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26 de noviembre de 2015

LOS DEMONIOS DEL GOBIERNO VENEZOLANO, por Leandro Area Pereira, http://leandroareaopina.blogspot.com/ pararescatarelporvenir.blogspot.com 26-XI-2015



LOS DEMONIOS DEL GOBIERNO VENEZOLANO


A la memoria de Luis Manuel Díaz

por: Leandro Area


A los que en Venezuela envilecen la política con el asesinato del adversario como ocurrió recién con el dirigente de la Unidad Democrática, Luis Manuel Díaz, Secretario General de Acción Democrática en Altagracia de Orituco, estado Guárico, faltando apenas días para las elecciones a través de las cuales se renovará el Parlamento, la derrota electoral de los candidatos afectos al gobierno de Nicolás Maduro calzará a la medida de sus más laberínticos demonios y miedos que no son otros sino los que se resumen en la pesadilla en la que ellos suponen, sus razones tendrán, se convertirán sus  vidas si pierden el poder. Allí se explicaría su violencia.

Al que aquí les lleve la contraria, “todo el poder para los Soviets” Lenin dixit, le tachan de enemigo del pueblo, de la revolución, “apátrida” lo insultan, bajo cualquier pretexto se le aplican otras formas de intolerancia menos brutales y sangrientas que el crimen si se quiere, como la cárcel por ejemplo, el exilio, la inhabilitación política y demás alimañas como la humillación en público frente a las cámaras u oídos de tantos radio escuchas, o a través de medios de comunicación escritos, todos de ellos, casi, que para eso ya se han convertido en unos expertos que ni en el imperio, tan absorbentes e inseguros y tan de monopolio al mismo tiempo como corresponde que si te pones a ver no hay para que extrañarse con tan buenos y flamantes maestros que se gastan.

Así que pudiera pensarse, de libreto y si así fuera, que lo que se busca con hechos como el crimen de marras, es generar temor e inhibición o antes bien encender y multiplicar odios, desprecios e iras, que todas, solas o juntas, verdaderas o falsas, son malas y perversas consejeras; fuerzas desatadas que en manos de insalubres gobiernos, como el de aquí y ahora, sin institución ninguna de contrapeso, pudieran traer funestas consecuencias para los que creemos en la Democracia; demonios, otra vez, que sueltos en una sociedad polarizada, frustrada , de tradiciones caudilleras y sin referentes de autoridad civilizada bien definidos y creíbles, sean estos carismáticos, afectivos o legales, desataría energías de venganza o revancha, en todo caso caóticas y sin control, que harían necesarias reacciones ya de guión y fuerza militar, conocidas por dictatoriales, sórdidas y cruentas.

Que la violencia sea la partera de la historia es el reino que andan provocando frente al  descalabro y  previsible fin del Socialismo del Siglo XXI, que no se necesita ser vidente, como emblema de un pasado ya muerto y más ahora con Argentina como esperanza tan cerca mordiéndoles los talones: suspensión de elecciones, estados de excepción, cesación de garantías, alteración del orden público, restricción de los derechos constitucionales, juntas cívico-militares o militares-civiles, intervenciones extranjeras, violación de la soberanía, “nos espían”, “nos invaden”, “nos roban”, paramilitarismo, magnicidios, cierre de fronteras y un largo bostezo de etcéteras que hasta ellos mismos se ríen de ellos mismos pero ahora ya en serio; cualquier cosa con tal de no perderlo todo que ya está perdido de antemano y lo saben que era ante todo aquel afecto,  que más que amor frenesí, que existía  frente a la  realidad de hoy que es de hambre, de escases, de inseguridad y de todo lo demás para ser breves y que la gente del común expresa a través de una sencilla frase: “Este gobierno ya no sirve”. La hipnosis aquella ya pasó.

