Ideas para recuperar el presente y el futuro de Venezuela por Alfredo Coronil Hartmann /// "Este no es un momento de componendas sino de barrer la escoria y exigir cuentas. El daño ha sido muy profundo y hecho a propósito." Enrique Aristigueta Gramcko
14 de octubre de 2012
10 de agosto de 2012
Palabras sobre Raúl Leoni
Palabras sobre Raúl Leoni
Hoy venimos a
conversar sobre un gran venezolano, un compañero ejemplar, cuyo nombre ostenta
orgullosamente esta Fundación, Raúl Leoni Otero, guayanés, como buen venezolano
entreverado -en este caso, entre corso y
criollo- valiente, sufridor sin
aspavientos, de los primeros –entre los primeros- próceres civiles de la
democracia y la libertad en Venezuela. De Raúl Leoni se pueden recordar muchas
cosas, lo que no se puede recordar es una estridencia, un innecesario
desplante, una sirvengüenzura, una deslealtad y no es ocioso, por el contrario
quizá conveniente, en esta hora menguada de servilismo y obediencia mal
entendida, afirmar que la suya fue una lealtad muy bien entendida, lúcida,
crítica y deliberante.
La historia de la Venezuela post-colonial
(1830-1999) ofrece el ejemplo de dos importantísimas generaciones, la de la
hornada de muchachos, la inmensa mayoría de ellos pertenecientes a la clase de
los criollos blancos, propietarios inmobiliarios, hacendados, algunos con
títulos nobiliarios como Antonio José de Sucre, quien nunca utilizó el antiguo
marquesado de Preux, otros aspirantes a serlo, como los Bolívar –quizá la
familia venezolana más rica de su tiempo- pocos, poquísimos “proletarios” el más
destacado de ellos, el llanero José Antonio Páez, genio militar autodidacta y
extraordinario creador de sí mismo, sorprendentemente “ninguneado” en estas
horas de fanfarrias marciales, tambor batiente y gesticulaciones epileptoides y
nada “marciales” que se pretende y hace gala de una verborrea populachera y
revolucionaria, supuestamente al servicio del proletariado. Y la denominada
“generación del 28” .
Deberíamos decir, antes de continuar, que el
concepto de generación, como los de izquierdas y derechas, son simplificaciones
a las cuales se recurre por ahorro de tiempo y de tinta, son “valores
convenidos” legitimados por el uso y no vale la pena ahondar en ello, así en el
proceso de Independencia hombres de mayor edad como Francisco de Miranda,
Cristóbal Hurtado de Mendoza o Andrés Bello se incorporaron y contribuyeron a
guiar la gesta. La larga marcha hacia la democracia, iniciada por la Federación de
Estudiantes de Venezuela –FEV- presidida por el bachiller Raúl Leoni y liderada
igualmente por Rómulo Betancourt y Jóvito Villalba, que vio la luz en los
carnavales de 1928, también incorporó a ilustres y añejos “coleados” como
Andrés Eloy Blanco, Válmore Rodríguez, Gonzalo Barrios y Luis Beltrán Prieto
Figueroa, para equitativamente citar también muy pocos nombres.
Los coloridos y
conocidos episodios de esa manifestación de descontento y de rechazo juvenil,
fueron aplastados con la contundencia y la eficacia que caracterizaban a ese
régimen. Pronto Puerto Cabello, La
Rotunda , y las carreteras de aquella Venezuela, se vieron
llenas de muchachos que no pudieron aplicar el sonoro y enigmático
“Sacalapatalaja”, a los pesados grillos que laceraron sus tobillos, de allí al
exilio, largo, inacabable, como el “hombre de la mulera”. Después de una breve
pasantía antillana, Leoni, Rómulo, Válmore y algunos otros fueron a dar a
Colombia, Raúl invirtió unos churupos llegados de Guayana y junto a Ricardo
Montilla y otros exiliados montaron la célebre “frutería” en Barranquilla,
Rómulo que no participó en la quimérica empresa comercial, notando que no
existía en esa plaza una publicación que diera cuenta de las operaciones
notariales y registrales, se dedicó a imprimir en precario el boletín en
cuestión, eran tan pobres como inquietos intelectualmente, nos cuesta enorme
trabajo imaginarnos a estos rebeldes en tan pedestres ocupaciones. Pero ni los
frutos tropicales ni el farragoso lenguaje de las notarías, amainaron las
inquietudes de nuestros jóvenes, en 1931 nace para la Historia el “Plan de
Barranquilla”. Documento de extraordinaria trascendencia, que fue el punto de
partida del gran movimiento popular que
fue -y volverá a ser- Acción Democrática, Rómulo Betancourt, Válmore
Rodríguez, Raúl Leoni fueron sus principales “parteros” y junto a un pequeño y
selecto grupo de compañeros firmaron aquel manifiesto.
