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8 de abril de 2016

¿Qué clase de pueblo somos? , por: Luis Beltrán Petrosini, Reflexionesa, "Quinto Dia" / pararescatarelporvenir.blogspot.com 8 de abril de 2016

Asunto: ARTÍCULO DE QUINTO DÍA 




¿Qué clase de pueblo somos?

Luis Beltrán Petrosini

¿De qué material estamos hechos? ¿Es que acaso tenemos sangre de horchata, o lo que es casi lo mismo, no nos corre sangre por las venas? Estas interrogantes me vienen a la mente cuando hago un ligero recuento de lo que ocurre en nuestro país en estos tiempos. Observo las expresiones de los venezolanos parados en inmensas colas frente a cadenas de farmacias, auto mercados y hasta de pequeños abastos, a muchas de las mujeres con sus pequeños hijos a cuestas. 
Lo que observo son rostros tristes, abrumados por la carencia de productos que satisfagan las necesidades básicas. Peor aún son las caras cuando un grupo de esos, cuyo “honor es su divisa”, o una fila de miembros de los centros comunales o de los grupos armados que apoyan “el proceso”, pasan tranquilamente al lado del pueblo y a los pocos minutos salen cargados de bultos llenos de todo tipo de mercancía.

 Y entonces me viene a la mente aquella soberana estupidez que pocos meses atrás pronunciara una de nuestras flamantes revolucionarias: “La gente está feliz en las colas”, lo que no es otra cosa que el cinismo elevado a su máxima expresión. Y el drama continúa cuando la mitad de ese pueblo, que está allí desde la madrugada, recibe la noticia de que se acabaron los productos, y entonces viene una suerte de estampida hacia otro mercado cercano, donde seguramente vivirá una experiencia similar. Y no pasa nada. Mañana volverán.

Mientras eso ocurre a diario, leemos la noticia de que el Hospital J.M. de los Ríos dejó de alimentar a los lactantes y noches atrás 30 niños no tuvieron su tetero para cenar porque los padres no tenían dinero para comprar las fórmulas que antes suministraba el Hospital. Y los demás centros asistenciales son una prueba palpable de la miseria en la que nos han sumido estos facinerosos que nos gobiernan. Y no pasa nada.

 El espíritu se llena de auténtica indignación al conocer la declaración atribuida al embajador Bernardo Álvarez, según la cual “es irresponsable hablar de crisis humanitaria en Venezuela”. Señor Álvarez, lo que este régimen ha provocado en Venezuela con sus políticas públicas es, sin duda alguna, una enorme crisis humanitaria, hecho que, además, constituye un delito de Lesa Humanidad, por lo que sus responsables alguna vez tendrán que ser debidamente juzgados. Difícil encontrar un país en el mundo, con los ingresos que éste ha tenido, sin guerra contra un enemigo externo -aunque la que nos desató el hampa, la común y la política, es tan terrible como una invasión externa- con esta catástrofe humanitaria que sufrimos. 

La población vive atormentada, y no pasa nada. Ingresan 434 cadáveres en la Morgue de Bello Monte sólo en el mes de marzo y hasta el último lunes, en abril han recibido 52. Y eso es lo que pasa cotidianamente.

Todo esto ocurre en el mismo momento en el que renovamos un convenio con Cuba que nos cuesta 1.400 millones de dólares, acuerdo con el que supuestamente resolveremos la crisis eléctrica y la farmacéutica. Ah, pero traen a unos milagrosos cubanos que van a sembrar comida en las aceras de las ciudades y así cesará el problema de la escasez de alimentos. Pero el pueblo sigue sin contar siquiera con un servicio confiable de agua potable y luz eléctrica. Y no pasa nada.

Al mismo tiempo que estas tragedias ocurren, cuando miramos con horror cómo el Estado no es capaz de garantizar condiciones mínimas de convivencia en la sociedad, ya son comunes los llamados linchamientos que en distintas zonas del país se están manifestando. La población venezolana ya vive una suerte de ‘sálvese quien pueda’ y está haciendo justicia por su propia mano. Es el inicio del auténtico horror. 

Pero el Gobierno se cruza de brazos, indolente, indiferente ante tanta desgracia, como si no fuera su responsabilidad. El ilustrísimo conductor de este autobús llamado pomposamente República Bolivariana de Venezuela, se ha quedado dormido y no tiene frenos, ni control alguno sobre su colectivo.

Pero no todo puede ser un cúmulo de malas noticias. Resulta que este país tiene su versión Sui generis del sueño americano. Quien trabaja para la “persona correcta”, aunque sea por poco tiempo, logra grandes beneficios. Así, los llamados ‘Papeles de Panamá’ nos han demostrado que unos funcionarios de medio y hasta de bajo nivel, algunos de ellos cuasi analfabetos, de la noche a la mañana son grandes potentados con inmensas fortunas.

 El secreto es haber estado en el sitio preciso en el momento exacto. Quien le cortara las uñas de los pies al galáctico, es merecedor de una mansión de un millón de dólares en una isla del Caribe. Quien le vendiera una batería vieja a Corpoelec con el argumento de que le va a suministrar energía eléctrica a SIDOR y que sólo le costará al Estado unos 2.000 millones de dólares, habrá realizado su sueño americano. Bienaventurados sean. Como alguna vez un ilustre venezolano recordó con ironía, si la memoria no me falla creo que fue el doctor Gonzalo Barrios: ‘En Venezuela hay que ser bien pendejo para no robar’. Pueden aparecer más ‘Papeles de Panamá’, de Andorra, de Suiza o de cincuenta bancos en las islas más raras del mundo, y no pasa nada. 

La impunidad es la consigna. Y que sigan las colas, los cortes de luz y agua, los muertos en asaltos, los secuestros a mansalva, la anarquía y el caos; no importa, esto es una revolución idiota en un pueblo humillado, pero que ahora tiene en sus manos la oportunidad de revocarle el mandato a la inútil camarilla que lo gobierna. ¿Qué clase de pueblo somos? Pronto lo sabremos.