Pero mire que tratándose de estos energúmenos para quienes respeto o afecto no tienen ninguna jerarquía ni prosodia, es posible cualquier trastada  y más aún sintiéndose derrotados aquí adentro y preocupados por lo que piensan y murmuran por allá los gobiernos que nos chulean y malgastan con tal de no entregar. No es cuento, ellos mismos lo dicen y de ñapa se ríen.

Ahora bien, a pesar de sonar demasiado prudente y casi que temeroso, timorato más bien, el rechazo indignado pero nunca violento, organizado y contundente en todo caso, tendría que ser la reacción que  la sociedad venezolana y sus dirigentes deberíamos demostrar frente al natural sentimiento de dolor, odio y ganas de justicia, la hoy corrupta, como reacción al asesinato, en tiempos de impunidad, de un dirigen político cuyo único pecado fue no pensar igual que los que propiciaron y ejecutaron su  crimen, sea quien sea, y creer que un país distinto era posible.

La sociedad venezolana frente a este homicidio debe levantar la voz y rechazarlo de la manera más rotunda  y dar demostración de  convencimiento republicano a través del voto, la participación y la calma, en estos momentos turbios y provocadores, calculados quiero decir, desde el poder y no caer en celadas y trampas que de ellas ya debiéramos estar curados en salud y hasta la coronilla.

Los líderes democráticos de esta hora crucial deben ser de lo más suspicaces y cautos, orientados y orientadores, unidos más que nunca si alguna vez lo fueron, pues lo que está pasando, frente a las tupidas narices de los observadores internacionales, podría ser la chispa, la celada, otro tipo de fraude, que dispare  consecuencias funestas, todas favorables a los intereses del torvo gobierno que tenemos la mala leche de padecer desde hace ya hace 17 años y que no quiere aceptar por las buenas la simple evidencia que se respira en las calles: que la gente está harta, hasta los tuétanos, de su mala gestión.

De la escalada de violencia proveniente desde hace tanto ya tanto, maliciada y malcriada, como sea, desde las más altas cumbres del gobierno, desde donde además se la estimula, invoca, acolita y premia, no es de extrañar que aparecieran tales eventos y bríos de maldad pues era previsible  que esa misma  violencia, en un clima de impunidad, fuera el instrumento con el cual es posible boicotear el proceso electoral en curso, en el que no creen sino del antifaz para afuera los representantes del más retardatario y empobrecedor de los gobiernos que en Venezuela hayamos tenido jamás nunca, que es mas allá que nunca jamás, que utilizan como franquicia burguesa el recurso legitimador de lo electoral pero frente  al cual ahora reculan con terror al ver la inmensidad y la inmediatez de su derrota.

Que no quede impune la muerte de Luis Manuel Martínez. Respeto a su ejemplo que debe convertirse en memoria.

 Leandro Area


21 de septiembre de 2015

LA PONCHERA DE FIDEL, por Leandro Area Pereira, http://leandroareaopina.blogspot.com/ pararescatarelporvenir.blogspot.com 21 de septiembre de 2015



LA PONCHERA DE FIDEL

por: Leandro Area


Sentado a la orilla de su isla personal, de espaldas al bullicio y a la gente, mirando el mar profundo y tan lejano, no deja de jugar con sus pies escamosos dentro del agua tibia y medicada, acopiada en ponchera de las de antes por uno de los enfermeros guardaespaldas que con ganas íntimas de Miami lo protegen como a un bebé barbudo.

Otrora atracción de circo, ya a su edad no es más que un espejismo, objeto raro abandonado en el rincón de su decrepitud, un radio viejo que cantó e hizo bailar a más de uno, pero que ahora solo tartamudea baboso, en ropa deportiva, aquellas canciones marineras de cuando Batista era el Sultán de aquel tibiri tábara. “Cambalache” era ya un tango famoso.