Los valores
esenciales que movieron a este excepcional grupo humano, fueron la lucha contra el continuismo, el caudillismo, la corrupción administrativa, y por el carácter eminentemente
civil de la administración pública. Fueron los creadores del primer
ensayo político de partido moderno en Venezuela: ARDI –Alianza Revolucionaria de Izquierda- ,
luego vino la
Organización Venezolana -ORVE- que estuvo integrada por
elementos de enorme valía, en muchos casos, poco homogéneos en lo ideológico
como Guillermo Meneses, Elías Toro, Isaac Pardo, Inocente Palacios quien continuó
acompañando al grupo unos años más, y tuvo el honor de ser presidida por ese
gigante del intelecto y de la finura espiritual, que fue Don Mariano Picón
Salas, a mi juicio el más grande prosista venezolano del siglo XX.
En la década de los
años treinta, en todo el orbe, la lucha entre los extremos del espectro
político fue produciendo un movimiento de imbricación de partidos y elementos
de uno u otro de ellos, así entre partidos aparentemente lejanos como el
fascismo italiano y el nacional-socialismo alemán se crearon vínculos que
terminaron casi en simbiosis. Igualmente las fuerzas llamadas progresistas
crearon en la China
del Dr.Sun Yat Sen el Kuonmintang, en el que convivían socialistas,
nacionalistas, comunistas hermanados contra el imperialismo europeo, el japonés
y los “señores de la guerra” de la propia China. En Europa se da igual
fenómeno, los denominaron “Frentes Populares”, en muchos países llegaron al
poder por votación popular, como ocurrió en Francia y en la República Española ,
en América Latina el caso más duradero fue Chile, estaba integrado por el
Partido Radical, el Partido Socialista y el Partido Comunista, ganaron tres
elecciones presidenciales consecutivas, con los candidatos radicales Pedro
Aguirre Cerda, José Antonio Rios y Gabriel Gonzalez Videla y, después de un
eclipse –relativamente prolongado- llevaron al poder a Salvador Allende. En Venezuela, en esta corriente de confluencia
de fuerzas, de unidad, coincidieron quienes venían de ARDI y de ORVE, con los
miembros del Partido Comunista de Venezuela y nace el Partido Democrático
Nacional –PDN- cuya Secretaría General desempeña inicialmente Jóvito Villalba y
la de Organización Rómulo Betancourt.
El deslinde era inevitable, no fue fácil, nada
trascendente lo es. La lucha entre otros
escenarios se daba con particular ferocidad en el campo laboral, el dogma
comunista se basa en buena medida en ser “el partido de la clase obrera”
particularmente en ese campo, Raúl Leoni, ya abogado volcado al Derecho del
Trabajo, inspiró asesoró y en buena medida dirigió a hombres que, como
Alejandro Oropeza Castillo, Pedro Bernardo Pérez salinas, Francisco Olivo, el
“cojo” Malavé, Manuelito Peñalver constituyeron la vanguardia de la fuerza que
le dio en principio a AD y a la democracia venezolana después, su punto de
apoyo esencial y al país todo, una paz laboral que permitió un
extraordinario desarrollo social, material, educativo y cultural.
Esa organización,
con los valores que hemos señalado, se vio colocada, una vez más, en una
dificilísima disyuntiva. Después del fallecimiento de Juan Vicente Gómez, su
sucesor designado Eleazar López Contreras primero y luego el sucesor designado
de este, Isaías Medina Angarita propiciaron una liberalización progresiva y una
humanización real del régimen político. Medina después de hacerles pasar una
verdadera ordalía político-administrativa, niega la legalización del PDN, así
como que su máximo líder Betancourt aparezca ocupando la Secretaría General ,
el partido acepta todas aquellas condiciones absurdas y en 1941 nace AD. Medina
tenía la mesa servida para terminar su mandato si no en “olor de santidad” que
en política no es posible, si respetado y querido por muchos venezolanos, pero
a medida que se aproxima el fin de su periodo constitucional, aquel hombre que
había logrado agrupar a una importante élite intelectual y profesional, se
aferra a la idea anti histórica y desde
luego ilegal, de que era necesario haber nacido en el Estado Táchira para ser
presidente de Venezuela.
