2 de septiembre de 2015

Fracaso en la OEA y proceso de paz Por Eduardo Mackenzie, COLOMBIAN NEWS / pararescatarelporvenir.blogspot.com 2 de septiembre de 2015

Fracaso en la OEA y proceso de paz

Por Eduardo Mackenzie
2 de septiembre de 2015

Es evidente que hay una conexión directa entre el fracaso de la diplomacia colombiana y el mal llamado proceso de paz con las Farc. Un organismo de la Organización de los Estados Americanos (OEA) acaba de negarle al gobierno de Colombia la posibilidad de convocar una reunión de cancilleres para discutir y decidir una salida a la crisis creada por la tiranía de Nicolás Maduro al forzar la salida masiva de ciudadanos colombianos de Venezuela, lo que ha llevado al desplazamiento forzado de 10.000 personas, en sólo 12 días.
Absteniéndose o votando contra la propuesta de Bogotá, el bloque de países bajo la influencia del castro-chavismo fuerza así a Colombia a acudir a Unasur, un organismo de dudosa legitimidad que fue montado por Caracas para proyectar sus ambiciones, demoler la unidad interamericana y excluir de los asuntos diplomáticos del continente a los Estados Unidos, Canadá y México.
La tal Unasur, presidida por el expresidente colombiano Ernesto Samper, totalmente dócil ante Maduro, no ha condenado, ni levemente, la masiva violación de derechos humanos ordenada por Caracas contra los colombianos,  quienes están sufriendo violencias de parte de la Guardia venezolana. Ésta trata de apoderarse de los niños colombianos que huyen con sus familias bajo el pretexto de que son venezolanos. La soldadesca chavista ha violado mujeres. Ha golpeado y humillado a familias enteras cuyas humildes viviendas, además, han sido, destruidas por tractores oficiales. La actitud cómplice de Unasur ante tales crímenes anuncia que ella no votará la menor critica a  Maduro, solo condenas a Colombia. La eventual reunión de Unasur ha sido aplazada: Maduro y su ministra de relaciones exteriores, Delcy Rodríguez, se fueron de paseo por Asia.
Juan Manuel Santos esperaba, sin embargo, una actitud diferente del bloque internacional que ahora lo abandona. ¿Acaso Maduro no es aun hoy “garante” del proceso de paz? ¿Las negociaciones con las Farc no son apoyadas ruidosamente por los gobiernos izquierdistas que votan en la OEA? Santos había traicionado las expectativas de sus electores y adoptado, por el contrario, desde el primer día de su mandato, en agosto de 2010, su política interior a los requerimientos ideológico-políticos de ese bloque: abrió un proceso de vastas concesiones a las Farc bajo el disfraz de unas negociaciones secretas “de paz” en La Habana, pactó con Caracas, entre bambalinas, un fuerte distanciamiento de Washington y aceptó la creación de una comisión bilateral que regentaría las relaciones, sobre todo los asuntos fronterizos, entre Colombia y Venezuela. Colombia perdió así su autonomía y se puso a remolque de los dictados de Venezuela.
La capitulación de Santos ante el bloque izquierdista desembocó brutalmente en un aumento de la capacidad criminal y subversiva de las Farc, y en una actitud cada vez más agresiva de  Maduro en varios escenarios. Caracas permitió el vuelo ilegal de bombarderos rusos sobre el Mar Caribe colombiano, consolidó la presencia de cuarteles de las Farc en Venezuela y dificultó la represión de los tráficos de droga en la frontera. El choque entre bandas de dos carteles de droga venezolanos trató de ser eclipsado por Maduro con su agresión contra los colombianos del Táchira. La línea de gobierno irresponsable de Santos, y la impotencia de su cancillería para frenar esos desmanes, llevaron a lo ocurrido ahora y al rudo fracaso de Bogotá en la OEA.
Colombia sale de esto no solo humillada sino peligrosamente aislada y no solo en el continente. Ante el chantaje y las presiones de Caracas, ninguna democracia europea ha sido capaz de salir en defensa de Colombia pues temen las represalias de Maduro contra las firmas e inversiones europeas en Venezuela.
Las capitales occidentales no han expresado una posición de apoyo claro a Colombia y a su denuncia de violación masiva de los derechos humanos. Se contentan con poner en pie de igualdad a Colombia, país agredido, con Venezuela, país agresor, y con pedirle a ambos que arreglen el diferendo de manera “civilizada”. Le han dado la espalda a Colombia, como lo pide el embajador Roy Chaderton en la OEA.
En el plano interno, el “proceso de paz” con las Farc debilitó la institucionalidad. Agrietó las relaciones entre el poder central y las fuerzas armadas, redujo la independencia del poder legislativo, exigió modificaciones repetidas y estrafalarias a la Constitución (para garantizar formas efectivas de impunidad a los jefes narco-terroristas), agravó el desbarajuste de la justicia (la fiscalía pasó a ser un instrumento del poder ejecutivo), aumentó la presión indebida sobre la gran prensa, agravó las amenazas y violencias contra los periodistas (el intento de asesinato de Fernando Londoño Hoyos, el 15 de mayo de 2012, es el incidente más sangriento) y abrió una brecha de desconfianza durable entre el presidente Santos y la opinión pública.
Lo ocurrido ahora en la frontera con Venezuela, y los fracasos diplomáticos de Bogotá, no es más que un nuevo avatar de esa serie de desquiciamientos generados por un “proceso de paz” mal concebido y mal implementado.
Los países de la órbita chavista votaron contra el pedido de Colombia de tener una discusión en la OEA pues las Farc respaldan la orden infame de Maduro de expulsiones ilegales contra los inmigrantes colombianos.  La urgencia de todos ellos, que sí perciben el lazo estrecho entre esos dos procesos, es decretar que la “negociación de paz” no sea “afectada” por las tensiones Bogotá-Caracas. Que eso continúe y culmine hasta completar la agenda de las Farc. De inmediato, el Partido de la U, el mayor apoyo de Santos, acogió a directiva madurista. Dos líderes del Partido Liberal y del Partido Conservador piden que Colombia rompa sus relaciones diplomáticas con Venezuela, como si eso pudiera afectar a Maduro. Lo único que afectaría al mandatario venezolano, y a su bloque internacional, sería un frenazo a las aspiraciones ilegitimas de las Farc.
Cuando un país se muestra confuso en política interior y en materia de seguridad, comete errores en la esfera externa. Cuando un país no se muestra respetuoso de su propia soberanía e independencia, cuando se aproxima a la noción de Estado fallido, los otros países, sobre todos los regímenes bribones y las multinacionales del crimen,  sobre todo las alimentadas por el tráfico de drogas, no temen montar aventuras y expandir sus poderes. Y los países “amigos” y los gobiernos “moderados” evitan mostrarse de su lado.  
Cruel lección estamos recibiendo los colombianos en estos momentos. Y aún así, el gobierno de Santos parece no querer sacar las lecciones más obvias: no quiere ver que hay una línea directa entre lo de la OEA y el esperpento de Unasur, y los escenarios que están construyendo las Farc mediante el  proceso de paz, con el apoyo de un bloque de gobiernos que buscan el descalabro de Colombia para que las Farc prosperen.
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El 6D por DULCE M. TOSTA R. - sep 2, 2015 / Ludwig Moreno ludwig.moreno@gmail.com [confederacionprofesionalesvenezuela] / pararescatarelporvenir.blogspot.com





