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10 de abril de 2016

GENTIUNO PORTAL WEB, Carlos Alberto Montaner: La difícil tarea de revocar a Maduro / pararescatarelporvenir.blogspot.com 10 de abril de 2016



Carlos Alberto Montaner: La difícil tarea de revocar a Maduro

10 de abril de 2016
Revocato


Es bastante obvio que los chavistas, con Nicolás Maduro a la cabeza, no están dispuestos a cumplir las leyes y perder el poder. Las elecciones y la legalidad burguesa les eran útiles cuando tenían o podían simular que poseían la mayoría de los electores. Ahora, y desde hace unos años, sólo les queda invocar la sacrosanta revolución y gobernar apelando a la razón testicular.
La estrategia es muy simple y transparente: cuando pierden el control de alguna institución (las gobernaciones, las alcaldías, la Asamblea Nacional) la vacían de funciones reales, que pasan a ser ejercidas directamente por el Ejecutivo o núcleo duro de la dictadura.
A los representantes de la mayoría opositora los dejan figurar en el organigrama de la República, ocupando cargos nominales y cobrando todos los meses algún estipendio, pero sin poder real. Cuando protestan en las calles por esta burla a la voluntad popular, los represores asesinan a unas cuantas personas como forma de escarmiento y acusan a las víctimas de haber causado las muertes. Ésa es la increíble historia de Leopoldo López, de Antonio Ledezma y de las docenas de presos políticos que hay en el país. Estamos ante una dictadura mal disfrazada de Estado de Derecho.
Venezuela tiranía se hace leyPor eso Maduro no se va a someter al revocatotorio. Sabe, además, que puede gobernar a su antojo mediante el control del Poder Judicial, anulando todas las decisiones y acciones del Legislativo, pero ese fraudulento modelo no puede operar si la oposición ocupara el Palacio de Miraflores. El sistema quedaría descabezado.
A partir de ese punto –temen–, se iniciaría el desmantelamiento del disparate chavista. Se pondría punto final a los cuantiosos subsidios al gobierno castrista, miles de agentes de inteligencia cubanos serían devueltos a la Isla, comenzaría la cacería judicial de corruptos y narcotraficantes –un grupo tan enorme como purulento—y peligrarían –piensan— quienes han sido los pilares del peor gobierno de la historia de ese país.
Naturalmente, Maduro y el chavismo jamás asumirían que luchan por sus vidas, sus privilegios y los botines obtenidos tras el saqueo del país. Para justificar la razón testicular existen palabras o frases altisonantes como “antiimperialismo”, “revolución”, “agresión yanqui”, “neoliberalismo”, “cuarta república”, “Comandante eterno” y otras coartadas parecidas extraídas del salivero ideológico. Las excusas no faltarán jamás.
¿Qué pueden hacer los venezolanos ante esta violenta situación? El dilema es muy doloroso. Desde el punto de vista legal está justificada la resistencia activa a la tiranía. Lo dice y condona el artículo 350 de la Constitución bolivariana: “El pueblo de Venezuela, fiel a su tradición republicana, a su lucha por la independencia, la paz y la libertad, desconocerá cualquier régimen, legislación o autoridad que contraríe los valores, principios y garantías democráticos o menoscabe los derechos humanos”.
Chavismo pandilla
Pero “desconocer” es una palabra vaga. ¿Cómo pueden los venezolanos desconocer a la pandilla de malhechores que controla el país si estos no se someten a la regla de la mayoría? Ya se sabe que el camino de golpear las ollas no conduce a la libertad. Tampoco el de marchar por las calles de unas ciudades que hoy están en poder de grupos armados de malandros, como allí les llama a los delincuentes.
Tampoco ignoran los demócratas venezolanos que están prácticamente solos en su lucha. A los “hermanos” latinoamericanos les importa un rábano lo que acontezca en ese país, y los estadounidenses han decidido que Venezuela no es un peligro, sino una molestia que en algún momento implosionará debido a la infinita incompetencia de sus administradores, sin necesidad de que Washington intervenga directamente en el conflicto.
Mi vaticinio, muy impreciso e inseguro, es que un día algún oficial de las fuerzas armadas, horrorizado por el enorme desastre provocado por Maduro y los cubanos, tratará de sublevar a sus compañeros para rescatar al país, a mitad de camino entre el patriotismo y la ambición de poder, como hizo Wolfgang Larrazabal en 1958.
Bandera ensangrentadaO acaso, que un grupo de jóvenes civiles armados, convencidos de que el chavismo le ha cerrado totalmente las puertas a la democracia, se echarán a los montes o iniciarán una revuelta dentro de la estrategia guerrillera urbana, sacrificio que pudiera desencadenar el fin de la dictadura mediante sucesos hoy imponderables.
Mientras tanto, continuará el éxodo de los venezolanos más emprendedores y educados hacia cualquier punto del planeta en el que puedan rehacer sus vidas, aumentando progresivamente la pérdida de capital humano que sufre el país. Venezuela, simplemente, se desangra sin remedio. Es tristísimo.



