10 de agosto de 2012

EN AMBAS RIVERAS DEL “ARAUCA VIBRADOR”.


EN AMBAS RIVERAS DEL “ARAUCA VIBRADOR”.
Por: Alfredo Coronil Hartmann*

Esp. El Colombiano 

     Melómano y fanático de la opera, siempre tuve inmensa admiración por la gran soprano Adelina Patti, quien estuvo por más de cincuenta años en las grandes plateas del mundo, cuando uno ha cumplido igual número de años, fatigando las teclas ( ayer de una maquinilla, a la cual dediqué un poema “Adler 70”, hoy de una computadora “up to date”)     sabiendo que uno no es, definitivamente, una Adelina Patti del periodismo, sufre a veces temores de primerizo, de allí que, pese al importante estímulo intelectual de iniciar colaboraciones de un diario de la entidad y circulación de El Colombiano, me haya tomado más tiempo del que el cabria esperar de un viejo luchador en este oficio, para iniciar estos artículos.
 La convicción de que Colombia y Venezuela comparten un destino. Destino que se afianza y supera en la antigua Nueva Granada y que vacila y retrocede en la “nueva”  Capitanía General de 1777.  La demora no podía continuar. Cuando, durante su primera presidencia, el Dr.Rafael Caldera viajó a Bogotá, llevó en su comitiva al humanista venezolano Arturo Uslar Pietri, durante el vuelo le dijo: “Arturo dame una frase para mi discurso de llegada”  el aludido, tomó un papel y escribió sin una vacilación: “ He venido de Caracas a Bogotá, sin salir de la patria de Bolívar”  y ese fue el titular a ambos lados de la frontera.
Hoy, más allá del anecdotario mediático de “el nuevo mejor amigo” y las concesiones y guiños a la galería, es un hecho que supera las “intenciones” de sus gobernantes, que existen diferencias mucho mayores que aquellas que conocimos en el pasado –que fueron muchas- porque en está ocasión esas diferencias no provienen de las “buenas o malas tripas” de uno o dos individuos, sino que son intrínsecas a dos sistemas, a dos modelos de desarrollo, a dos líneas de conducta política profundamente incompatibles y enfrentadas. El presidente constitucional de Colombia podrá obtener beneficios comerciales inmediatos –muchos de ellos, como deudas preexistentes- de innegable justicia, el comandante-presidente de  la “República Bolivariana de Venezuela” podrá mitigar las injustificables carencias –especialmente alimentarias- que sus erradas y erráticas “políticas económicas”, algún nombre habrá que darles, produjeron: la destrucción del aparato productivo nacional, tanto agropecuario como industrial.
Más allá nada se resuelve. Todos los venezolanos –no creo que sea distinto en Colombia- que hemos tenido alguna participación en los asuntos públicos tenemos, más o menos cerca, familiares, maestros o amigos vinculados a las desandanzas bilaterales. Mi tío el Dr,Julian Viso, redactor del primer Código Civil de Venezuela y Canciller de la República, fue negociador de diferendos territoriales, mi abuelo el Dr. Domingo Antonio Coronil, tuvo la responsabilidad de lidiar con un supuesto “casus belli” cuando fue enviado como embajador (entonces Ministro Plenipotenciario de Venezuela en Bogotá) en 1922 hasta 1925, nadie es ajeno de aquel o de este lado “del Arauca vibrador” a similares o parecidas circunstancias. No tenemos por que horrorizarnos de las dificultades que se avecinan, tengo gran confianza en la sabiduría de la Casa de Nariño, así como en la del Palacio de San Carlos, del lado venezolano, hoy, no existe una cancillería digna de tal nombre, la Casa Amarilla es un campamento más de “misioneros” improvisados, nuestros veteranos embajadores o catedráticos de Derecho Internacional, tienen más de una década extrañados de la vieja e histórica casona. Así resulta que, independientemente de que sea justo o no, a los “colombianos” les va a tocar pensar y actuar por las dos partes. Venezuela marcha hacia el final de un régimen militarista y autoritario, que ha provocado y agredido verbalmente a todos o casi todos los países del continente y del mundo. Colombia ha merecido el “privilegio” de los mayores dislates verbales. No obstante en estos años de ignominia, la democracia venezolana ha encontrado entre sus hermanos colombianos apoyo y solidaridad, cuando conocí a Don Eduardo Santos, Venezuela transitaba horas de democracia y progreso, pero sentí el afecto y la solidaridad de Don Alfonso López Michelsen en este “tiempo del desprecio” –apropiándonos el título de Andre Malraux- durante largas horas de conversación, en su modesta casa de Miami o en algún restaurante o café de la ciudad floridiana o en sus llamadas siempre oportunas para aludir al drama venezolano o al colombiano. Le tocará pues a la Casa de Nariño, marcar la pauta, en el año que venimos de iniciar se cierra un capítulo de la historia venezolana, pareciera hoy aventurado adelantar hipótesis sobre la forma y las características de ese cambio impostergable. Tocará pensar “en grande” no en intereses más o menos subalternos, en preservar la honda e indestructible afinidad y fraternidad de dos pueblos y dos economías que se complementen y potencian. Tengo fe en que Colombia no sucumbirá a cantos de sirena. El futuro será cada vez mejor si lo enfrentamos codo a codo, así será.