El 6D
por DULCE M. TOSTA R. - sep 2, 2015




Independientemente de los ganadores y aun cuando el CNE respete el sentido de los votos depositados en las urnas, los resultados de las elecciones del 6 de diciembre serán fatalmente espurios, por cuanto la ciudadanía estaría expresando plebiscitariamente solo una parte de su voluntad: el rechazo o el consentimiento al régimen madurista.
Ese evento debería tener como objeto la elección de los integrantes de la Asamblea Nacional, por votación «universal, directa y personalizada» según ordena el artículo 186 constitucional.
Pero, ¿se cumplirá el objeto propuesto por la Constitución? ¿Elegimos a los candidatos que llenan de mejor manera nuestras expectativas políticas, o simplemente convalidamos a los elegidos por las cúpulas de los partidos de uno y otro lado? ¿Fue democrática la preselección u obedeció a órdenes e intereses cupulares? ¿La ciudadanía es electora activa o sumisa convalidadora?
Las respuestas a estas preguntas son de suma importancia para entender el proceso político en el que estamos enfrascados y la gravedad de la situación nacional. Lamentablemente para nuestra salud cardiaca, no formamos parte de los que con candor infantil piensan que todos los «buenos» están de un lado y todos los «malos» del otro; que votar contra el régimen es propio de demócratas y hacerlo por el madurismo es asunto de locos o de fanáticos. No, la cuestión es más seria, grave y preocupante: estamos entrampados entre la pretensión del madurismo de eternizarse en el poder y los deseos de los partidos de la MUD de engordar al máximo sus nóminas de diputados que, en definitiva, a nadie representarán, pues no serán electos en virtud del apoyo de sus coterráneos, sino del hastío y rechazo provocado por un régimen corrompido que prometió mucho y, en definitiva, arruinó al País.
Esta situación sería muy distinta si la MUD hubiese estado a la altura de su compromiso histórico, llamando a elecciones primarias transparentes y universales, de manera tal que sus candidatos obedecieran a los deseos de la gente y fueran amalgama para construir un gran acuerdo nacional hinchado de participación popular. Mas no fue así, AD, PJ y UNT apelaron a las tretas de la vieja política para sacarle ganancias inmediatas al antichavismo, sin percatarse que están construyendo unas estructuras sin robustez, proclives a ceder ante el menor sismo político.
No es raro escuchar un sonoro no sé, ante la pregunta ¿nombre del candidato por quién votarás?, o también por el que sea, pues como dijo Poleo, en un ejercicio de cínica sinceridad «el nombre no importa», arriesgándose a chocar frontalmente con un aserto en sentido contrario del más ilustre de los caraqueños: «…a veces son los hombres, no los principios, los que forman los Gobiernos. Los códigos, los sistemas, los estatutos por sabios que sean son obras muertas que poco influyen sobre las sociedades ¡hombres virtuosos, hombres patriotas, hombres ilustrados constituyen las Repúblicas!»
Así, los opositores no votarán a favor de los postulados por la MUD, sino en contra de los propuestos por el PSUV; sus votos no significarán apoyo o simpatía para el señalado, sino un anodino «cualquier cosa es mejor que esto» o un «seguro que el otro es peor que tu». Triste manera de acceder a la función legislativa.
Como si no fuera suficiente el vicio de la voluntad de los electores, a ello se suman las irregularidades del inauditado Registro Electoral Permanente (REP), los circuitos organizados a la medida de los requerimientos del PSUV, el uso masivo y obsceno de los recursos del Estado a favor de los candidatos oficialistas y un CNE y un Plan República evidentemente parcializados.
Tales sumandos no pueden producir otra cosa que una suma absolutamente corrompida, que no debe tenerse como válida dentro de parámetros democráticos básicos. Por tanto, los que piensen como estadistas y no como políticos urgidos de satisfacer sus ansias de poder, deben tener entre sus metas la reconstrucción de la República, que en lo político debe encontrar su fuente de legitimidad en elecciones generales libres, universales, transparentes y, sobre todo, cuyos resultados expresen el real sentir de la ciudadanía.

