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1 de enero de 2016

GERMÁN CARRERA DAMAS: "A propósito del 6D", Reporte Católico Laico, Escrito en Trabajos Especiales, 1º de enero de 2016



A propósito del 6D

A  propósito del 6D
80º Mensaje histórico (Ensayo de Historia prospectiva).-

Había considerado prudente abstenerme de tocar la importante cuestión con sólo un número y una letra simbolizada, por el cuidado de no interferir con el trato político de la misma por los agentes políticos a quienes competía, en primer lugar, orientar a la opinión pública acerca de sus posibilidades, desde el punto de vista del restablecimiento de la democracia liberal en nuestro país.
Así lo observé, si bien en mis contribuciones al Diplomado de Historia contemporánea de Venezuela, impartido en la Fundación Rómulo Betancourt, en reiteradas ocasiones expresé, y comenté, al tratar de un enfoque prospectivo del presente histórico, una consideración, estrictamente historicista, que consideraba muy oportuno recordar y, quizás, tomar en cuenta.
Consistía en que: …“no he hallado constancia histórica de un régimen democrático que hubiese sido establecido democráticamente. Tampoco la he hallado de un régimen democrático que hubiese sido restablecido democráticamente.”
Cumpliendo con un elemental deber de historiador, abonaba pruebas de lo dicho. Consistían en que mi visión de la Historia, escrita con H grande, se basaba en mi ejercicio como miembro del Buró internacional encargado de elaborar la nueva versión de la Historia del desarrollo científico y cultural de la Humanidad, además de ser coeditor del volumen VI, dedicado al Siglo XIX, y autor de lasConclusiones del mismo; como Director del Comité científico internacional encargado de la elaboración de la Historia General de América Latina; como miembro del Comité de redacción de laHistoria General del Caribe; y como miembro del Comité de redacción y editor de un volumen, de laHistoria de América Andina, patrocinada por la Universidad Andina Siomón Bolívar. En algunas de las obras mencionadas fui, igualmente, autor de capítulos sobre el siglo XIX.
Como cabía esperarlo, algunos de quienes me favorecieron al escucharme críticamente, alegaron el caso del cese de la dictadura militar y del restablecimiento de la Democracia, ocurrido en Chile; pero lo hicieron subestimando el papel desempeñado en ese tránsito por el Pronunciamiento del Alto Mando militar. Obviamente, quizás la cuestión cambiaría de significado si hubiesen actuado como ciudadanos militares, cual lúcidamente los denomina María Corina Machado; pero, en tal caso, sólo si lo hubieran hecho con sus votos; no en función del servicio llamados a prestarle a la República.



Hoy, cesando en mi decisión, me veo obligado a ocuparme de la cuestión. Lo hago movido por la preocupación que estimo suscitan recientes tesis, expuestas con motivo de la ejemplar conducta, cívica y democrática, tenida por los ciudadanos con motivo de las elecciones celebradas en el 6 de diciembre de 2015. Me refiero a las siguientes tesis:

1º. Lo acontecido careció de antecedentes significativos en lo concerniente a la participación de la sociedad y a la invocación de principios.
Resistiéndome a creer que quienes así valoran los acontecimientos, padecen del contagio de la peregrina tesis de que para derrotar a Chávez se necesita otro Chávez, -escuchada por mí no una sino muchas veces-, representantes de la oposición substituyeron la invocación de los principios de la Libertad, la Democracia y el respeto del ejercicio pleno y libre de La Soberanía popular, que orientó la instauración del Poder civil y rigió el ejercicio de la política durante más de cuatro décadas, por un discurso centrado en una lista de mercado. Esto, porque eso, y no la invocación de principios, sería comprensible por el pueblo. Por ello el resultado electoral del 6D habría sido un voto de castigo, por la escasez y la inflación; y no la reconfirmación, en las urnas electorales, de los valores que han generado la resistencia, activa y pasiva, de millones de ciudadanos durante más de una década.
Por ello, igualmente, la desestimación del papel desempeñado, en tan sostenida como heroica resistencia, por la mujer, los estudiantes universitarios, la Iglesia cristiana católica, la clase media y no pocos ciudadanos soldados, de baja y activos.

2º. Las expresiones de descontento, y hasta de franca resistencia, de sectores de la sociedad, resultaban, en el menor de los casos, redundantes; bastaba con esperar la ocasión electoral y prepararse para hacerla valer.
Durante más de una década se vivió la confusión consistente en que la disidencia expresada electoralmente lograría, pese al trucado Consejo Nacional Electoral, restablecer el régimen sociopolítico liberal-democrático. La persistencia de este erróneo  enfoque de la naturaleza del conflicto, ha llegado ahora a desestimar la eficacia de los heroicos actos de resistencia activa; entre los cuales los vividos, con grandes esfuerzos y sacrificios, en varios estados de la República. No sólo se les desdeña como estímulo de la resistencia, sino también y sobre todo como advertencia nada desdeñable dirigida a las fuerzas institucionales que han puesto de lado sus obligaciones constitucionales.