* Polítologo y abogado venezolano, MS y Ph.D. en Administarción Pública, exparlamentario, catedrático universitario, dirigente de la oposición. 

Al borde de los cincuenta.


Al borde de los cincuenta.


Esp.Vez.Analítica                                                      por:Alfredo Coronil  Hartmann*


No, no sufro  de un síndrome de juventud tardía, simplemente y en la revisión de mis papeles, labor que me agobia ahora para estructurar algunos temas copiosamente tratados, se me ocurrió sacar unas cuentitas y para mi asombro descubrí que en unos tres años, cumpliré cincuenta enfrentando este apasionante reto del papel y el ya casi innumerable número de instrumentos de escritura.
Ese día, como cada semana, lo había iniciado leyendo un excelente artículo de mi compañero de la entonces denominada Comisión Permanente de Política Exterior de la Cámara de Diputados y hoy colega de la Junta Directiva de la ONG Acción Popular y del Polo Constitucional.
Titular un artículo suele presentar siempre un breve dilema. Oswaldo de cuidada y atildada expresión verbal, muy pero muy rara vez fuera de tono, fue directo al grano y tituló inmejorablemente, con solo tres palabras, su valeroso artículo: Renuncia, destitución o enjuiciamiento.  Todo otro vocablo sobraba en esta hora deletérea y vergonzante que vive la República, todo estaba dicho y lo cual es mas importante todo estaba claro  en la mente del pueblo venezolano. De nuestra capacidad de verter en acción creadora, la necesaria reconstrucción de la República dependerá el futuro.

Venezuela ha sido una gran paridora de líderes, porque presuponer que ha sido atacada de temprana e injustificable esterilidad. Hay que revitalizar el brazo ejecutor, descansándonos en los brazos de nuestras promisorias juventudes, pero no dejarles jugar al “aprendiz de brujo” que las cosas no están para ensayitos ni juegos de escenarios virtuales: experiencia y vigor, marchan muy bien juntas cuando una no pretende sustituir a la otra. ¡Que así sea!



* Abogado, politólogo, Ms. Y Ph.D.

El sereno constructor.