Dulce M. Tosta R.  –  @DulceMTostaR

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Ensayo de golpe de Estado, Por: Andrés Hoyos, EL ESPECTADOR 2 de Septiembre de 2015


ANDRÉS HOYOS 1 SEP 2015 - 9:49 PM

Ensayo de golpe de Estado

Andrés Hoyos
No soy el primero en señarlo, pero lo que pasa en la frontera colombo-venezolana tiene muy poco que ver con los colombianos deportados, cuya cifra escandalosa ya se acerca a los 10.000, víctimas todos de una actitud canalla del gobierno de Maduro.
Por: Andrés Hoyos






Estamos, en realidad, ante un ensayo de golpe de Estado.
La cortina de humo es espesa. Es cierto, por ejemplo, que la disparidad demente entre las tasas de cambio, sumada al precio ridículo de la gasolina al otro lado de la frontera hacen que la zona se llene de malandros. ¿Riegan una montaña con alpiste y luego pretenden que no vengan los pájaros a comérselo? La culpa no es de los pájaros, sino de los que riegan el alpiste. La represión, claro, no afecta a estos malandros por la simple razón de que tienen relaciones privilegiadas con la Guardia Nacional venezolana y con el chavismo, cuando no son miembros de ambos. Vaya, entre otras, “paramilitares” esos, que no portan armas y viven el barriadas humildes, como Mi Pequeña Barinas. Han de ser paramilitares idiotas.
Un dato es esencial para entender la situación: según todas las encuestas, el chavismo tiene perdidas, por más de 20 puntos, las elecciones del 6 diciembre. Esto significa que ni siquiera un fraude electoral está al alcance del Gobierno, porque los chocorazos se vuelven inviables cuando hay que “remontar” a las malas más del 5 %, para no hablar del 20 %. Y la derrota que se le viene encima al chavismo es muchísimo más dramática que las que se ven a diario en otros países, pues ellos han justificado todos sus atropellos con la excusa de que son electoralmente invencibles.
Ahora resulta que las torpezas de Maduro no son solo económicas y de modelo de sociedad. En política está metiendo las patas hondo. Si la idea de las deportaciones era captar los votos chovinistas, sucede que esos ya los tiene, mientras que los abusos de la frontera se van a llevar a la gran mayoría de los de la comunidad colombiana, que suma cerca de dos millones de votantes potenciales. Los colombianos con doble nacionalidad serán pobres (en su mayoría), no masoquistas.
Maduro se envalentona con los colombianos de la frontera justamente porque no son unos peligrosos paramilitares, sino gente humilde y desarmada. Por fortuna —y casi no creo que tenga que escribir esto—, hasta Maduro sabe que una aventura bélica sería casi con seguridad un suicidio, de modo que no va a intentarla. Dirán algunos que podría reeditar la colosal repartición de mogolla que funcionó en las elecciones presidenciales de 2012 y 2013. Pero he ahí el dilema: el Gobierno venezolano está quebrado y no tiene mogolla para repartir. Los viejos mecanismos para sobornar al electorado se quedaron sin un real, como dicen allá. De modo que a repartir palo.
En últimas a Maduro no le va a quedar más que tragarse el dragón, porque no es un simple sapo, de un varapalo electoral en diciembre o suspender las elecciones, lo que equivale a dar un golpe de Estado. Aunque esta puede parecer una “solución” tentadora, lo más probable es que acelere el ya casi inevitable fin del régimen.
Como que la jaula con el pajarito que le conversaba don Nicolás se la llevó uno de los deportados para el otro lado del río Táchira. Ahora el pobre grandulón se quedó sin interlocutor y tendrá que conversar con doña Cilia, porque ya ni cumbias le quedan para bailar frente a su menguada audiencia.
Posdata: de la OEA y Unasur hablamos otro día.
andreshoyos@elmalpensante.com, @andrewholes
  • Andrés Hoyos | Elespectador.com

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Elogio de lo intangible…, Enfrentando el dolor psíquico… por: Rafael Muci-Mendoza, Boletín de la Academia Nacional de Medicina, Año 7,Nº81, Septiembre 2015