AD se empeña,
denodadamente, en buscar una salida a la crisis que se ve venir y acepta a un
tachirense, el Dr. Diógenes Escalante, embajador en los Estados Unidos, quien a
su vez se compromete a llamar en plazo breve a elecciones universales directas
y secretas, para lograrlo Betancourt y
Leoni viajan a Washington, el impase parece subsanado, pero enferma
Escalante. Inútiles las gestiones de AD, a través de Rómulo Gallegos de aceptar
hombres bien vistos por el régimen, Oscar Augusto Machado, presidente de la
Electricidad de Caracas y el eminente médico Martín Vegas, hermano del gran
ministro de Educación de Medina, Rafael Vegas. Y así desechando todas las
propuestas del AD y a la denominada “ala dorada del PDV” (el partido oficial,
creado por una circular del Ministerio del Interior). El General-Presidente se
saca del bolsillo al más gris de sus ministros, el de agricultura, Angel
Biaggini ¡ Ah! pero era –adivinen- ¡tachirense!
En paralelo había,
ya audible, lo que en política se llama “ruido de sables”, el malestar militar
era creciente y comprensible, el propio General de División-Presidente ha
tenido que entender (puesto que él mismo era egresado de la Academia Militar)
que no era aceptable que quienes se habían formado profesionalmente estuviesen,
en la inmensa mayoría de los casos, sujetos al mando de oficiales de montonera,
no pocas veces analfabetas que los humillaban y despreciaban, porque les
faltaba el “bautismo de fuego”. Se les ha achacado, especialmente por aquellos
que en lugar de ser antimilitaristas (que debemos serlo todos incluidos los
oficiales) son anti militares, que el descontento era únicamente por
los ínfimos y ridículos sueldos, no, eso era una parte del problema, no la más
grave, ni menos la única. La conspiración militar avanzaba y crecía. Los
conjurados, a través del médico independiente Edmundo Fernández, hicieron
contacto con AD, el golpe se iba a dar con o sin el partido. Apenas 4 de sus
dirigentes conocían los contactos:
Rómulo Betancourt, Raúl Leoni, Gonzalo Barrios y Prieto Figueroa. El
Dr.Juan Pablo Pérez Alfonzo, vice-presidente de la “organización golpista”
cuando Betancourt lo llamó, desde Miraflores, a ofrecerle el Ministerio de
Fomento, creyó que Rómulo estaba preso.
Una junta de 7 miembros, cuatro civiles:
Betancourt, Leoni, Barrios, Edmundo Fernández, el maestro Prieto ocupó la
Secretaría. Raúl además de ser co-presidente asumió la cartera del Trabajo que
mantuvo además durante los 9 meses de la presidencia Constitucional de Rómulo
Gallegos.
Transcurrido “el
tiempo del desprecio” como Betancourt –parafraseando a André Malraux- denominó
a la dictadura, reiniciado el tránsito democrático, Raúl y Rómulo, Rómulo y Raúl,
cumplen la más fecunda obra moral, material, educativa, sanitaria, política y
militar de los 40 años de la democracia civil. Ambos tenían claro que frente al
asalto del castrismo no habían medias tintas posibles, perdí la cuenta de las
veces en que algunas voces le indicaban a Rómulo
la conveniencia de parlamentar con las guerrillas, su invariable respuesta era:
no se pacta con insurgentes, primero los
derroto y después conversamos. No sé con qué palabras lo diría Raúl pero hizo lo mismo, después de derrotarlos inició la
pacificación, que de otra manera no hubiese sido posible y les permitió
participar, con el nombre de UPA en la justa electoral de 1968.
La obra física del quinquenio de Raúl Leoni, fue
impresionante, ya lo hemos visto, el
legado moral, ético, humano, lo que fue como arquetipo de hombre de bien, patriota sin patrioterismo, esposo y padre
ejemplar, sus virtudes personales, lo proyectan como un excepcional paradigma de los constructores de
civilización, de democracia y de desarrollo.