Carlos Alberto MontanerCarlos Alberto Montaner
*Periodista y escritor
@CarlosAMontaner
Vicepresidente de la Internacional Liberal

Su último libro es la novela “Tiempo de Canallas”

27 de marzo de 2016

Rodolfo Izaguirre: Se va el caimán, GENTIUNO PORTAL WEB, / pararescatarelporvenir.blogspot.com 27 de marzo de 2016

Rodolfo Izaguirre: Se va el caimán

27 de marzo de 2016
Maduro Caimán



José María Peñaranda
José María Peñaranda
El acontecimiento ocurrió en 1941 cuando se supo, gracias a la cumbia de José María Peñaranda (1907/2006), compositor colombiano de música popular, que en la población de El Plato se volvió un hombre caimán dispuesto, a toda costa, a irse para Barranquilla. Se dice que el cocodrilo, nuestro caimán, es una divinidad de la oscuridad porque su voracidad se asemeja a la de la Noche que en cada atardecer devora al Sol. Su relación de intermediario entre la tierra y el agua hacen de él un símbolo de contradicciones. Para unos, es un ser maligno que devora y destruye; para otros, lo es de fertilidad. Es, además, dragador natural de los ríos. Pero en el antiguo Egipto no solo era imagen de la muerte sino el conductor de las almas que emprendían el largo viaje definitivo.
Todos admiramos, sin embargo, lo que comía aquel hombre caimán que insistía tanto en irse para Barranquilla porque comía queso, comía pan y bebía tragos de ron. No podría haberlo hecho en la Venezuela de Nicolás Maduro porque Nicolás ha logrado la hazaña de que este sea el único país en el mundo en el que uno entra en una panadería ¡y pregunta si hay pan! 