3º Los resultados electorales no deberían tener consecuencias conflictivas con el régimen así puesto en condiciones de minoría legislativa, pues quedaría abierta la posibilidad, muy civilizada, de la cohabitación.
            Quienes aún parecen no haber comprendido la naturaleza de la confrontación política padecida por los venezolanas buscan la manera de recomendar tesis colaboracionistas cuya más descabellada expresión se da en el concepto de cohabitación. Pareciera que la creen posible entre un régimen sociopolítico militar-militarista y un régimen sociopolítico liberal-democrático. ¿No están enterados de la suerte corrida por el glasnot y la perestroika; y padecida por el muerto en vida Miguel Gorbachov? Pensar en cohabitación entre un régimen totalitario que se fija como objetivo la destrucción del opositor, y uno que se funda en el ejercicio liberal de la Democracia. La semejanza de la fundamentación ideológica, y el respecto comprobado de las normas constitucionales, son requisitos irremplazables de la cohabitación política.

4º El cambio de régimen, electoralmente procurado, es posible partiendo del acertado desempeño de la nueva Asamblea Nacional.
            ¿Valdría decir confundiendo una derrota política, aunque grande, con un cambio de régimen?
            Cuando entrada la noche del 6D acariciaba la posibilidad de que este gran pueblo que siempre ha sabido superarse en sus propósitos de Libertad y Democracia, pudiese contradecir lo que acostumbraba a decir sobre tal probabilidad, mi conciencia histórica me advirtió de la que parecería ser una simpleza: ganar una batalla no significa, necesariamente, ganar una guerra. En otras palabras: infligirle una derrota a un régimen sociopolítico no significa demolerlo; mucho menos erradicarlo. No creo necesario apelar a las ya vistas reacciones del derrotado, manifiestas y activas, para hacer valer este aserto. En cambio, la Historia registra muchos casos en los cuales una victoria significó la definitiva derrota del vencedor. ¿Será necesario enumerarlas? ¿O bastará recordar el aserto del Mariscal Kutusoff cuando, enfrentado a Napoleón, produjo el aparentemente simplista aserto de que la batalla más importante es la última.

            5º La tarea primordial planteada es la de lograr una suerte de concertación nacional para enfrentar, y al menos paliar, la aguda crisis económica y financiera.
No creo que sea el momento de subestimar el hecho de que tal crisis es resultante del ejercicio despótico del Poder público por el régimen militar-militarista bolivariano, cuya instauración fue anunciada por este historiador en el instructivo, publicado, que elaboró para el Seminario de graduados que impartió durante el semestre de otoño del 2000, en el Centro de Estudios Latinoamericanos de la Universidad de Florida, en Gainesville (1ª ed. 2001; 2ª, 2005; 3ª, 2011, como “El bolivarianismo-militarismo, una ideología de reemplazo, por intoxicación ideológica propia e inducida por el fidelismo, -entendido éste como arrebato despótico, substitutivo de toda aspiración ideológica, ¿Alguien sabe algo de la Doctrina básica de la destrucción del esfuerzo republicano de los cubanos, erróneamente bautizada como La Revolución cubana?

*     *     *     *     *
            No creo razonable cerrar estas sumarias consideraciones historiográficas sobre acontecimientos que inician su evolución y desarrollo, sin dejar constancia de las dos razones que me inducen a comunicarlas por esta vía:
Estimo cumplir de esta manera con el por mí exaltado deber social del historiador venezolano, que consiste no sólo en contribuir a la fundamentación y orientación de la conciencia histórica del venezolano, sino también en explorar los procedimientos de la historia prospectiva, como generadora de elementos para esas fundamentación y orientación, ubicando el estudio de la Historia contemporánea en un largo período que, intentando penetrar en el presente histórico, desborde el presente cronológico.

Caracas, 28 de diciembre de 2015.

Germán Carrera Damas
Escuela de Historia
Facultad de Humanidades
Y Educación, U.C.V.

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24 de diciembre de 2015

Nueva aparición pública de Benedicto XVI: “El árbol de Navidad nos dice que Dios es nuestro amigo”, Reporte Católico Laico, 24 de diciembre de 2015

Nueva aparición pública de Benedicto XVI: “El árbol de Navidad nos dice que Dios es nuestro amigo”

Nueva aparición pública de Benedicto XVI: “El árbol de Navidad nos dice que Dios es nuestro amigo”
     

Agradeció al gobierno de Bavaria la donación del abeto vaticano.