Es esta estructura
la que debemos proyectar y asumir como propia –con pleno derecho- las mujeres y
los hombres de Acción Democrática, es lo que exige Venezuela, es esta hora de
humillación, colonización y vergüenza, cuando
aquellos que enfrentaron y derrotaron, Rómulo y Raúl se pavonean en dueños de
lo que no tuvieron que conquistar, sino que se los regaló ¡ para mayor oprobio
un militar ¡
Acción Democrática
no nació entre algodones, fue creada y creció siendo la auténtica vanguardia de
las mejores luchas de los Venezolanos, no del cabildeo acomodaticio de los
gabinetes ministeriales o parlamentarios. No dimos el golpe militar del 18 de
octubre de 1945, pero no pudiendo evitarlo, nos montamos en él, he iniciamos la
Revolución Democrática que el país exigía, si a Raúl, a
Rómulo, a Prieto o a Gonzalo se les hubiese “aguado el guarapo” como solía
decirse en criollo, que habría ganado el país, calarse la bota militar desde
1945 a 1958. Casi tanto tiempo como ha durado Chávez. ¡Gracias a Dios pudimos
darle al país el liderazgo que se necesitaba ¡
Ese es el compromiso de estas generaciones, no estar por
debajo del reto de la Historia, estamos ante un régimen tramposo, corrupto como
ningún otro, traidor a los mejores intereses de la Patria. Si el fraude de los
tahúres y la cobardía de los pusilánimes, pretende de nuevo estafar los
derechos del colectivo, burlar la voluntad de los ciudadanos, para mantener este engendro de
entreguismo y corrupción campante, hay que invocar aquel manifiesto del Comité
Ejecutivo Nacional ante la burla electoral de 1952, hijo de la pluma libertaria
de su Secretario General Dr. Alberto Carnevali, cuyo título define todo: A LA REBELION CIVIL, LLAMA ACCION
DEMOCRÁTICA…
Charla dictada por
el Dr. Alfredo Coronil Hartmann, en el Salón Gonzalo Barrios, de la Casa
Nacional de Acción Democrática, por invitación de la Fundación Raúl Leoni.
Caracas martes 17
de julio de 2012.
EN AMBAS RIVERAS DEL “ARAUCA VIBRADOR”.
EN AMBAS RIVERAS DEL “ARAUCA VIBRADOR”.
Por: Alfredo Coronil Hartmann *
Esp. El
Colombiano
Melómano y fanático de la
opera, siempre tuve inmensa admiración por la gran soprano Adelina Patti, quien
estuvo por más de cincuenta años en las grandes plateas del mundo, cuando uno
ha cumplido igual número de años, fatigando las teclas ( ayer de una maquinilla,
a la cual dediqué un poema “Adler 70” ,
hoy de una computadora “up to date”) sabiendo
que uno no es, definitivamente, una Adelina Patti del periodismo, sufre a veces
temores de primerizo, de allí
que, pese al importante estímulo intelectual de iniciar colaboraciones de un
diario de la entidad y circulación de El Colombiano, me haya tomado más
tiempo del que el cabria esperar de un viejo luchador en este oficio, para
iniciar estos artículos.
La convicción de que Colombia y
Venezuela comparten un destino. Destino que se afianza y supera en la antigua Nueva
Granada y que vacila y retrocede en la “nueva”
Capitanía General de 1777. La demora no podía continuar. Cuando, durante su primera presidencia,
el Dr.Rafael Caldera viajó a Bogotá, llevó en su comitiva al humanista
venezolano Arturo Uslar Pietri, durante el vuelo le dijo: “Arturo dame una
frase para mi discurso de llegada” el
aludido, tomó un papel y escribió sin una vacilación: “ He venido de Caracas a
Bogotá, sin salir de la patria de Bolívar” y ese fue el titular a ambos lados de la
frontera.
Hoy, más allá del anecdotario mediático de “el nuevo mejor amigo” y las
concesiones y guiños a la galería, es un hecho que supera las “intenciones” de
sus gobernantes, que existen diferencias mucho mayores que aquellas que
conocimos en el pasado –que fueron muchas- porque en está ocasión esas
diferencias no provienen de las “buenas o malas tripas” de uno o dos
individuos, sino que son intrínsecas a dos sistemas, a dos modelos de
desarrollo, a dos líneas de conducta política profundamente incompatibles y
enfrentadas. El presidente constitucional de Colombia podrá obtener beneficios
comerciales inmediatos –muchos de ellos, como deudas preexistentes- de
innegable justicia, el comandante-presidente de
la “República Bolivariana de Venezuela” podrá mitigar las
injustificables carencias –especialmente alimentarias- que sus erradas y
erráticas “políticas económicas”, algún nombre habrá que darles, produjeron: la
destrucción del aparato productivo nacional, tanto agropecuario como industrial.