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Elogio de lo intangible…

Enfrentando el dolor psíquico…

por: Rafael Muci-Mendoza



Es cierto, alguna vez quise ser psicoanalista. Todo ello debido a un
psicoanálisis personal que iniciara en 1961 poco después que me graduara de
médico cirujano en la Universidad Central de Venezuela y me asaltaran en
sucesión varias crisis de pánico entremezcladas con síntomas de un síndrome
de hiperventilación. Claro que yo no sabía qué era aquello, pero sí percibía
lo perturbador que era sentirse diferente, sumergido en una amenaza
desconocida, en una experiencia indescriptible nunca sentida, percibiendo un
inminente peligro sin saber de dónde provenía, con síntomas somáticos y
psíquicos entremezclados: miedo, inestabilidad y mareo, despersonalización,
-me miraba aterrorizado en el espejo y me preguntaba si era yo aquél allí
reflejado-, desrealización –el medio familiar parecía cambiado y extraño-,
el corazón desbocado, oleadas de frío o calor y sudoración, sequedad oral,
hormiguillo en las manos, opresión torácica y dificultad respiratoria, en
fin, el caos, el no saber qué pensar, ¿un infarto? ¿una embolía pulmonar?
¿la locura misma…? ¿qué hacer, adónde ir o a quién recurrir por auxilio?
Acababa de hacer mi última pasantía como estudiante en el Hospital
Psiquiátrico de Caracas, y debo confesar que me impactó muy negativamente
conocerlo, especialmente luego que transitáramos a diario por una sala
abierta de mujeres de diversas edades, sin privacidad alguna, rodeada de
fuertes barrotes oxidados, con las camas fijas con cemento en el piso,
desnudas en pelota sin que pizca de pudor las contuviera para hacernos a los
estudiantes que pasábamos gestos soeces, y habiendo perdido toda continencia
verbal, nos invitaban a tener contacto carnal con ellas...

Parecía que ayer nomás se había liberado a los enfermos mentales de las
cadenas que sujetaban sus atemorizantes delirios, y se aconsejaba tener para
con ellos un trato más humanitario. No era aquello una muestra de
misericordia, era una prueba de filantropía. Me parecía estar viendo en el
cuadro del pintor Robert Fleury (1795), al doctor Philippe Pinel (1745-1826)
–autor de esta proeza-, médico francés que cambió la actitud de la sociedad
hacia los enfermos mentales en un ala para mujeres locas del Hospital de La
Salpêtrière de París, liberando a una paciente de sus cadenas, esas con que
eran confinados, reducidos y olvidados por su familiares y la sociedad; o al
doctor Jean Martin Charcot (1825-1893), famosísimo neurólogo francés en el
cuadro de André Brouillet (1887) asistido por su alumno Joseph Babinski
durante el "rapto histérico" de su paciente "Blanche" (Marie) Wittman, "la
reina de las histéricas¨, modelo profesional de aquél entonces que usaba el
Maestro en sus presentaciones clínicas en diversos escenarios médicos, y
quien describió la histeria y buscaba el locus cerebral donde se asentaba,
hasta que su alumno Sigmund Freud (1856-1939) reconociera que su asiento
estaba en la intangibilidad de la psique enferma...

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En una de estas últimas clases del fin de la carrera, un psiquiatra nos
había hablado con gran frialdad de la esquizofrenia y del llamado signo del
espejo. Se nos habló de la identidad del yo, esa que hace que nos sintamos
idénticos a pesar del paso del tiempo y que puede alterarse en la
esquizofrenia. Al hacer irrupción la enfermedad, el sujeto esquizofrénico
vive en su yo transformado, uno muy distinto del que conocía anteriormente,
suerte de posesión por un ente diabólico. Nos refirió el profesor que en las
fases iniciales o premonitorias de la esquizofrenia, también llamada
entonces demencia precoz, se presentaba con gran frecuencia un curioso e
importante síntoma hasta el punto de constituir una verdadera señal de
alarma en la a menudo tórpida eclosión de esta psicosis; era el signo o
síntoma del espejo o signe du miroir, llamado así desde A. Delmas, que
consiste en que el sujeto se observa repetidamente en el espejo donde no se
reconoce, tratando de comprobar si sigue siendo el mismo… Es bien conocido
el ¨síndrome del tercer año de medicina¨ donde el prospecto de médico al
través de su inmadura psiquis es aquejado por todas las patologías que va
conociendo a lo largo del tortuoso y escabroso camino del aprendizaje, una
variante de la hipocondría; mi caso fue atípico, pues apareció ya siendo un
novel médico…
A finales de la década de 1920, Paul Abély (1897-1979), emprendió el estudio
sistemático de las manifestaciones de algunos psicóticos ante el espejo
[Abély P. Le signe du miroir dans les psychoses et plus spécialement dans la
démence précoce. Ann Med Psychol. 1930].  Llamó signe du miroir al síntoma
común de control y extrañeza ante la propia imagen que devuelve el espejo, y
que parece indicar la transformación de dicha imagen en un «otro»; de ahí la
extrañeza, la captura y la angustia…

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¨El signo del espejo en las psicosis y especialmente en la demencia precoz¨,
por Paul Abély

Viví intensamente lo que creía era el signo del espejo: Un escalofrío áspero
y amenazador me corrió desde la nuca hasta los tendones de aquiles al
sentirme del todo cambiado y en las inminentes garras de la locura. Mi
hermano Fidias Elías (†) –ya graduado de médico- no estaba en casa, porque
hacía un curso de Medicina Tropical en São Paulo, Brasil; sabía que un
profesor mío vivía cerca y allá raudo me dirigí en mi Volkswagen hacia el
edificio donde vivía. Toqué el timbre del conserje quien me dijo que él ya
no vivía allí, que se había mudado… El frío decembrino reavivó mi ánimo y
fue aplacando aquellas aguas turbulentas que amenazaban con ahogarme. Era
cierto, sí, luego de la tormenta arribaría la calma tal como ocurrió; pero
ya yo no sería el mismo, amagos de la desconocida amenaza a menudo me
asaltaban cuando menos lo pensaba y perturbaban mi ánimo, el mal
presentimiento me erizaba el cuerpo, pero, ya nunca más tuve una de esas
crisis magnas, la propia ¨crisis¨, que desde esta distancia veo tranquilo y
compasivo de mí mismo como si fuera un mal sueño, una pesadilla intolerable,
pues eso fue y quedó tirado en el pasado...