“Este es un mensaje que necesitamos ahora mismo, cuando hay tantas amenazas de hostilidad y terror. Necesitamos fortalecer nuestra amistad para llevar luz al mundo”.
El Papa emérito Benedicto XVI ha aparecido en público para recibir a los representantes del gobierno de Bavaria (Alemania), para agradecer la donación del árbol de Navidad de la Plaza de San Pedro.
«Este árbol ilumina no solo la Plaza de San Pedro, sino el mundo entero», afirmó el Papa emérito, quien señaló que «todos lo pueden percibir como un signo de luz, amistad, reconciliación y bondad. Este árbol nos dice que Dios es nuestro amigo, y que por lo tanto somos hermanos los unos de los otros. Este es un mensaje que necesitamos ahora mismo, cuando hay tantas amenazas de hostilidad y terror. Necesitamos fortalecer nuestra amistad para llevar luz al mundo»
(RD/AlfayOmega)
El abeto en la Plaza de San PedroSource Logo

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6 de diciembre de 2015

¿Por qué el Concilio Vaticano II fue y es tan importante?, por: SALVADOR ARAGONÉS, Reporte Católico Laico, 6 de diciembre de 2015

¿Por qué el Concilio Vaticano II fue y es tan importante?

¿Por qué el Concilio Vaticano II fue y es tan importante?

Con motivo de cumplirse el 50 aniversario de la terminación del Concilio.