Más allá nada se resuelve. Todos los venezolanos –no creo que sea
distinto en Colombia- que hemos tenido alguna participación en los asuntos
públicos tenemos, más o menos cerca, familiares, maestros o amigos vinculados a
las desandanzas bilaterales. Mi tío el Dr,Julian Viso, redactor del primer
Código Civil de Venezuela y Canciller de la República , fue
negociador de diferendos territoriales, mi abuelo el Dr. Domingo Antonio
Coronil, tuvo la responsabilidad de lidiar con un supuesto “casus
belli” cuando fue enviado como embajador (entonces Ministro
Plenipotenciario de Venezuela en Bogotá) en 1922 hasta 1925, nadie es ajeno de
aquel o de este lado “del Arauca vibrador” a similares o parecidas
circunstancias. No tenemos por que horrorizarnos de las dificultades que se
avecinan, tengo gran confianza en la sabiduría de la Casa de Nariño, así como en
la del Palacio de San Carlos, del lado venezolano, hoy, no existe una
cancillería digna de tal nombre, la Casa
Amarilla es un campamento más de “misioneros” improvisados,
nuestros veteranos embajadores o catedráticos de Derecho Internacional, tienen
más de una década extrañados de la vieja e histórica casona. Así resulta que,
independientemente de que sea justo o no, a los “colombianos” les va a tocar
pensar y actuar por las dos partes. Venezuela marcha hacia el final de un
régimen militarista y autoritario, que ha provocado y agredido verbalmente a
todos o casi todos los países del continente y del mundo. Colombia ha merecido
el “privilegio” de los mayores dislates verbales. No obstante en estos años de
ignominia, la democracia venezolana ha encontrado entre sus hermanos
colombianos apoyo y solidaridad, cuando conocí a Don Eduardo Santos, Venezuela
transitaba horas de democracia y progreso, pero sentí el afecto y la
solidaridad de Don Alfonso López Michelsen en este “tiempo del desprecio”
–apropiándonos el título de Andre Malraux- durante largas horas de conversación,
en su modesta casa de Miami o en algún restaurante o café de la ciudad
floridiana o en sus llamadas siempre oportunas para aludir al drama venezolano
o al colombiano. Le tocará pues a la
Casa de Nariño, marcar la pauta, en el año que venimos de
iniciar se cierra un capítulo de la historia venezolana, pareciera hoy
aventurado adelantar hipótesis sobre la forma y las características de ese
cambio impostergable. Tocará pensar “en grande” no en intereses más o menos
subalternos, en preservar la honda e indestructible afinidad y fraternidad de
dos pueblos y dos economías que se complementen y potencian. Tengo fe en que
Colombia no sucumbirá a cantos de sirena. El futuro será cada vez mejor si lo
enfrentamos codo a codo, así será.
* Polítologo y abogado venezolano, MS y Ph.D. en Administarción Pública,
exparlamentario, catedrático universitario, dirigente de la oposición.
Al borde de los cincuenta.
Al borde de
los cincuenta.
Esp.Vez.Analítica por:Alfredo Coronil Hartmann*
No, no sufro de un síndrome de juventud tardía,
simplemente y en la revisión de mis papeles, labor que me agobia ahora para
estructurar algunos temas copiosamente tratados, se me ocurrió sacar unas
cuentitas y para mi asombro descubrí que en unos tres años, cumpliré cincuenta
enfrentando este apasionante reto del papel y el ya casi innumerable número de
instrumentos de escritura.
Ese día, como
cada semana, lo había iniciado leyendo un excelente artículo de mi compañero de
la entonces denominada Comisión Permanente de Política Exterior de la Cámara de Diputados y hoy
colega de la Junta
Directiva de la
ONG Acción Popular y del Polo Constitucional.
Titular un artículo
suele presentar siempre un breve dilema. Oswaldo de cuidada y atildada
expresión verbal, muy pero muy rara vez fuera de tono, fue directo al grano y
tituló inmejorablemente, con solo tres palabras, su valeroso artículo: Renuncia,
destitución o enjuiciamiento. Todo
otro vocablo sobraba en esta hora deletérea y vergonzante que vive la República , todo estaba
dicho y lo cual es mas importante todo estaba claro en la mente del pueblo venezolano. De nuestra
capacidad de verter en acción creadora, la necesaria reconstrucción de la República dependerá el
futuro.