Presidente Raul Leoni
Recuerdo con nitidez al muy querido y respetado “viejo Leoni”, lo conocí siendo yo un adolescente que venía de un exilio europeo, Raúl y Menca, lo habían sufrido en Centro y Norte América y en aquella Cuba que tan hospitalaria fue con la diáspora venezolana de 1948. Pero los afectos y las raíces venían de lejos en el tiempo y en la distancia, el padre de Doña Carmen América, fue el General Juan Fernández Amparan jefe y caudillo del mas rancio gomecismo guayanés, mi abuelo el Dr.Domingo Antonio Coronil Gray, sirvió brevemente como Gobernador del Territorio Yuruari, y por tres períodos representó a su estado natal en el Congreso Nacional, uno como Diputado y dos como Senador –durante los cuales presidió en varias oportunidades el Poder Legislativo-, haciendo dupleta con Don Manuel Diaz Rodríguez, uno de nuestros más respetados escritores. No fueron el General Fernández y el Dr. Coronil simples “compañeros de causa”, los unió una firme y hermosa amistad, que las generaciones subsiguientes no hemos hecho sino reafirmar y cultivar.
En el otro extremo del espectro político, el joven estudiante de medicina Alfredo Antonio Coronil Ravelo y su futura esposa Renée Hartmann Viso, todavía con los textos universitarios bajo el brazo, ingresaron en un partido político clandestino, el Partido Democrático Nacional, ya para ese momento separado del Partido Comunista, y recordado, con un halo de romanticismo heroico,  en la historia política venezolana simplemente por sus siglas: el PDN. Esa legendaria agrupación contaba entre sus líderes fundadores a Rómulo Betancourt, Jóvito Villalba –su primer Secretario General- y al Dr. Raúl Leoni.
Raúl Leoni venía de ser el presidente de la FEV -Federación de Estudiantes de Venezuela- en aquel 1928, que vio nacer una generación de hombres públicos y de políticos, que escribirían las mejores páginas de nuestra historia en el siglo XX. Al regreso el exilio ( durante el cual Raúl y Menca contrajeron matrimonio) mi papá y Raúl afianzaron y construyeron una firme amistad, me era muy frecuente encontrar a los Leoni, en la quinta Las Chinas, residencia de mi padre en el urbanización Altamira y muchas veces lo acompañé a visitarlos en “Puedpa” al sentimiento amistoso se aunó el que devino de su actuación como médico personal de Leoni, en lo que atañía a la traumatología, su especialidad profesional. Al margen de ese trato familiar y afectivo, yo me iniciaba en la actividad política, como dirigente juvenil de AD en el estado Miranda, aquellos años 1959-1964 fueron peligrosos y traumáticos, el “viejo” Leoni después de sus entradas, aparentemente hurañas, a las reuniones partidistas ( emitía un sonido sordo, grave, que nos llevo a bautizarlo irreverentemente como “el cigarron”) fue siempre el fiel de la balanza, la presencia de la sindéresis y la cordura, que conducía –sin parecerlo- las aguas a su cauce natural.
Hizo una gran presidencia, sin complejos ridículos, continuó aquellas obras de utilidad pública importante y mantuvo y exalto lo mejor del gran equipo humano que había ensamblado Betancourt: Rafael Alfonzo Ravard, Hector Hurtado, Juan Pablo Pérez Alfonzo y su coterráneo Leopoldo Sucre Figarella, bastan como insignes ejemplos. También mantuvo esa modalidad de nuestra política internacional conocida como “Doctrina Betancourt”. Pero ni Raúl fue nunca un “invento” de Rómulo, ni este interfirió para nada en su período de gobierno, durante el cual dramatizó su no ingerencia yéndose a vivir a Nápoles y después a Suiza. Los dos hombres se quisieron como hermanos desde su primera juventud y juntos escribieron las mejores páginas de la socialdemocracia venezolana.
Rómulo, profundamente afectado, me pidió lo acompañara al entierro de Raúl, fue una experiencia dolorosamente inolvidable. No habló mucho, yo diría muy poco, me dijo del dolor de Menca, de ellos como pareja, y concluyó: fue un gran e intachable venezolano.
Estas cuatro décadas de su desaparición física, ocurren trágicamente cuando vemos a nuestro país en un proceso de descomposición general. Después de largos años de deplorable olvido, cada vez más gentes vuelven la mirada hacia los hombres y mujeres que construyeron la Venezuela que conocimos, aquel país abierto, cálido, sin grotescos complejos fabricados y contra natura como el racismo y el “clasismo” en un país legítimamente orgulloso de su mestizaje y que disfrutó –por ponerle una fecha, desde que terminó la Guerra Federal, en realidad mucho antes- de una sociedad fluida y abierta, de una sociedad permeable sin estructuras fosilizadas, como tristemente ocurre en buena parte del continente americano.
Quiero con humildad y profundo sentimiento, unir mi voz a aquellas que, en silencio y discretamente –como a él le hubiese gustado- le rinden el más merecido de los homenajes.
Gracias Doctor Leoni, por sus luchas, por su vida, sus obras y sobre todo por el ejemplo de un transito humano que las nuevas generaciones deben asumir como un paradigma.