El Concilio Ecuménico Vaticano II fue el acontecimiento religioso más importante del siglo XX y probablemente el más importante desde el Concilio de Trento.¿Por qué? La Iglesia, por iniciativa de san Juan XXIII, convocó un Concilio para 1962 (sólo se han celebrado 20 concilios en toda la historia) para que la Iglesia se abriera al mundo, a todos los hombres y para que hiciera un examen de conciencia general para adaptar la presentación del Mensaje Evangélico a los tiempos modernos. El Concilio fue clausurado por el papa Pablo VI el 8 de diciembre de 1965.
El resultado fue colosal. No solo participaron las otras iglesias cristianas, especialmente las ortodoxas, sino que el mensaje del Concilio abarcó todos los temas candentes en el mundo, desde la carrera de armamentos, la paz, hasta proclamar que la dignidad de todas las personas, hombres y mujeres, del mundo es igual ante Dios, sin distinción alguna, y reclamar el cumplimiento de los derechos humanos para todos los hombres.
Por esta razón, numerosos comentarios sobre la importancia del Concilio han coincidido que ha supuesto la apertura de la Iglesia al mundo, y al mismo tiempo ha considerado al “mundo” no como una cosa mala, no como un “enemigo del alma” como decían algunos catecismos antiguos, sino que el mundo era bueno, porque lo había creado Dios, pero ha sido el hombre, a causa de su pecado de origen de Adán y Eva, el pecado original, el que lo ha afeado con su comportamiento lejano de Dios y de la Creación.
¿Qué ha conseguido cambiar el Concilio? Vaya por delante que el Concilio no vino a cambiar los principios de la fe y añadir algún dogma. El Concilio vino a cambiar el cómo explicar la fe, hacer ésta más comprensible para los hombres modernos. Es decir que se trató de un Concilio pastoral. Para ello modificó la liturgia, modernizándola y empleando las lenguas propias de cada pueblo.
Pero hizo más –y esto fue un poco fuerte—afirmó que la santidad no es cosa de obispos, o de religiosos, frailes o curas, sino que la santidad es cosa de todos y cada uno de los fieles, que pueden ser santos si ofrecen a Dios y cumplen con los deberes ordinarios de cada día, en el trabajo, en la familia y en las relaciones sociales. El Concilio abrió la puerta de la santidad a todos los hombres y mujeres, cualquiera que fuera su condición, raza, lengua, oficio o estado. Es la llamada universal a la santidad (Lumen Gentium, 40-42).
Esta llamada universal a la santidad significa que realza el papel de los laicos, los seglares, en la Iglesia, dándoles un protagonismo que ya habían tenido en la época de los Apóstoles, pero que con el tiempo se había restringido prácticamente solo a los célibes que se entregaban a Dios, sacerdotes y religiosos y religiosas.
Consecuencia de esta apertura a los laicos, se ha visto un gran florecimiento de instituciones y movimientos laicales por todo el mundo, que buscan precisamente la santidad personal y extender el Reino de Dios entre todos los hombres a lo largo y ancho de la geografía mundial.
Además, el Concilio aprobó un documento muy importante, que es la Constitución Dogmática Lumen Gentium(LG), la cual da los trazos de lo que debe ser la Iglesia en nuestros tiempos. Así, define a la Iglesia como un “sacramento o señal de la íntima unión con Dios” y con el género humano (LG, n. 1). Reafirmó que la Iglesia es una jerarquía, con el Papa en la cabeza, tal como la instituyó Jesucristo, pues Él fue quien eligió a los Apóstoles y estos eligieron a sus colabores o presbíteros. Reafirmó también la infalibilidad del Papa. Al pueblo fiel se le llamó el Pueblo de Dios que peregrina en la Tierra hacia la casa del Padre.
Por otro lado, definió muy claramente lo que es el sacerdocio, mediador entre Cristo y los hombres, a través de la administración de los sacramentos, en especial la confesión y la Eucaristía (sacerdocio ministerial) (Presbyterorum Ordinis(PO), n. 2). “La celebración eucarística es el centro de la congregación de los fieles que preside el presbítero” (PO, n.5). Este sacerdocio ministerial –que tendrá en mucho el cuidado de los pobres—deberá ejercerse en la Iglesia Latina a través del don del celibato (PO, n. 16) y se distingue del sacerdocio común de los fieles, precisamente en que a través del sacramento del Orden Sagrado queda constituido en ministro de los sacramentos y de la palabra.
¿Y quién es el Pueblo de Dios? Es el conjunto de los fieles que peregrina, como un pueblo, a la morada del Padre: “Este pueblo tiene como condición la dignidad y la libertad de los hijos de Dios, en cuyos corazones habita el Espíritu Santo. Tiene por ley el mandato del amor, como el mismo Cristo nos amó. Tiene por fin la dilatación o ampliación del Reino de Dios… hasta el fin de los tiempos” (LG, n. 9).
La Iglesia, todos los fieles, vive en  medio de los afanes comunes de los hombres, no pone su acento en la sociedad civil o los poderes temporales, sino que su misión es trascendente y cuida las relaciones de los hombres con Dios, tiene una “misión trascendente”, religiosa, y por eso es independiente de los poderes civiles los cuales cuidan del hombre en sus necesidades terrenas (Gaudium et Spes(GS), n. 76), pero ambas comunidades, la civil y la religiosa, dado que buscan el bien del hombre, aunque en ámbitos distintos, deben tener una “sana colaboración”. La Iglesia reclama “su derecho a predicar con libertad la fe, a enseñar su doctrina social… e incluso a pronunciar el juicio moral, aun en problemas políticos, si así lo exigen los derechos fundamentales de las personas o la salvación de las almas” (GS, n. 76).
Esta apertura al mundo de la Iglesia, según el Concilio, le obliga a saber ver lo bueno que hay en todas las culturas, en todas las religiones, en todos los quehaceres del hombre, ayudando a que todos los hombres y a todas las mujeres sean portadores de paz, de diálogo y entendimiento, de gozo, de amor, de libertad, teniendo en cuenta de que los hombres y las mujeres tienen todos la misma dignidad ante Dios.
También la Iglesia se proclama defensora de los “derechos del hombre” (GS, n. 41), y así el Concilio promulgó un decreto muy importante sobre el derecho de los hombres a la libertad religiosa y de conciencia (Dignitatis Humanae).
Así mismo, el Concilio proclamó el derecho de los padres a elegir la enseñanza de sus hijos, y a elegir la educación para sus hijos (Gravissimum Educationis, n. 6). Y dentro de loa derechos fundamentales no puede faltar el derecho de todo hombre a la vida, desde su concepción (GS, n. 51).
El Concilio defendió la libertad del hombre a pensar como quiera, teniendo en cuenta de que hay que diferenciar y no confundir “el error, que siempre se ha de rechazar, con el hombre equivocado, pues éste conserva siempre su dignidad como persona. Solo Dios es juez y examinador de los corazones” (GS, n. 28).
También se ocupó el Concilio de la vida religiosa (Perfectae Caritatis), del apostolado de los laicos (Apostolicam Actuositatem), de la familia (Gaudium et Spes), de las iglesias orientales (Orientalium Ecclesiarum), la actividad misionera (Ad Gentes), el ecumenismo (Unitatis Redintegratio) y los medios de comunicación (Inter Mirífica), dedicando a todos ellos un documento específico, a excepción de la familia que se engloba dentro de la Constitución Pastoral Gaudium et Spes, el gran documento del Concilio, junto con laLumen Gentium.
Desde el final del Concilio pueden verse los grandes avances que ha hecho la Igledsia, no solo en el cambio de mentalidad y en la defensa de la libertad y dignidad de las personas, sino también en el ámbito del ecumenismo, no solo entre las religiones cristianas (ortodoxos, luteranos, evangélicos, etc.), sino también con las otras religiones monoteístas, como los judíos y los musulmanes –pues como ha dicho el papa Francisco, en su reciente viaje al centro de África, “todos somos hermanos”—y también con otras religiones a incluso con el mismo ateísmo, pues la Iglesia se ocupa de todos los hombres, respetando y defendiendo su libertad y dignidad.
Rémi Prévost
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