Reposan mientras tanto sobre una mesa pesada de marfil como elefante genuflexo, convenientemente acomodada debajo de un almendrón rozagante, sostenidos del capricho del viento por blancas piedras y gigantes moluscos, libros, revistas, informes técnicos con propuestas que nunca se llevarán a cabo, cartas, salutaciones, periódicos, una libreta intacta para sus notas y mensajes cifrados que ya ni escribe por rubor, sospecha o desengaño, y unas fotos de borrosos recuerdos y rostros ojerosos que a veces le hacen dar un suspiro danzón cuando nadie lo mira, para que no sepan que es humano.

Una idea está fija en su pensamiento y es la muerte que ya se le ha asomado varias veces. Sí, la pelona, la suya, la de él. Con su cruz de lagañas a cuestas, hijos, traidores y demás desaparecidos, murmullan desde el olvido, y la arena cercana, móvil y polvorosa lo descubre en su poquedad, multiplicado en un espejo microscópico e interminable. “Nada es para siempre, solo lo es la revolución”, se ampara, defiende de sí mismo y de lo que lo rodea y sigue abstraído en el mar cuya espuma lo lleva sin querer al sonsonete inconveniente aquel de “Maringá, Maringá”: “…Que después que tú partiste todo el mundo quedó triste porque amaba tú bondad”. ¿Se pondrá Leo Marini de moda nuevamente?

En esas tribulaciones, después de alcabalas, requisas y permisos, se le acerca un lleva y trae de anteojitos, calvito prematuro, con ilusiones de canciller, embajador al menos, vestido de guayabera manga larga, creyendo ganar puntos con un informe recién salido del horno, de su puño, letra y trasnocho, sobre las laberínticas conversaciones de paz que en tierra de Martí llevan hoy adelante o atrás o en neutro o en suma de todo lo contrario, el gobierno de Colombia y la guerrilla de las FARC, ejército del pueblo para más apellidos rimbombantes.

“¿Y qué se dice?”, refunfuña mirándose los pies en tanto que el fulano miope ya le extiende la carpeta de rigor sin que el anciano dé muestras de aceptarla; símbolos del poder. “Jefe”, lo llama aunque después recule y carraspee, y afirme “Comandante”, casi que con K. El “Mi” posesivo al revés, entregativo pues, vendría a continuación: “La cosa está trancada, pero poco a poco”.

“Ni que fueran estíticos, carajo”. “Es que así son estas cosas –y ahora sí y por fin y abierto– “Mi Comandante’, de tira y encoge, y la estrategia no es la de ganar-ganar como dicen en Cambridge, sino de dilatar y apurar al mismo tiempo para que parezca se está, sin estar de verdad”.

“¿Pero cómo es esa vaina Ramoncito?”, y por primera vez lo llama por su nombre de pila igual al de su padre y el interfecto que casi de vahído. “Ya yo le he dicho a los compañeritos de las FARC que las condiciones están dadas para la toma del poder; sobre todo las subjetivas. Que se olviden de montañas, de muertos, de secuestros, de barbas, de banderas coloradas, que dejen la imitación, que a ese tiempo se lo tragó la historia. No ven a Venezuela, a Nicaragua, Ecuador, Bolivia, a Brasil, Argentina, Chile, Uruguay, cada quien con su tumbao, o es que están ciegos. ¡Tráiganme un vaso de agua sin veneno, que esta maldad que siento en el cuerpo no puede ser otra cosa que muerte lenta!

“Yo se los dije: ‘Fidel, el Che, Sandino, Gaitán, el cura Camilo Torres, Tiro Fijo, todos esos son muertos, menos yo que ya casi, y hay que terminarlos de enterrar. La revolución de hoy es por las buenas y con salivita. Poder electoral, encuestas, diálogo, marketing, todo ese cachivachero burgués ahora está a nuestro favor y hay que explotarlo, para que quede claro’.

