merecen atención las tribulaciones latinoamericanas, aunque comparadas con las de otros lugares del mundo y las propias sean menores.

16 de septiembre de 2014

"El olor de la sangre" por Carlos Alberto Montaner, El Nuevo Herald, 16 de septiembre de 2014

El terrible artículo que reproducimos, de mi admirado, leal y consecuente amigo, Carlos Alberto Montaner, constituye una reflexión lúcida y necesaria sobre la condición humana (?) en todos los tiempos.
ALFREDO CORONIL HARTMANN


ITACA 16 de septiembre de 2014.


El olor de la sangre


CARLOS ALBERTO MONTANER*
EL NUEVO HERALD
16 DE SEPTIEMBRE 2014 - 12:01 AM
Youtube salpica sangre en estos días. Los videos tienen una audiencia tan numerosa como horrorizada.
Me refiero a las crueles decapitaciones de los periodistas norteamericanos Steven Sotloff y James Foley, presumiblemente a manos de educados árabes de cultura y formación inglesas, y las filmaciones de las matanzas masivas de prisioneros que son ejecutados con disparos en la cabeza, administrados sin el menor dramatismo por asesinos vinculados al califato islámico.
Estas imágenes estremecedoras suelen provocar dos preguntas entre los espectadores.
La primera: ¿por qué estos grupos violentos filman y exhiben estas salvajadas que demuestran el grado de depravación moral en el que viven y matan?
Y la inevitable segunda: ¿cómo es posible que unos jóvenes criados en las civilizadas ciudades europeas, estadounidenses o australianas, se enrolen voluntaria y alegremente en unas bandas criminales que realizan esas repugnantes carnicerías?
La respuesta vincula las dos cuestiones: los filman porque el espectáculo de la violencia, aunque provoca el rechazo de un porcentaje de la sociedad, atrae a numerosos jóvenes, casi siempre varones, que se sienten seducidos por el espectáculo siniestro del cuchillo filoso que saja o punza profundamente la carne humana.
Así ha sido siempre. Los romanos acudían a los estadios para ver cómo los gladiadores se mataban sin compasión o las fieras se los devoraban. Los mayas se enfrentaban en un juego de pelota, parecido al balompié, que culminaba con el asesinato ritual de los perdedores ante el regocijo fanático del público.
Uno de los personajes más famosos y admirados de la Revolución Francesa fue el verdugo Charles-Henri Sanson, sexta generación de ejecutores. Por su guillotina (era suya y la fabricó un lutier que construía exquisitas violas) pasaron 3.000 personas, desde el apocado rey Luis XVI hasta los vehementes Danton y Robespierre.
Mientras realizaba su sanguinario trabajo, las mujeres cosían en la plaza, los chiquillos corrían y los hombres jugaban a los naipes. Solo aplaudían entusiasmados cuando Sanson alzaba por los cabellos la cabeza recién cercenada de su última víctima y se la mostraba a la multitud.
¿Cosas de franceses? Falso: cosas de seres humanos. Uno de los espectáculos más exitosos de nuestros días en Estados Unidos son los combates de peleadores de la Ultimate Fighting. Se patean, se rompen la cara a golpes con los puños, las rodillas y los codos, se destrozan dentro de un hexágono rodeado por una alambrada alta e inexpugnable. El público, enardecido, suele alentar a su púgil favorito incitándolo al crimen: “Mátalo”, “acábalo”. Es un mundo encharcado en sangre y adrenalina, carente de piedad. Y si eso no ocurre, si no muere el luchador derrotado, es porque el árbitro suele detener la pelea poco antes del desenlace fatal.
Se conserva una carta del Che Guevara a su primera mujer, la peruana Hilda Gadea, escrita en Cuba y fechada el 28 de enero de 1957, donde el médico argentino le cuenta que no ha muerto por medio de una frase reveladora: “Querida vieja: aquí en la selva cubana (peleaba en las guerrillas), vivo y sediento de sangre”. Poco después de escribirla pudo saciar copiosamente esa penosa urgencia.
En Centroamérica es frecuente que los mareros prueben su lealtad a la mara a la que pertenecen asesinando a un inocente. La muerte ajena se convierte en una especie de rito de paso asociado a la masculinidad. El crimen transporta al criminal a un estadio nuevo de respeto, como sucede en tribus en las que se llega a la mayoría de edad cuando se mata a un animal peligroso o se sufre algún dolor terrible infligido por el chamán o el curandero.
Nada de esto me sorprende. Hace muchos años leí un par de textos que me alertaron sobre la terrible naturaleza humana. Ambos conservan su alarmante vigencia.
El experimento de Stanley Milgram (Los peligros de la obediencia), en el que demostraba cómo las personas “normales” podían torturar hasta la muerte a unos semejantes desconocidos e inocentes, solo porque una autoridad se lo ordenaba.
Las “víctimas” del experimento, claro, fingían el dolor y las convulsiones, pero sus “verdugos” pensaban que estaban sufriendo realmente mientras ellos “aumentaban” el voltaje de la silla eléctrica en la que supuestamente agonizaba el torturado.
El segundo libro fue Sobre la agresión, obra que le ganó un premio Nobel al austríaco Konrad Lorenz, donde analizaba las secretas pulsiones que precipitaban a los hombres a atacar a otros miembros de su especie y el valor simbólico de esos actos terribles.
En esa época todavía no existía Youtube. Pero los seres humanos eran idénticos a los de ahora, a los de siempre.
*Periodista y escritor. Su último libro es la novela Tiempo de canallas.