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Denigrar del psicoanálisis podría ser una defensa del yo para no enfrentar
los miedos: Si es inservible, ¿cómo podría ayudarme…?

Mi hermano Fidias Elías (†) graduado de médico tres años antes, al conocer
de mi relato me dijo que le parecía una crisis nerviosa. ¿Nerviosa?, yo que
siempre había sido tan bien plantado y ecuánime, serio y tranquilo… No podía
entender que la procesión andaba por dentro y muy robusta por cierto, pero
consentí que me viera un psiquiatra amigo de él. No fue una consulta formal,
sólo una conversación de pasillo… Me dijo que yo tenía una ¨neurosis de
angustia¨ y que me aconsejaba iniciar un psicoanálisis formal; ¿y qué carajo
sería aquello? –me preguntaba-. Él se ofreció a buscarme un psicoanalista
que se encargara de mi cuidado, y así fue… Inicialmente el médico argentino,
César Ottalagano y muchos años después el venezolano Nicolás Cupello tomaron
turnos para favorecer mi madurez emocional. Estaba yo aquejado de dolor
psíquico (emocional, mental), ese que no es tangible y observable para los
otros; quien lo padece lo lleva internamente, lo rumia y, muchas veces
desconoce que lo experimenta, cerrándose a cada paso las oportunidades de
crecer, amar, trabajar o tener una vida plena. Así que enfrenté el dolor
psíquico que tiene tantas caras, tantas aristas y tantos disfraces, un angor
animi: síntoma escalofriante en el que uno tiene la certeza de que fallece,
la percepción de que está muriendo, un ominoso presentimiento con la acerada
certeza del filo de una guadaña. Hablé, me desahogué, lloré, mis miedos
fueron interpretados, nunca se me suministró un neuroléptico o un
tranquilizante, y todo fue transcurriendo a palo seco en sesiones diarias, 5
veces por semana durante 11 años con alguna interrupción en el camino; a no
dudar, una pesada pero necesaria carga económica, una inversión a futuro...
¿Demasiado…? Tal vez en el breve discurso del neurólogo británico,
aficionado a la química y escritor Oliver Sacks (1933-2015), agradeciendo
sus 50 años de psicoanálisis, dice al lector que su analista, Leonard
Shengold, "me ha enseñado sobre el poder de prestar atención, escuchando lo
que está más allá de la conciencia o de las palabras". Esto es algo de lo
mucho que me ha enseñado Sacks a través de su práctica como terapeuta y de
su trabajo como exitoso escritor de deliciosos libros sobre patologías
neurológicas, e inclusive al mostrar a todos sus propios síntomas como es el
de sufrir de prosopagnosia, condición radicada en la base cerebral, en el
gyrus fusiforme y la corteza visual, que le impide reconocer las caras de
otros, inclusive de quienes muy de cerca conoce y quiere –y de la cual sufro
en una forma muy atenuada y curiosamente, no me ocurre con las facies muchas
veces uniformes que imprime la enfermedad en mis pacientes... -

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El gyrus fusiforme y la prosopagnosia o extrañamiento de caras…

Mi psicoanálisis me sirvió de mucho, me hizo más humilde y tolerante, el
conocimiento y la riqueza adquiridos permeó en mi familia, en Graciela –más
madura que yo- y en mis hijos y aún en mi práctica de internista: me hizo
comprender cómo soma, mente y mundo exterior, imbricados e inseparables como
son, acompañan la biografía de cada individuo tanto en la salud como en la
génesis de su propia enfermedad; así, que nada me asombraba como para
paralizarme, las confidencias de mis enfermos, sus grandes o pequeñas
tragedias, podía comprenderlas sin trago grueso ni sonrojo, sin juzgarlos ni
dictaminarlos, pues los médicos somos humanos de la misma estirpe,
estableciendo al mismo tiempo una distancia saludable y cálida entre sus
problemas y los míos, y así, acompañándoles sin excusas ni resaltos he
mantenido un compromiso, pues, ¿qué tienen ellos que yo no tenga?; desde
entonces estuve y he estado dispuesto a oírles, a servir de facilitador de
ese saludable drenaje de sus angustias y temores que suplanta la píldora
farmacológica, a no sentirme omnipotente ni a adelantarles pronósticos
terribles que en sus casos particulares nunca sabría si se cumplirían, error
en que incurrimos los médicos cuando todopoderosos, ponemos más atención a
las estadísticas que a la diversidad, potencialidad y unicidad de los
enfermos que atendemos... Por supuesto, que mi formación de internista me ha
permitido también atisbar las grandes o pequeñas tragedias ¨orgánicas¨,
muchas veces prenuncio de una catástrofe corporal que podría ser prevenida…