“Yo se los afirmé, ¿se dice así?, por la mitad del medio del centro en el Aula Magna de la Universidad Central de Venezuela, en 1999 con Chávez ya de presidente electo y constitucional, que la revolución de ahora no necesita ni de sangre ni de héroes; es, debe ser, una revolución tan civilizada como la de Estados Unidos y así no nos metemos con el imperialismo. ¿Para qué buscarse enemistades? ¿Para hacernos fuertes, eternos? Mírame yo. Ayer no es hoy.

Dije, pues, en Caracas: ‘Les voy a decir algo más, ustedes no pueden hacer lo que hicimos en 1959. Ustedes tendrán que tener mucha más paciencia que nosotros y me estoy refiriendo a aquella parte de la población que esté deseosa de cambios sociales y económicos radicales inmediatos en el país. Si la revolución cubana hubiese triunfado en un momento como este, no habría podido sostenerse’. ¿Te lo explico mejor, Ramón?

“O es que no saben estos tarados que la Guerra Fría terminó y hay que aprovechar antes de que vuelva a empezar, porque lo de Putin va por esos caminos.

“Ahorita, hoy, ya, la pobreza está de nuestro lado, la falta de educación, el imperio del ‘bobismo’, que es como ponerse en cuatro patas a favor del que venga con unos periquitos embusteros a criticar la democracia que ya se bajó los pantalones, se corrompió hasta los tuétanos; anda balsera. ¡Qué clase dominante ni qué ocho cuartos! Esa entelequia no existe; burguesía, lucha de clases, élites, empiriocriticismo; palabrejas de diccionarios democráticos y marxistas que ya no sirven ni para limpiarse el rabo de apolillados que andan, los libros digo. Todo ese chiste del subdesarrollo, de las élites en América Latina, no me jodan, salieron corriendo a comprarse baratijas por el mundo.

“Aprovechemos que la niña está sola, sin dictaduras a lo clásico, sin militares golpistas por ahora, con crisis inmensa de partidos políticos, con lumpen como arroz. No hay necesidad de invadirla, ni expropiarla, no es negocio. No tiene quien la cuide, ni quien la llore. Eso que tú llamas las élite en el cartapacio ese que me trajiste y que no voy a leer como imaginas, se chuparon todo lo que pudieron. Y se fueron pal’ carajo a vivir bien, a jugar golfito, sin mosquitos, sin militares, sin pueblo, sin estiércol que los vaya persiguiendo a donde vayan. No se exiliaron, se esfumaron más bien. Este mundo frondoso, diluviano, corrompido de tanta podredumbre y Caribe, además, les quedó grande, de otra talla, en sus endulzados saberes europeos. A tus élites les dio el alzhéimer tropical, ya no se acuerdan de esto o nunca lo tuvieron en mente como destino, como tumba. Le huyeron a la mortandad de peces en la orilla, a las aguas negras, al dengue, a los carajitos con los mocos afuera, a la chikungunya africana, ¡qué vaina!, al mierdero que somos. ¡Viva la democracia, camarada!

“Así, sin enemigos y con eso que ustedes siguen llamando las condiciones objetivas, como que si no hubiera pasado nada en cien años, ¡qué montaña ni qué montaña!, elecciones carajo, modernos por fin, actuales, democráticos mi sangre. La era está pariendo un corazón pero de votos, carajito.

“Diles a los compañeritos de las FARC que yo lo que les mando a decir es que le digan que ‘sí’ a todo. Mañana serán gobierno y mandarán al Estado al mismísimo sacramento del carajo; ya haremos entonces las cosas a nuestra manera. ¿No y que somos caribes? Seámoslo pues, que quiero verlo en vida. Y ese mandado es rápido, que para ayer es tarde.

“Muévete que me estoy muriendo del cansancio de oírme y de esperar que te vayas. Acuérdate de la embajada, aunque con esos lentes que tienes te pareces más bien a un tercer secretario. Anda y caliéntame el agua de la ponchera que esto se está poniendo frío y gánate unos puntos con la historia. Saludos por allá”.