Una nota sobre el PRI.


Una nota sobre el PRI.



Por: Alfredo Coronil Hartmann
Esp. El Frente Patriótico

Acabo de leer, unas notas de mi admiradísimo Marco Tulio Cicerón, quien salvó a Roma de la conspiración de un aristócrata corrupto, populista y demagogo, que se llamó Lucio Sergio Catilina, iniciador de una especie que seguimos padeciendo, no solo en Latinoamérica.
El eximio orador se refiere, a una información de “El Nuevo País” –diario propiedad de ese continente de contradicciones que es Rafael Poleo- señalándolo como ocasional vocero oficioso de AD, lo que en efecto ocurre cuando quien expresa una opinión vinculada al viejo partido está de “buenas” con el editor.
En este caso se trata del abogado Henry Ramos Allup, Diputado al Parlamento Latinoamericano, quien inveteradamente ocupa la Secretaría General, mi viejo amigo, quien ha dado una prueba sorprendente de versatilidad, después de los sesenta le perdió el miedo a los aviones ( Romulo Betancourt no se lo perdió nunca)  y además descubrió que le gustaba e interesaba la política internacional. Volteretas que me preocupan, no sea que yo que le llevo escasos 7 meses de edad, vaya a descubrirme aficionado a los deportes o las artes marciales ¡ Dios me libre ¡
El egregio tribuno –no he leído en su fuente las declaraciones o el artículo de Henry- señala que Ramos califica al  PRI como partido socialdemócrata, a mi juicio no lo es, esa gran organización, extraordinaria maquinaria política, es ideológicamente, a mi juicio invertebrada. Traté a figuras tan diversas como Don Emilio Portes Gil, Adolfo López Mateos, Luis Echeverria Alvarez y José López Portillo y nada tenían en común, estos 4 expresidentes. No conocí a Miguel Alemán, en mis tiempos mexicanos, presidente vitalicio del Instituto Nacional de Turismo, usualmente recordado por su abultado balance personal y el número de sus viviendas palaciegas, no es ocioso apuntar que a él se debió el despegue y el desarrollo del México moderno, en efecto el criticado presidente impulsó una reforma tributaria, recordada por el apellido –un tanto pornográfico- de su Secretario de Hacienda: elo Licenciado Beteta. Los recursos del Estado aumentaron abrumadoramente y ello se tradujo en grandes obras públicas: ferrocarriles, carreteras, escuelas, etc, etc. La monumental obra de desarrollo del Licenciado Alemán se ve olvidada y opacada por su alegada pasión numismática. *
 Con Luis Echeverria tuve contacto siendo Secretario de Gobernación y con López Portillo de Hacienda. Tuve el honor de almorzar, junto al compañero Luis Aquiles Moreno, con Luis Echeverria, ya expresi dente en su casa de ciudad de México y recibí en Roma a López Mateosquien visitó y habló largamente con Rómulo Betancourt. El termino “socialismo” es un arcano filosófico, sirve para todo y evidentemente, como consecuencia forzada, no sirve para nada.
Por ello Rómulo nunca estuvo de acuerdo en la afiliación de AD a la Internacional Socialista, decía que el tiempo que se perdía explicando a “cual” socialismo adhería uno, así como a cuales rechazaba, sería más útil emplearlo en hacer cosas por el pueblo. Accedió finalmente y hasta presidió reuniones internacionales de la IS, por complacer a Gonzalo Barrios y a Carlos Andrés Pérez. Lo gracioso de todo ello es que Betancourt en Venezuela y Haya de la Torre en Perú, fueron los creadores de la social-democracia real, décadas antes de que los empastichados partidos socialistas europeos y algunos suramericanos se deslastraran de marxismo y dogmas “obsoletos”.