Venezuela ha
sido una gran paridora de líderes, porque presuponer que ha sido atacada de temprana
e injustificable esterilidad. Hay que revitalizar el brazo ejecutor,
descansándonos en los brazos de nuestras promisorias juventudes, pero no
dejarles jugar al “aprendiz de brujo” que las cosas no están para ensayitos ni
juegos de escenarios virtuales: experiencia y vigor, marchan muy bien juntas
cuando una no pretende sustituir a la otra. ¡Que así sea!
* Abogado,
politólogo, Ms. Y Ph.D.
El sereno constructor.
Recuerdo con nitidez al muy querido y respetado “viejo Leoni”, lo conocí siendo yo un adolescente que venía de un exilio europeo, Raúl y Menca, lo habían sufrido en Centro y Norte América y en aquella Cuba que tan hospitalaria fue con la diáspora venezolana de 1948. Pero los afectos y las raíces venían de lejos en el tiempo y en la distancia, el padre de Doña Carmen América, fue el General Juan Fernández Amparan jefe y caudillo del mas rancio gomecismo guayanés, mi abuelo el Dr.Domingo Antonio Coronil Gray, sirvió brevemente como Gobernador del Territorio Yuruari, y por tres períodos representó a su estado natal en el Congreso Nacional, uno como Diputado y dos como Senador –durante los cuales presidió en varias oportunidades el Poder Legislativo-, haciendo dupleta con Don Manuel Diaz Rodríguez, uno de nuestros más respetados escritores. No fueron el General Fernández y el Dr. Coronil simples “compañeros de causa”, los unió una firme y hermosa amistad, que las generaciones subsiguientes no hemos hecho sino reafirmar y cultivar.
En el otro extremo del espectro político, el joven estudiante de medicina Alfredo Antonio Coronil Ravelo y su futura esposa Renée Hartmann Viso, todavía con los textos universitarios bajo el brazo, ingresaron en un partido político clandestino, el Partido Democrático Nacional, ya para ese momento separado del Partido Comunista, y recordado, con un halo de romanticismo heroico, en la historia política venezolana simplemente por sus siglas: el PDN. Esa legendaria agrupación contaba entre sus líderes fundadores a Rómulo Betancourt, Jóvito Villalba –su primer Secretario General- y al Dr. Raúl Leoni.
Raúl Leoni venía de ser el presidente de la FEV -Federación de Estudiantes de Venezuela- en aquel 1928, que vio nacer una generación de hombres públicos y de políticos, que escribirían las mejores páginas de nuestra historia en el siglo XX. Al regreso el exilio ( durante el cual Raúl y Menca contrajeron matrimonio) mi papá y Raúl afianzaron y construyeron una firme amistad, me era muy frecuente encontrar a los Leoni, en la quinta Las Chinas, residencia de mi padre en el urbanización Altamira y muchas veces lo acompañé a visitarlos en “Puedpa” al sentimiento amistoso se aunó el que devino de su actuación como médico personal de Leoni, en lo que atañía a la traumatología, su especialidad profesional. Al margen de ese trato familiar y afectivo, yo me iniciaba en la actividad política, como dirigente juvenil de AD en el estado Miranda, aquellos años 1959-1964 fueron peligrosos y traumáticos, el “viejo” Leoni después de sus entradas, aparentemente hurañas, a las reuniones partidistas ( emitía un sonido sordo, grave, que nos llevo a bautizarlo irreverentemente como “el cigarron”) fue siempre el fiel de la balanza, la presencia de la sindéresis y la cordura, que conducía –sin parecerlo- las aguas a su cauce natural.
Hizo una gran presidencia, sin complejos ridículos, continuó aquellas obras de utilidad pública importante y mantuvo y exalto lo mejor del gran equipo humano que había ensamblado Betancourt: Rafael Alfonzo Ravard, Hector Hurtado, Juan Pablo Pérez Alfonzo y su coterráneo Leopoldo Sucre Figarella, bastan como insignes ejemplos. También mantuvo esa modalidad de nuestra política internacional conocida como “Doctrina Betancourt”. Pero ni Raúl fue nunca un “invento” de Rómulo, ni este interfirió para nada en su período de gobierno, durante el cual dramatizó su no ingerencia yéndose a vivir a Nápoles y después a Suiza. Los dos hombres se quisieron como hermanos desde su primera juventud y juntos escribieron las mejores páginas de la socialdemocracia venezolana.
Rómulo, profundamente afectado, me pidió lo acompañara al entierro de Raúl, fue una experiencia dolorosamente inolvidable. No habló mucho, yo diría muy poco, me dijo del dolor de Menca, de ellos como pareja, y concluyó: fue un gran e intachable venezolano.
