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23 de marzo de 2016

Debacle a la izquierda, por: Andrés Hoyos, EL ESPECTADOR, Colombia / pararescatarelporvenir.blogspot.com 23 de marzo de 2016

ANDRÉS HOYOS 22 MAR 2016 - 9:00 PM


Debacle a la izquierda

Andrés Hoyos

Recuerdo que hacia el final del primer gobierno de Lula leí un artículo que me dejó perplejo. Contaba cómo Lulinha, el hijo del presidente, se había vuelto multimillonario durante


Es posible, aunque altamente improbable, que algo así sea factible sin violar la ley, pero la ética del asunto es sencillamente escandalosa. Pese a que el artículo me dejó una espinita, me dije que si en Brasil les parecía normal que un antiguo monitor de Parque Zoológico de São Paulo se llenara de millones en un parpadeo, quién era yo para escandalizarme miles de kilómetros al norte. Pues bien, ahora sabemos que bajo aquel feo lunar se escondía un mortal melanoma.
Ocioso sería negar que la izquierda populista latinoamericana tuvo, con altibajos, su edad de oro y que tal vez falten episodios menores de la saga. Hasta teóricos posmodernos le surgieron: Ernesto Laclau y Chantal Mouffe. El mensaje implícito de la gente iba algo así: mientras el mandatario me favorezca a mí y a los míos sin pedirnos nada a cambio, sobre todo no trabajo, pues que agarre su pedazo de la torta: ladrón o no ladrón queremos a Perón. Claro, para poder favorecer a grupos amplios de la población y al mismo tiempo llenarse los bolsillos y los de sus cómplices, el populista ha de tener acceso a dinero abundante. El contraste con la socialdemocracia es nítido. Esta financia con impuestos el Estado de bienestar en el grado en que la gente lo exige y cumple la ardua tarea de cobrarlos a la población, muy en especial a los ricos. Pero al populista le fastidia cobrar impuestos, tarea dispendiosa e impopular. Necesita alguna bonanza disponible en las arcas del Estado, plata fácil. ¿Que son fuentes no renovables? Pamplinas, a gastar se dijo.
Perón, si no el inventor sí el gran promotor de esta corriente en América Latina, entendió que el grueso de la ostentación debía hacerse a la luz del día, así los giros a cuentas cifradas permanecieran ocultos. Su mujer, Evita, se vestía como una princesa, siendo evidente que aquello era imposible de costear con el sueldo de su marido; Lula y sus compinches dispusieron de las grandes reservas de Petrobras, tasadas a más de US$100 el barril, y de los altos precios de los commodities; Chávez se apropió sin parpadear de la colosal renta petrolera de Venezuela y la suplementó con los crecientes ingresos del narcotráfico; los Kirchner le dieron un buen mordisco al boom exportador argentino y, para redondear, se apropiaron de los fondos de pensiones e imprimieron dinero a la lata; Evo echó mano del gas que sus antecesores en un acto vergonzoso vendían a Brasil por debajo del precio internacional. Colombia, en contraste, vio surgir el uribismo, un populismo de derecha, más raro, alimentado sí por las modestas rentas del país, pero sobre todo por los triunfos militares sobre una guerrilla delirante.
Lo que estamos viendo en Brasil es un corolario obvio: para funcionar, el caudillo tiene que emascular el sistema judicial, pues es imposible robar a manos llenas sin dejar rastro. Y, en efecto, si uno repasa la historia de la izquierda populista latinoamericana casi siempre ve a los jueces mirando para otro lado mientras los Lulinhas se forran los bolsillos. Ahora, lenta, muy lentamente la justicia ha empezado a reaccionar echando a la cárcel a políticos corruptos, incluidos varios mandatarios y exmandatarios. ¿Se acabó la guachafita? Ojalá.

andreshoyos@elmalpensante.com, @andrewholes

25 de febrero de 2015

"La dictadura venezolana" por Andrés Hoyos, El Espectador -Colombia- 25 de febrero de 2015






ANDRÉS HOYOS 25 FEB 2015 - 12:29 AM

La dictadura venezolana

Andrés Hoyos
Al encarcelar a Antonio Ledezma, elegido alcalde de Caracas en 2013 por 709 mil votos, Nicolás Maduro y su pandilla arrojaron a la basura el último vestigio de democracia que quedaba en Venezuela y se pasaron a la columna de las dictaduras abiertas.
Por: Andrés Hoyos
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Sorprende, sin embargo, que retirada la máscara el rostro que aparece no es temible, sino ridículo. La explicación es sencilla: antes que una dictadura eficiente y feroz, la de Maduro es una dictadura bocona e inepta. Uno tiene la impresión de que al pobre grandulón se le despelotaría hasta una heladería de barrio, para no hablar de un país llevado del diablo.
A estas alturas el dictador venezolano se ha vuelto objeto de burla a lo largo y ancho del mundo. Aquí (http://bit.ly/1ACZDxd) el diario español ABC le aplica lo que en boxeo se conoce como un knock-out punch. En Cuba ni lo mencionan sus antiguos camaradas, atareados como están en acomodarse en la pugna entre Obama y el Partido Republicano. Incluso Podemos, el partido populista español, criticó la detención arbitraria de Ledezma. Nadie respeta a Maduro.
Los atropellos de los últimos días son obvios actos de debilidad, estertores que acercan el desenlace, en contraste, digamos, con Egipto, donde la dictadura militar parece en control a través del terror de Estado. No se puede olvidar que todas esas patadas de ahogado las da un presidente con los índices de popularidad por el suelo.
Poco, casi nada, va quedando de las faraónicas “instituciones” grannacionales que Chávez quiso construir con su torrente de petrodólares y de cháchara. Unasur pasa de agache y el papel de nuestro compatriota, Ernesto Samper, no puede ser más patético: no dice “digo” ni dice Diego, porque no dice nada. Poco se oye últimamente del Banco del Sur, que quizá reencarne en banco chino, ni del Gasoducto del Sur, ahora un proyecto interno de Perú; tampoco se menciona el Consejo Suramericano de Defensa, cuyas opiniones nadie quiere. A Petrocaribe se le acabó la plata y el tal Sucre (Sistema Único de Compensación Regional) es una sigla abandonada.
Borrada también quedó la noción de que a los venezolanos pobres les iba más o menos bien con la cleptocracia chavista, pues al socavar el valor del bolívar, lo primero que el gobierno socava es el poder adquisitivo de la gente. Los ricos pueden comprar dólares; los pobres deben resignarse a recibir papeles sin valor.
Los países prósperos a veces posponen ciertas decisiones dolorosas, pensando que los mercados los van a rescatar más adelante, pero si un país como Venezuela pospone las decisiones económicas fundamentales relativas a la moneda, la inflación, el costo de la gasolina y el aparato productivo, todas imbricadas entre ellas, está agravando una crisis que estallará, si no mañana, pasado mañana y con todavía mayor fuerza.
Vaya a saberse, en fin, qué ideas locas tendrá la camarilla en la cabeza: encarcelar hasta a los loros malhablados, celebrar o no las elecciones parlamentarias, pedir asilo. En gobiernos como este es imposible saber nada con certeza, pues la mentira es reina.
Los dirigentes de la MUD siguen divididos —insensatez para la que no parece haber remedio—. A Maduro, en todo caso, no lo van a tumbar las críticas internacionales, así subieran de tono como deben, ni la oposición, por más ganas que tenga. Mucho menos lo va a tumbar otra facción del chavismo, ya que nadie quiere el puesto. Maduro se está cayendo solo y por sus propios medios.

  • Andrés Hoyos | Elespectador.com