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Pues bien, a fines de los sesenta decidí que sería psicoanalista, pero me
era muy difícil pensar en no ser internista nunca más. En las vacaciones de
1970 me fui de viaje por Suramérica con Graciela y mis hijos Rafa y Gustavo
–Chelita, nuestra hija menor aún no había nacido-. Mi sueño –aunque no muy
firme y definido todavía- era hacer inicialmente psiquiatría general y luego
irme al Clínica Tavistock en Londres y dedicarme al psicoanálisis. Cuando a
llegué a Lima, el doctor Alberto Seguín, a quien conocía por su libro,
¨Bases de la psicoterapia¨, y que adelantándose a su época, había
desarrollado la visión del enfoque integral en medicina introduciendo el
ahora reconocido modelo biopsicosocial de la enfermedad, propuso que el
hombre enferma en su integralidad y que siendo él responsable de su
comportamiento, la intervención terapéutica no puede ser unilateral, ni
menos reducirse a la esfera biológica: Al llegar tuve la ingrata noticia de
que había tenido que abandonar la ciudad, así que nunca le conocí
personalmente. Me fui a Buenos Aires con una obra que el doctor Francisco
Herrera Luque le había enviado al doctor Isaac Luchina, psicoanalista y
posteriormente autor del libro ¨El grupo Balint¨ (Editorial Paidós, Buenos
Aires, 1982). Allí conocí los llamados grupos Balint y participé en uno de
ellos. Creados por el doctor Michael Balint, psiquiatra inglés fallecido en
1971 y quien había desarrollado un sistema de formación continua de médicos
generales tendente a la resolución de las dificultades, que a nivel
psicológico, se presentaban durante la relación médico-paciente. Su
metodología fue recogida en su libro, ¨The doctor, his patient and the
illness¨ (Londres, Pitman, 1957 y reeditado en 1963), donde se asentaba que
el objetivo de seminarios con médicos generales y conducidos por un
psiquiatra entrenado era, «estudiar las implicaciones psicológicas en la
práctica de la medicina general…, que no es únicamente la ampolla del
medicamento  o la caja de comprimidos lo que importa, sino la manera cómo el
médico prescribe a su enfermo».

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Así, asentaba él que, ¨La primera medicación que administra un médico a su
enfermo, es su propia persona¨. ¡Cuánta verdad que tantos de nosotros
desconocemos! Nunca lo he olvidado, hemos sido ungidos pues, tan solo,
únicamente por presencia, somos los médicos una potente medicina, un bálsamo
tranquilizador siempre y cuando sepamos asumir el rol de un veraz y
bondadoso escuchador, pues también y como a menudo ocurre, podemos ser un
revulsivo que hiere más el alma e inclina la balanza hacia la desesperanza…

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De vuelta a Caracas, con un libro enviado al doctor Guillermo Teruel, quien
con el doctor Hernán Quijada, habían sido los primeros psicoanalistas
formados fuera del país, luego que tuviéramos una larga y cordial
conversación y supo algo de mí persona, me dijo que yo podría ser un
excelente psicoanalista. Tal vez seducido por las  palabras de quien se
consideraba entonces el Padre del Psicoanálisis, comencé a entrevistarme en
Caracas con otros 5 especialistas quienes de aprobarme, me permitirían
integrarme a ellos para iniciar mi formación. Fui aceptado por los cuatro
primeros. La última entrevista la sostuve con el doctor Hugo Domínguez,
hombre bonachón y sencillo. Sentado en su apartamento de San Bernardino, con
una pierna enyesada sobre un taburete, luego de escucharme y hacerme algunas
preguntas, me dijo,
-¨Mire doctor, sinceramente, usted no sirve para esto…¨
Allí terminaron mis devaneos con el psicoanálisis. Sus palabras, lejos de
producirme frustración o desconcierto, fueron para mí un bálsamo liberador,
sentí un inmenso alivio al confirmarme que mi alma era de internista y
profesor universitario y no de psicoanalista, lo cual de haberse concretado
habría sido un rotundo fracaso, una decisión que hubiera sido como desposar
a una mujer a quien no quería… La medicina interna y la docencia
universitaria y luego la neurooftalmología, han sido la razón de ser de mi
larga y gratificante vida profesional. He enseñado a la cabecera del enfermo
y me ha emocionado el ver trocar un bisoño en un experimentado; he guiado la
mano torpe del novel estudiante que palpa un abdomen doloroso; he enseñado
cómo auscultar un corazón mediante un estetoscopio con dos auriculares y
cómo reconocer la herida de una válvula cardíaca o el ritmo de galope
confirmación de una insuficiencia cardíaca; he guiado sus ojos para ver
minucias denunciantes en los ojos de otros a través de un oftalmoscopio; la
medicina antropológica ha estado presente en mi boca y en mi hacer durante
las revistas médicas mostrando aquello ausente de la medicina organicista:
el hombre tras la enfermedad que lo aqueja; he dictado más de 1600 charlas,
me he dejado enseñar, he influido en la vida de un número muy elevado de
estudiantes de medicina a lo largo de 46 años de presencia hospitalaria, he
formado numerosos especialistas en medicina interna y más de una treintena
de super-especialistas neurooftalmólogos siendo estos últimos oftalmólogos,
internistas, neurólogos, neurocirujanos y neuropediatras provenientes del
país y de países hermanos; por cerca de 20 años he formado parte de la
Faculty en el área de neurooftalmología del Curso Interamericano de
Oftalmología Clínica que dicta anualmente el Bascom Palmer Eye Institute de
Miami y así, he tenido oportunidad de dictar mis charlas, siempre al cierre
del Curso y a casa llena, a más de 500 participantes en su mayoría
provenientes de Hispanoamérica. A través de  mis artículos de prensa y en la
Internet he demostrado que el mejor amigo del miedo es el miedo mismo y que
cuando tenemos algo qué decir estamos obligados a decirlo… En fin, he hecho
mío el vocablo ¨servir¨, la palabra más hermosa del diccionario…