Estas cuatro décadas de su desaparición física, ocurren trágicamente cuando vemos a nuestro país en un proceso de descomposición general. Después de largos años de deplorable olvido, cada vez más gentes vuelven la mirada hacia los hombres y mujeres que construyeron la Venezuela que conocimos, aquel país abierto, cálido, sin grotescos complejos fabricados y contra natura como el racismo y el “clasismo” en un país legítimamente orgulloso de su mestizaje y que disfrutó –por ponerle una fecha, desde que terminó la Guerra Federal, en realidad mucho antes- de una sociedad fluida y abierta, de una sociedad permeable sin estructuras fosilizadas, como tristemente ocurre en buena parte del continente americano.
Quiero con humildad y profundo sentimiento, unir mi voz a aquellas que, en silencio y discretamente –como a él le hubiese gustado- le rinden el más merecido de los homenajes.
Gracias Doctor Leoni, por sus luchas, por su vida, sus obras y sobre todo por el ejemplo de un transito humano que las nuevas generaciones deben asumir como un paradigma.
Una nota sobre el PRI.
Una nota sobre el PRI.
Por: Alfredo
Coronil Hartmann
Esp. El Frente
Patriótico
Acabo de leer,
unas notas de mi admiradísimo Marco Tulio Cicerón, quien salvó a Roma de la
conspiración de un aristócrata corrupto, populista y demagogo, que se llamó
Lucio Sergio Catilina, iniciador de una especie que seguimos padeciendo, no
solo en Latinoamérica.
El eximio
orador se refiere, a una información de “El Nuevo País” –diario propiedad de
ese continente de contradicciones que es Rafael Poleo- señalándolo como ocasional
vocero oficioso de AD, lo que en efecto ocurre cuando quien expresa una opinión
vinculada al viejo partido está de “buenas” con el editor.
En este caso
se trata del abogado Henry Ramos Allup, Diputado al Parlamento Latinoamericano,
quien inveteradamente ocupa la Secretaría
General , mi viejo amigo, quien ha dado una prueba
sorprendente de versatilidad, después de los sesenta le perdió el miedo a los
aviones ( Romulo Betancourt no se lo perdió nunca) y además descubrió que le gustaba e
interesaba la política internacional. Volteretas que me preocupan, no sea que
yo que le llevo escasos 7 meses de edad, vaya a descubrirme aficionado a los
deportes o las artes marciales ¡ Dios me libre ¡
El egregio
tribuno –no he leído en su fuente las declaraciones o el artículo de Henry-
señala que Ramos califica al PRI como
partido socialdemócrata, a mi juicio no lo es, esa gran organización,
extraordinaria maquinaria política, es ideológicamente, a mi juicio
invertebrada. Traté a figuras tan diversas como Don Emilio Portes Gil, Adolfo
López Mateos, Luis Echeverria Alvarez y José López Portillo y nada tenían en
común, estos 4 expresidentes. No conocí a Miguel Alemán, en mis tiempos
mexicanos, presidente vitalicio del Instituto Nacional de Turismo, usualmente
recordado por su abultado balance personal y el número de sus viviendas
palaciegas, no es ocioso apuntar que a él se debió el despegue y el desarrollo
del México moderno, en efecto el criticado presidente impulsó una reforma
tributaria, recordada por el apellido –un tanto pornográfico- de su Secretario
de Hacienda: elo Licenciado Beteta. Los recursos del Estado aumentaron
abrumadoramente y ello se tradujo en grandes obras públicas: ferrocarriles,
carreteras, escuelas, etc, etc. La monumental obra de desarrollo del Licenciado
Alemán se ve olvidada y opacada por su alegada pasión numismática. *
Con Luis Echeverria tuve contacto siendo
Secretario de Gobernación y con López Portillo de Hacienda. Tuve el honor de
almorzar, junto al compañero Luis Aquiles Moreno, con Luis Echeverria, ya
expresi dente en su casa de ciudad de México y recibí en Roma a López
Mateosquien visitó y habló largamente con Rómulo Betancourt. El termino
“socialismo” es un arcano filosófico, sirve para todo y evidentemente, como
consecuencia forzada, no sirve para nada.