La II Internacional Socialista, revivida por Willy Brand, Olof Palme y algunos otros ilustres líderes del socialismo europeo y que tuvo el honor de tener en sus filas a Bruno Kreysky, Felipe Gónzalez, Francois Mitterrand, Shimon Peres y otros próceres, revivida como Internacional Socialista, ya –hoy en dia- no califica a nadie y tristemente podría estar en vías de descalificar. Espero que no lleguemos a eso.
La propia AD tiene su cuota de culpa en esa decadencia, cuando CAP, atendiendo una solicitud de los Sandinistas, que venían de hacer elecciones y entregar el poder a Violeta Chamorro, no le quedó más remedio que llevarlos de la mano a la IS. Fueron, junto al PSOE del incalificable Rodríguez Zapatero, alias “Bamby”, los mejores aliados de Chávez en sus frustrados intentos por incorporar el MBR a la Internacional. Me tocó dirigir, personalmente, la lucha por impedirlo y hago propicia la oportunidad para expresar mi eterna gratitud al compañero Shimon Peres –actual Presidente de Israel- , a Felipe González, Luis Yáñez-Barnuevo García, Alfonso Guerra, Guillermo Galeote y Elena Flores, entre otros muchos compañeros de la gente seria del PSOE, por su apoyo en esas –para ellos- muy difíciles circunstancias. Afortunadamente los peronistas no son miembros, ni el PT de Lula, si lo son los socialistas chilenos, dignos del Premio Nobel de inconsecuencia política, no solo se cansaron de halagar y adular a Chávez, sino que no fueron en sus gobiernos capaces de ofrecer u otorgar un solo asilo, en ese querido país, a los opositores venezolanos, adecos o no, a diferencia de los integrantes del Partido Radical Social-Demócrata y del propio PPD de Ricardo Lagos. Conservo, para la historia, un edulcorado diploma de “gratitud” en metal, del PSCh a Acción Democrática por su generosísimo apoyo durante la dictadura de Pinochet. Así se escribe la historia…

*En oportunidad menos “seria” podría relatarles alguna anécdota del general Beteta, hermano del ministro, quien había sido Director o Presidente del Instituto de Ferrocarriles.

7 de mayo de 2012

La tragedia del sombrero


La tragedia del sombrero.

En justicia este comentario debería haberse titulado “La tragedia de la cabeza humana con motivo del sombrero” pero no creo que semejante enunciado hubiese entusiasmado a nadie. La tragedia, en dos platos, consiste en que el sombrero pasó de moda, hasta para las damas –desgraciadamente en ese caso- entonces hay que encontrarle otro uso a la cabeza, preferiblemente pensar…

Contemplando el panorama de esta Venezuela del siglo XXI, es fácil llegar a creer en su desuso general, ha caído en disuetudo, diría un colega maracucho amigo mío. Y conste,  sin hacerle el juego al “debate” edulcorado del gobierno y las oposiciones, que semejante holganza del cerebro no es exclusivo de los chavistas, no, muy por el contrario casi llego a creer que es peor entre los denodados opositores, quizá, porque  a algunos que conocimos en mejores tiempos, llegamos a atribuirles dotes que por lo visto nunca poseyeron o agotaron.