15 de septiembre de 2014

"MI salida de la Junta Patríotica Estudiantil y Popular" por Roderick Navarro, Foro Libertad, 8 de septiembre de 2014

Este documento que con orgullo venezolano reproducimos, del dirigente juvenil, ex-presidente de la Federación de Centros Universitarios de la UCV, Roderick Navarro, es de trascendental importancia, por su contenido y por la entidad intelectual y cívica del autor.

ALFREDO CORONIL HARTMANN

Itaca 15 de septiembre de 2014

MI SALIDA DE LA JPEP

Por @RoderickNavarro de @VFutura
Las últimas semanas han sido esenciales para la definición y el posicionamiento de quienes están con una salida electoral y quienes combatimos en la Resistencia: el primer bando lo conforman la MUD y el PSUV, en el segundo Venezuela.
Los apátridas electoreros pretenden lograr dos metas: la primera,  seguir engañando a la opinión internacional con que en Venezuela existe una Democracia. La segunda, seguir mendigando dádivas del régimen comunista como salario por su fiel actuación. Nosotros, los venezolanos que hacemos resistencia, los que desobedecemos y desconocemos las reglas del juego político que impone este régimen corrupto y criminal, luchamos por desmontarlo para  instaurar  un nuevo sistema político que  garantice la Libertad y la Soberanía de Venezuela.
En este sentido, sigo hoy como ayer, reafirmando y sosteniendo las posturas que había escrito y firmado estando en la Junta Patriótica Estudiantil y Popular; creo profundamente en esos planteamientos que propusimos y comunicamos con tanto ímpetu junto a muchos de mis compañeros. Soy coherente con lo que digo, con lo que pienso y con lo que hago.
Por decisiones incompatibles al espíritu que vio surgir a la JPEP como una noble y esperanzadora organización de fuerzas vivas y honorables, me veo obligado a abandonarla. Como ha sido recurrente en nuestro país, donde nuevos movimientos reivindicativos han sido infiltrados por los partidos políticos que le hacen juego al régimen comunista, también la JPEP ha sido contaminada por grupos que insisten en ver como solución una salida electoral. Un cumulo de agrupaciones, incluyendo a Vente, están ya preparándose para la nueva farsa  electoral para elegir a la Asamblea Nacional con el ridículo argumento de no dejar los espacios vacíos. Por otra parte, Voluntad Popular sigue en su afán de legalizar el castro-comunismo a través de la propuesta constituyente que coronaría al régimen con una Constitución a la medida para un Estado comunista.
No promulgo ni estoy de acuerdo con ninguna salida electoral hasta que no se restablezca el respeto a la ley. Es para mí un punto de honor ser coherente conmigo mismo, con todos mis compañeros de lucha y con Venezuela.
Pido, por ende, que no me asocien con grupo alguno- como la JPEP- o partido político- como los que están en la MUD u otros afines y devotos a Fidel Castro- que proponga dicha ruta.
Creo en la Resistencia. Creo en Venezuela.  Estoy del lado de los venezolanos que queremos sacar de raíz a este sistema político. Estoy del lado de los que estamos convencidos de que hemos sido oprimidos por un país extranjero. Estoy del lado de los que no confiamos en la justicia ni en ninguna “institución” de este Estado fraudulento y forajido. Estoy del lado de los que sabemos ilegítimo a Nicolás Maduro. Estoy del lado de aquellos que vemos como espiritual, cultural y empíricamente la clase política actual agoniza.
Por todas estas razones,  no representamos una generación de relevo, pues no es de hombres dignos relevar lo mediocre y  lo purulento, sino dar inicio a la Venezuela Futura.
Libertad o Nada