Por ello
Rómulo nunca estuvo de acuerdo en la afiliación de AD a la Internacional Socialista ,
decía que el tiempo que se perdía explicando a “cual” socialismo adhería uno,
así como a cuales rechazaba, sería más útil emplearlo en hacer cosas por el
pueblo. Accedió finalmente y hasta presidió reuniones internacionales de la IS , por complacer a Gonzalo
Barrios y a Carlos Andrés Pérez. Lo gracioso de todo ello es que Betancourt en
Venezuela y Haya de la Torre
en Perú, fueron los creadores de la social-democracia real, décadas antes de
que los empastichados partidos socialistas europeos y algunos suramericanos se
deslastraran de marxismo y dogmas “obsoletos”.
La propia AD
tiene su cuota de culpa en esa decadencia, cuando CAP, atendiendo una solicitud
de los Sandinistas, que venían de hacer elecciones y entregar el poder a
Violeta Chamorro, no le quedó más remedio que llevarlos de la mano a la
IS. Fueron , junto al PSOE del incalificable
Rodríguez Zapatero, alias “Bamby”, los mejores aliados de Chávez en sus
frustrados intentos por incorporar el MBR a la Internacional. Me
tocó dirigir, personalmente, la lucha por impedirlo y hago propicia la
oportunidad para expresar mi eterna gratitud al compañero Shimon Peres –actual
Presidente de Israel- , a Felipe González, Luis Yáñez-Barnuevo García, Alfonso
Guerra, Guillermo Galeote y Elena Flores, entre otros muchos compañeros de la
gente seria del PSOE, por su apoyo en esas –para ellos- muy difíciles
circunstancias. Afortunadamente los peronistas no son miembros, ni
el PT de Lula, si lo son los socialistas chilenos, dignos del Premio Nobel de
inconsecuencia política, no solo se cansaron de halagar y adular a Chávez, sino
que no fueron en sus gobiernos capaces de ofrecer u otorgar un solo asilo, en
ese querido país, a los opositores venezolanos, adecos o no, a diferencia de
los integrantes del Partido Radical Social-Demócrata y del propio PPD de
Ricardo Lagos. Conservo, para la historia, un edulcorado diploma de “gratitud”
en metal, del PSCh a Acción Democrática por su generosísimo apoyo durante la
dictadura de Pinochet. Así se escribe la historia…
*En oportunidad menos “seria” podría relatarles
alguna anécdota del general Beteta, hermano del ministro, quien había sido
Director o Presidente del Instituto de Ferrocarriles.
7 de mayo de 2012
La tragedia del sombrero
La tragedia del sombrero.
POR: · PUBLICADO EL 25/04/2012
Contemplando el panorama de esta Venezuela del siglo XXI, es fácil llegar a creer en su desuso general, ha caído en disuetudo, diría un colega maracucho amigo mío. Y conste, sin hacerle el juego al “debate” edulcorado del gobierno y las oposiciones, que semejante holganza del cerebro no es exclusivo de los chavistas, no, muy por el contrario casi llego a creer que es peor entre los denodados opositores, quizá, porque a algunos que conocimos en mejores tiempos, llegamos a atribuirles dotes que por lo visto nunca poseyeron o agotaron.
Sin entrar en el temas realmente trascendentes o al menos preocupantes, que estamos cansados de ventilar nacional e internacionalmente, me voy a referir a uno que es pedestre, por esencia, substancia, inconsistencia, propios e intrínsecos, de verdad verdad. Las virtudes y los pecados, por supuesto al cuadrado, del magistrado Aponte Aponte.
Resulta impresionante ver títulos tan vacuos como “¿SABE USTED QUIEN ES ELADIO APONTE APONTE?” casi escucho una musiquita radial “de suspenso” que precedía, en mi casi remota infancia, a los capítulos de “Tamakun…el vengador errante”. Si ilustres bolsas, todos sabemos cuales credenciales se requieren, en este régimen, para llenar el prontuario que los cargos por él desempeñados exigen, ese no es el punto, lo que califica a un testigo es el conocimiento de los hechos sobre los cuales va a testificar, y aceptemos que por mucho que los respetemos y admiremos, ni Baltazar Porras, ni Luis Ugalde, ni Germán Carrera Damas o Blás Bruni Celli le dan por los pies a Aponte Aponte en esas materias, es mas son unos ignorantes a tambor batiente y banderas desplegadas.
Dejemos pues que el “Magistrado”, a imagen y semejanza del régimen al cual sirvió, declare sobre las materias de su indiscutible y respetabilísima experiencia (aún no me adapto –se me cayó la cédula- al termino “experticia” que me retrotrae a mis estudios de Derecho y me parece un anglicismo). Los términos como “traidor”, “desertor”, entregado al imperio y otras monsergas déjenselos al PSUV. La fiesta, letra y música es de ellos.
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