Sin entrar en el temas realmente trascendentes o al menos preocupantes, que estamos cansados de ventilar nacional e internacionalmente, me voy a referir a uno que es pedestre, por esencia, substancia, inconsistencia, propios e intrínsecos, de verdad verdad. Las virtudes y los pecados, por supuesto al cuadrado, del magistrado Aponte Aponte.

Resulta impresionante ver títulos  tan vacuos como “¿SABE USTED QUIEN ES ELADIO APONTE APONTE?” casi escucho una musiquita radial “de suspenso” que precedía, en mi casi remota infancia, a los capítulos de “Tamakun…el vengador errante”. Si ilustres bolsas, todos sabemos cuales credenciales se requieren, en este régimen, para llenar el prontuario que los cargos por él desempeñados exigen, ese no es el punto, lo que califica a un testigo es el conocimiento de los hechos sobre los cuales va a testificar, y aceptemos que por mucho que los respetemos y admiremos, ni Baltazar Porras, ni Luis Ugalde, ni Germán Carrera Damas o Blás Bruni Celli le dan por los pies a Aponte Aponte en esas materias, es mas son unos ignorantes a tambor batiente y banderas desplegadas.

Dejemos pues que el “Magistrado”, a imagen y semejanza del régimen al cual sirvió, declare sobre las materias de su indiscutible y respetabilísima experiencia (aún no me adapto –se me cayó la cédula- al termino “experticia” que me retrotrae a mis estudios de Derecho y me parece un anglicismo). Los términos como “traidor”, “desertor”, entregado al imperio y otras monsergas déjenselos al PSUV. La fiesta, letra y música es de ellos.
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26 de marzo de 2012

Venezuela: ¿Espejismo Electoral?


Publicado el 03-17-2012
Venezuela: ¿Espejismo Electoral?
Por Alfredo Coronil-Hartmann*

En todo el continente americano, y podríamos decir en el mundo, aparecen con frecuencia sorprendente trabajos periodísticos de análisis de la situación venezolana, de mayor o menor rigor y profundidad. Las razones de este interés generalizado, nada habitual sobre una nación iberoamericana, van desde la gravitación histórica y política del país en Latinoamérica, la decisiva condición de productor de petróleo, pero por sobre todo la impresionante capacidad de irritación, verdaderamente universal, del comandante-presidente Hugo Chávez y la aparente posibilidad de su pronta salida del poder, por razones de muerte o de derrota electoral.

Esta última posibilidad se ve potenciada, para observadores pacíficos, democráticos y algo ingenuos, por el resultado sorprendente de unas recientes elecciones primarias de la Mesa de la Unidad Democrática, en la cual participamos un 17% del padrón electoral (más de tres millones de votantes), lo que constituyó según los entendidos un récord mundial (la mayor votación en una elección de similar perfil, conocida hasta ahora había tenido lugar en Portugal, y representó el 8% de los votantes). Todo suena muy obvio y promisor; sin embargo no es tan sencillo como muchos pretenden, desgraciadamente.

No me gusta el papel de “aguafiestas” pero la política se convierte en materia inasible cuando sucumbimos a nuestros buenos deseos, valores democráticos y civilizado pacifismo, frente a un régimen que representa y practica todo lo contrario, frente a un régimen delictivo, reacio a toda normativa jurídica civilizada, que exalta lo más primitivo y negativo de la condición humana, indiferente a las criminales consecuencias de una política de Estado, basada en la destrucción de las instituciones y en el odio como valor supremo. 