El dolor y las llagas de mi temprana inmadurez que me hacían sentir como un
¨patito feo¨, han sido restablecidas por la sana aceptación real y sin
complejos de quién soy, de lo que soy y de lo que no soy ni quiero ser, y
por ello, si me diesen la oportunidad de volver a la adolescencia o adultez
temprana, sin dudas lo rechazaría, no quisiera reproducir de nuevo el dolor
psíquico de aquellos tiempos porque en esencia, hoy día recogiendo los
frutos de aquella siembra, me siento satisfecho, feliz y emocionalmente
rico, pero siempre teniendo presente que mi labor y mi responsabilidad aún
no ha terminado, y sólo culminará cuando exhale mi último suspiro...

Mis angustias y dolores son ahora otros: la suerte de mi país sumido en un
agregado de profundos y desgarrantes problemas, penas y amenazas, y de la
medicina que he enseñado con devoción y que con saña y sevicia se intenta
destruir…

colofónColofón

¿El porqué de compartir mi historia…? Muchos caminos conducen a Roma y el
camino que yo tomé no necesariamente fue el mejor ni el más rápido ni sirve
para todo el mundo. Es simplemente una vivencia personal que quise
transmitir: El dolor psíquico es un dolor de íntimo silencio parecido al
dolor del animal, ese que enfrenta inhibiendo su acción o inmovilizando sus
miembros. Diferente del dolor físico, un sufrimiento visible, un prenuncio
simbólico de muerte expresado a través del grito, el llanto, la congoja, el
temor, la queja o la palabra que suele promover la compasión y la
colaboración de otros y los cuidados mutuos; el dolor mental no es
trasmitido a otros y suele ser un mensajero silencioso del peligro de muerte
de nuestra psiquis. Por ello cuando al pasado volvemos y recordamos con
absoluta fidelidad aquellos momentos ya buenos o malos, vivimos nuevamente
pero vivimos diferente, porque al haber superado nuestros miedos o nuestras
tristezas notamos como ascendimos un peldaño en nuestro duro proceso de
maduración, y si al pasado retornamos es para que en nuestro presente
encontremos toda la felicidad que merecemos.
Hay una muy buena oración para recordar cuando nos suceden esas cosas
desagradables propias de la vida que parecen no tener solución: «Señor,
concédeme fortaleza para solucionar lo que tiene solución; valor para
aceptar lo que ya no tiene solución, y sabiduría para saber reconocer la
diferencia».
Es una buena lección que podríamos resumir así: “Aceptar, olvidar, y seguir
adelante”.

<mailto:rafael@muci.com> rafael@muci.com; rafaelmuci@gmail.com

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ISABEL ALLENDE : USTED SE EQUIVOCA, por: Antonio Sánchez García @sangarccs / EL NACIONAL / pararescatarelporvenir.blogspot.com 2 de septiembre de 2015


ISABEL ALLENDE :
USTED SE EQUIVOCA


Sepa que me indigna y me saca de quicio tener que reconocer que Chile es lo que ha llegado a ser gracias a la histórica decisión del establecimiento político y cultural chileno – su Congreso, su Tribunal Supremo de Justicia, su Contraloría General de la República, su Fiscalía, en fin: todas las instituciones del acorralado Estado nacional que contribuyera a formar nuestro inolvidable Andrés Bello – de autorizar la intervención de las fuerzas armadas chilenas.

Antonio Sánchez García @sangarccs

            
              Conocí fugazmente a la gran novelista chilena Isabel Allende, de cuando vivía en Colinas de Bello Monte y disfrutaba de las delicias y leves encantos de un país en el que todavía se podía ser feliz e indocumentado. “El más caro del mundo”, dice ella, y no le falta razón. A pesar de lo cual a nadie le faltaba nada, una cola para intentar conseguir un litro de leche era una pesadilla tercermundista inimaginable en las barriadas populares de sus pueblos y ciudades y los viernes y sábados reventaban las cornetas acústicas de todas sus urbanizaciones y clases sociales inundando el espacio de sus dulces atardeceres con Celia Cruz y Willie Colón resonando: “Usted abusó, sacó provecho de mí abusó…” o, más al fondo del folklore caribeño la percusión de Milton Cardona requinteaba en clave de guaguancó “se me olvidó que te olvidé, a mí que nada se me olvida…” Con el violín del judío maravilloso Lewis Kahn, a quienes conociera en la 48 y Broadway en tiempos de grabar Caribe, con Soledad y Willie. La propia nota.

Recuerda Isabel Allende en un reciente artículo sobre nuestras tribulaciones sus vivencias en la Caracas de la felicidad, cuando ni ella ni ninguno de nosotros siquiera sospechaba que debajo de esa gracia, de ese maravilloso desenfado, de esa sensualidad y ese dolce far niente se anidaba la gran traición. Cuando el golpismo, cuidadosamente anidado en los cuarteles del militarismo bolivariano y en los trasnochados despachos de senadores y diputados ávidos de poder, ya inveterado pero entonces mantenido en una discreta distancia tras las bambalinas de la Venezuela saudita, criaba a los golpistas prontos a darle el zarpazo a la ingenuidad y atragantarse de represión, de maldad, de ignominia, de narcotráfico, de saqueo, de traición a nuestra soberanía. Para mayor INRI, enarbolando la bandera roja y la hoz y el martillo.