No hay pan 2
Nunca se llegó a saber con suficiente certeza si el hombre caimán llegó alguna vez a la costa atlántica colombiana, y fue lo primero que le pregunté a la empleada de mi casa cuando supe que era de Barranquilla. ¡Dígame una cosa: ¿ya el caimán llegó a Barranquilla? y ella sin pestañear respondió: ¡Llega para los carnavales y sigue! Me gustó la velocidad de su respuesta y la agilidad de su pensamiento y le dije, sin titubear: ¡Usted está contratada! ¡Y resultó cierto! Todos los años durante el carnaval aparecen en Barranquilla comparsas que se ocultan bajo una lona pintada como si fuese la dura piel de un saurio y se mueven por el centro de la calle bailando la cumbia que celebra al hombre que se volvió caimán.
Sin soltar nunca el acordeón no imaginó aquel albañil, plomero y electricista que fue José María Peñaranda que en 1941 conocería la gloria de que su cumbia iba a resonar por el mundo. Kiko Mendive la cantó y bailó en 1949 en una deplorable película mexicana llamada Pasiones tormentosas. (“En el puerto de La Guaira –cantaba Mendive– pescaron un tiburón y del buche le sacaron a… ¡María Antonieta Pons!”.)
El éxito de Se va el caimán, además del ritmo pegajoso y alegre propio de la cumbia, estuvo en la letra de las frases que oscilaban inocentes, socarronas y de doble sentido hasta la más aplastante vulgaridad en la medida que fueron descendiendo a niveles de una popularidad decididamente marginal.
Es más, se supo que Francisco Franco y algunos sátrapas centroamericanos ahogados en el lodazal paranoico de la mala conciencia en que vive el espíritu autoritario de los dictadores, prohibieron la canción porque creían que los aludía; ¡que ellos eran el caimán!
Maduro Caimán 2
Conozco a uno que en verdad está por irse no necesariamente a Barranquilla porque se comenta que se iría a Rusia ¡y también se dice que le falta poco para hacerlo! Que está en tercera pero basta un empujoncito para que lo pongan out en home. Irse no porque desee hacerlo, sino porque ya nadie lo quiere o lo soporta y lo está echando del gobierno hasta su propia gente. Si le hubiera tocado ser mandatario y no chofer cuando el caimán estuvo en su apogeo y bebía ron de Caldas no habría dudado de que la canción se refería exclusivamente a él, quiero decir, que lo aludía clara y directamente. De allí que sería sano y oportuno rescatar la cumbia de José María y ponerla a sonar en las radios del país o hacer que se escuche dentro de la Asamblea Nacional, en los espacios del Círculo Militar o en los pasillos del palacio de gobierno. Contribuiría no solo a abreviar la sed de venganza de las víctimas de los desaciertos bolivarianos, sino a satisfacer los anhelos de buena parte del mundo y todos cantaríamos: “¡Se fue el caimán, se fue el caimán!”, mientras movemos las caderas a paso de cumbia y él, convertido en caimán, estaría saltando la tapia del corral o escapando por la puerta del fondo cuidando de no dejar abandonada ninguna maleta como le ocurrió a Marcos Pérez Jiménez cuando escapó, rapaz, en la Vaca Sagrada huyendo como un vulgar ladrón.


Rodolfo Izaguirre
Rodolfo Izaguirre

Escritor y Crítico de Cine
izaguirreblanco@gmail.com




25 de diciembre de 2015

Carlos Alberto Montaner: El peligroso paseo del tigre, GENTIUNO PORTAL WEB, 25 DE DICIEMBRE DE 2015