Chávez ganó en buena ley, de forma indubitable, las elecciones presidenciales de diciembre de 1998; a partir de entonces, la maquinaria del poder ha estado dedicada a la destrucción sistemática de todas las instituciones, Poder Judicial, Poder Legislativo, poderes regionales descentralizados, municipales y con particular empeño, el supuestamente ascendido “Poder Electoral”, convertido teóricamente en poder del Estado, pero que en la práctica se reduce a ser una oficina presidencial del fraude electoral continuado y nunca detenido del régimen. 

En pocas palabras, en Venezuela no hay “estado de Derecho” ni en consecuencia seguridad jurídica de ninguna clase, mucho menos garantías para un proceso electoral transparente y confiable. En ese entorno, es incomprensible el empeño suicida en no alertar a la población, en dejarla ignorante y pretender que se convierta en cordero propicio al sacrificio. El argumento, único y al parecer incontrovertible, es que decir la verdad, pedirle al ciudadano que aterrice y asuma su responsabilidad frente a sí mismo, a su país, familia e historia, es desincentivarlo a votar, favorecer la abstención.

Tal posición revela que carecemos de un liderazgo democrático responsable y serio, dispuesto a defender con coraje los valores de la libertad y de la representatividad, frente a un estado -con obligatoria minúscula- felón y desnaturalizado, que se apoya en la siembra del miedo, de la división social, del apoyo de unas Fuerzas Armadas supuestamente chavistas, casadas con el “proceso”, es decir con el ungido que nos gobierna desde La Habana y en la constante mención de un supuesto arraigo popular que hace tiempo dejó de existir. De hecho, las manifestaciones, marchas, apariciones del pueblo rojo, rojito hay que medirlas por el número de buses que movilizan desde todo el país, pagándoles y obligando a los empleados públicos a concurrir. Podemos decir, sin exagerar, que son concentraciones portátiles, dirían los franceses “pret a porter”.

Eso que se llama el pueblo llano, el proletariado, la gente sencilla tiene, por un atavismo más que explicable, tendencia a la suspicacia, a la desconfianza. Mientras más se les haya engañado, más reacios son a sucumbir a los cantos de sirena; esas clases denominadas D y E sufren en carne propia las desandanzas y las locuras del gobierno, y ningún gobierno en la Historia de Venezuela ha engañado más que el de Chávez. Cualquier observador, medianamente entrenado, puede sentir y medir el rechazo que se ha generalizado, ni el G2 cubano, ni la exhibición feérica de un armamento sofisticadísimo y proporcionalmente costoso, ni las amenazas del mini-Júpiter de utilería, impedirán que los venezolanos voten o “boten” a patadas al déspota. Los dirigentes, o los que pretenden serlo, deben asumir su responsabilidad, y propiciar y encauzar la marea popular. Es la hora de la verdad.

Se requiere un proceso de transición que desmonte el aparato autoritario del régimen y cree las condiciones reales de un retorno a la institucionalidad, no a la que existía hasta 1998 -infinitamente mejor que esta-, sino a un esquema estatal que propicie un crecimiento económico con profunda justicia social; más que distribuir mejor la riqueza hay que crearla, Venezuela tiene con qué hacerlo, pero el trecho por recorrer es largo. Cuando llegó Chávez al poder, importábamos el 30% de los alimentos que consumíamos (cifra a mi juicio escandalosa); hoy, gracias a la “revolución bonita”, importamos el 70%, es decir, somos uno de los países más dependientes del mundo. Sin una transición real y realista no habrá bases para un sistema plural, democrático, inclusivo que es lo que necesitamos. Glosando a Luigi Pirandelo, la nueva Venezuela es una obra en busca de autor.

Caracas 14 de marzo de 2012.

*Abogado y politólogo, catedrático universitario, exparlamentario, escritor.

18 de marzo de 2012

VENEZUELA: ¿ESPEJISMO ELECTORAL?

ARTICULO DE ALFREDO CORONIL HARTMANN , en el Diario de las Américas, el 18 de marzo del 2012.
Link: www.diariolasamericas.com/noticias/137205/46/venezuelaespejismoelectoral