Una ignorancia en absoluto culposa. ¿Por qué habría de saber Isabel Allende que la democracia que nos permitía el goce y el disfrute de ese Caribe luminoso y vital como si de un  espontáneo regalo de los dioses  se tratara, barnizaba una realidad menos lustrosa y más, muchísimo más áspera, bárbara, violenta, primitiva, caudillesca, machetera y delincuente? ¿Por qué y cómo habría de saber nuestra exitosa novelista que mientras desayunábamos con Hernán Santa Cruz en el Hotel Savoy de Chacaíto ya existía el MBR 200 y Francisco Arias Cárdenas, Hugo Chávez, Joel Acosta Chirinos, Felipe Acosta Carlez y Jesús Urdaneta Hernández  avanzaban a paso de vencedores a echar abajo esa escenografía de la inconsciente felicidad de los venezolanos que, malagradecidos como si fuera un mal de su raza, echarían abajo a tanquetazos?

Es esa misma inconsciencia lo que explica el profundo error que comete y el imperdonable despiste que certifica cuando afirma que esa destrucción – hoy por hoy ya en estado de devastación y crisis humanitaria – es igualita a la provocada por Pinochet en Chile. Pues en Chile – y conste que hablamos con su misma autoridad moral pues llegamos a Venezuela por sus mismas o peores razones, desterrados por la dictadura militar chilena que de habernos echado manos ponía fin a esta maravillosa aventura que ha sido nuestra vida – esa destrucción ya existía y avanzaba viento en popa hacia esta misma devastación, aunque muchísimo peor por más miserable: Chile no tenía, no tiene ni tendrá la gratuita, abundosa y extravagante riqueza de sus bienes que a los venezolanos nos dispensa sin pedirnos nada a cambio la madre naturaleza. Éramos pobres de misericordia.

Y la intervención militar, un cruento y fatal accidente histórico causado por la miopía, el fanatismo, la ceguera y la monstruosa e irresponsable mezquindad de la clase política chilena – de extrema izquierda a extrema derecha – se convirtió en una necesidad histórica precisamente para evitar se consumara la devastación con la guinda de la torta de una dictadura fanática, policiaca, comisarial y totalitaria, constituyente. De otro signo, obligado es reconocerlo, que la que se impusiera desde las alturas del Poder, capaz de dejar la escena tras cumplir su cometido, mediante libres y transparentes elecciones. Lo que ni la cubana – que ya lleva 56 años - ni menos la nuestra, su satrapía – que en tiempo ya alcanzó a la chilena - , harán posible. Si tras dieciséis años de izquierdismo castrochavista, con la mayor renta petrolera jamás tenida en toda su historia contemporánea por la Venezuela prodigiosa, nuestro país se hunde en el pantano de la miseria, el crimen y la ruindad moral, ¿dónde estaría nuestro Chile del corazón, pobre de solemnidad y arrinconado en la última orilla del planeta, si no se le ponía atajo a la radicalización, se impedía el horror de una guerra civil y una dictadura socialista, castrista, mirista, comunista o como quiera llamársela? Usted, que vive y ha triunfado gracias a su imaginación, imagíneselo. Yo, con mis escasos dotes, no puedo.

Sepa que me indigna y me saca de juicio, a mí, cuya vida cambió para siempre por el pinochetazo, que en el abandono y la pobreza del destierro solía drenar mi odio contra el general asesino escribiendo poemas impresentables y cuentos de mala muerte, tener que reconocer que Chile es lo que ha llegado a ser gracias a la histórica decisión del establecimiento político y cultural chileno – su Congreso, su Tribunal Supremo de Justicia, su Contraloría General de la República, su Fiscalía, en fin: todas las instituciones del acorralado Estado nacional que contribuyera a formar nuestro inolvidable Andrés Bello – de autorizar a la intervención de las fuerzas armadas chilenas. Que salvo el uso del uniforme y la disposición sobre armas de guerra no resisten la más mínima comparación con las  fuerzas armadas venezolanas. Que en lugar de impedir la consumación de la devastación final, como hicieran las chilenas, la han propiciado y llevado a cabo. Todo por enriquecerse a manos llenas.

Otra cosa muy distinta, querida Isabel, es que en ese turbión que removiera hasta los últimos conchos de nuestra identidad nacional se nos muriera en los brazos el Chile de nuestra infancia y adolescencia: ese Chile rural y campechano, ingenuo, generoso, solidario, fiel al asilo contra los opresores, izquierdoso y ahuasado, orgulloso de sus glorias nacionales, la Batalla Naval de Iquique y el abrazo de Chacabuco. Ese Chile del vino tinto y las empanadas de horno. Para ser arrasado por el Chile de la modernidad, la globalización, las autopistas, las torres monumentales y los vertiginosos rascacielos. No podemos hacer nada por tratar de reconstruirlo, a no ser caer en la estúpida pretensión de montarnos en una retroexcavadora y querer disfrazar a Michelle Bachelet de Salvador Allende. El último intento de nuestra descerebrada izquierda marxista. Que Dios no lo quiera. O volveremos a revivir la tragedia.