Carlos Alberto Montaner: El peligroso 

paseo del tigre

25 de diciembre de 2015
Paseando un tigre

 Los españoles están jugando con fuego. Durante 40 años, tras la muerte de Franco (1975), levantaron un gran país. Puede que en el futuro comiencen a perderlo.
No fue sencillo ni perfecto, pero los españoles lograron la proeza de pasar pacíficamente de una dictadura de partido único a una democracia liberal, mucho más abierta y riesgosa, que a veces parecía imposible que cristalizara.
El problema que entonces se planteó encarnó en una disyuntiva: “ruptura o reforma”. Los españoles escogieron ambas. Hubo una ruptura política total y una reforma económica parcial.
Florecieron los partidos, se respetaron las libertades, y la sociedad, mediante mecanismos electorales, optó por transformarse en una democracia liberal, mientras dotaba al Estado del aspecto formal de las monarquías parlamentarias típicas de una parte de Europa (la más próspera, por cierto). Fue una ruptura completa del modelo político.
España siempre en desarrollo
En el terreno económico, en cambio, eligieron la reforma, plasmada en los llamados “Pactos de la Moncloa”. Existía un régimen de respeto a la propiedad privada y eso se conservó. No en balde los españoles eran dueños del 80% de las viviendas que ocupaban, tenían el 78% del PIB per cápita de la llamada Comunidad Económica Europea, el desempleo era bajo, el gasto público limitado, y existían varios millones de libretas de ahorro.
Sobre esos buenos cimientos, alcanzados en los últimos quince años de la dictadura franquista, amenazados por la inflación y el precio el petróleo, se privatizaron algunas ruinosas empresas estatales, se extendieron los beneficios de la Seguridad Social, la educación universitaria llegó a millones de jóvenes españoles, se popularizó el crédito, y el país, con el auxilio de Europa, dio un salto hacia la modernidad.
Todo eso se hizo razonablemente bien y en relativa paz, porque la inmensa mayoría de los españoles, cuando se disipó la humareda provocada por el fin del antiguo régimen y cuajaron dos grandes formaciones políticas (PSOE y Partido Popular), pudieron optar por cambiar periódicamente la gerencia del Estado sin tocar los fundamentos de la democracia liberal. Este clima de competencia dentro de un mismo sistema, a veces, desdichadamente, empañado por la corrupción, generó una enorme confianza en la estabilidad de España dentro y fuera del país.
ESPAÑA PSOE PP
En el 2015, sin embargo, el bipartidismo se ha roto, pero no por la llegada de unas nuevas formaciones políticas decididas a perfeccionar la democracia liberal, que tan buenos resultados ha generado en todo el mundo (como podría ser el caso de Ciudadanos, el partido dirigido por Albert Rivera), y muy particularmente en España, sino por un partido antisistema, Podemos, convencido de las virtudes del colectivismo y del guirigay revolucionario chavista.
Si el PSOE, hoy dirigido por Pedro Sánchez, que tiene la llave de la gobernabilidad del país tras las elecciones del 20 de diciembre, elige integrar a Podemos en una alianza contranatural que le permita alcanzar la presidencia, a la que debería agregar a Izquierda Unida y a Ezquerra Republicana, se pondrá en manos de sus enemigos. Habrá salido a pasear con un tigre hambriento asido por una cuerda de papel. Su destino (y el de España) será ser devorado.
Podemos y su líder Pablo Iglesias no creen en la economía de mercado ni en la democracia representativa. Como a buenos marxistas-leninistas, les parecen subterfugios de la burguesía para perpetuar el dominio sobre el “pueblo”. No creen en la Unión Europea, ni en el escudo protector de la OTAN. No se siente cómodos con el euro ni con la globalización. Abominan de las aperturas económicas y aplauden los empobrecedores experimentos de Venezuela.
PODEMOS y MADURO destruirán a España
Dentro de España, a ese partido y a su dirigente máximo no les importa propiciar la independencia de Cataluña, del País Vasco, Galicia, o de cualquier región que desee experimentar con la secesión, aunque ese cataclismo contradiga la voluntad de la gran mayoría de los españoles, degenere en violencia, y destruya a uno de los países más importantes de Europa. Tampoco rehúyen fomentar un peligroso enfrentamiento social porque suscriben los errores marxistas. Creen en la “lucha de clases” y la fomentan como el inevitable devenir de la sociedad. Viven en el caos y para el caos.
Tras las elecciones del 20 de diciembre la Bolsa cayó casi un cuatro por ciento. Cada día que el PSOE juegue con los fundamentos del sistema, se profundizará la crisis. Todos conocemos la metáfora: “no hay animal más cobarde que un millón de dólares”. Ese animal se esconderá para salvar el pellejo. Los inversionistas se cruzarán de brazos hasta ver qué sucede. Los capitales se fugarán discretamente. Quienes puedan, comenzarán a liquidar sus activos. Los empresarios dejarán de contratar preparándose para la época de las vacas flacas, si es que queda alguna con vida. Es lo que sucede cuando uno saca a pasear un tigre atado con una frágil cuerda de papel. Cunde el pánico.



Carlos Alberto Montaner
Carlos Alberto Montaner
*Periodista y escritor
Vicepresidente de la Internacional Liberal
@CarlosAMontaner